Continuamos con la vida del pacifista de origen alemán, ingeniero y diplomático Otto Engelhardt, que vivió en nuestro pueblo, en la finca Villa Chaboya, entre los años 1913 y 1936, hasta que fue detenido y ejecutado en Sevilla. Estos artículos los escribió desde San Juan de Aznalfarache, como es el caso: “Guerra a la guerra”, publicado el 19 de enero de 1929 en el tabloide “El Liberal” (edición sevillana):
En una obra conocida se encuentran
publicadas las opiniones de muchos prohombres de distintas naciones sobre la
guerra; entre ellos, también un número no pequeño de generales, técnicos de la
guerra, que la han conocido muy de cerca durante varios años. En las líneas
siguientes, quedan estampadas las palabras de tres hombres, de cada uno de los
tres países, que estuvieron principalmente interesados en la Gran Guerra (I
Guerra Mundial): uno de los tres es siempre un escritor; los otros dos,
generales.
FRANCIA.
-“Si queremos ser la primera nación del
mundo, que lo seamos por la razón, por la sabiduría, por comprender
inteligentemente lo que es bueno y accesible, por el alto concepto de la
humanidad existente. Seamos, según las bellas palabras del gran alemán Goethe:
buenos europeos” (Anatole France).
-“La guerra ya no puede ser hoy día un
asunto rentable. La guerra aumenta la desmoralización; ella favorece la
reacción. Hoy, la victoria es el resultado de una superioridad en las fuerzas
mecánicas, de manera que la guerra no es solamente desastrosa, bárbara e
inhumana, sino que es también un medio estúpido para ventilar las diferencias
que pueden surgir entre los pueblos. Este medio equivocado debe sustituirse por
otro medio razonable y eficaz, y este medio es el recurso a la sentencia de una
Sociedad de todas las naciones” (General Percín).
-“Los que, francamente, desean la paz,
porque viven en el convencimiento de que el desarme material no puede existir
sin el desarme moral, y viceversa, rechazan todo lo que impide el último:
amenazas, artimañas, ostentación de la fuerza… Pero el desarme moral no vendrá
espontáneamente; para facilitarlo, los pueblos deben verse, hablarse, oírse y
ellos deben apretarse las manos sobre las fronteras” (General Verraux).
INGLATERRA.
-“Una obra enorme pesa sobre los
profesores y escritores, los padres y hombres públicos, sobre todos los que
enseñan el camino a la opinión pública, la forman y la dirigen: la obra de
despertar en los corazones un espíritu nuevo y sugerir un pensar nuevo, el
espíritu de una asociación común de todos los seres, el pensar en un mundo
librado del azote de la guerra y libre de las luchas entre los pueblos” (H. G.
Wells).
-“Ni la guerra, ni su dirección o sus
métodos pueden tener gloria. Sabemos ahora que la guerra no termina la guerra;
que esta no es un medio para solucionar las cuestiones internacionales y que no
puede dar la paz al mundo sufrido. El recorrer esto es el despertar cruel del
mundo. Es el deber imprescindible de todo ser, sea legislador o educador,
cooperar para que nuestros gobiernos hagan una política que aminore el peligro
de complicaciones internacionales y las desvíe finalmente” (General Sir Arthur
Currie).
-“Hemos honrado a los muertos, pero los
honramos mejor todavía si terminamos la obra empezada y no acabada por ellos,
que es: procurar que en el mundo nunca valga más la fuerza que el derecho”
(General Sir Frederick Maurice).
ALEMANIA.
-“El pacifismo religioso lucha contra la
guerra, porque la conceptúa inmoral; el pacifismo político lo hace porque hoy
la guerra es, para todos, económicamente desastrosa. El pacifismo religioso ve,
en la guerra, un crimen; el pacifismo político ve en ella una estupidez. El
pacifismo religioso quiere acabar con las guerras por medio de modificar la
mentalidad de los hombres; el pacifismo político quiere conseguirlo por medio
de variar las condiciones económicas del mundo. Las dos formas de pacifismo son
buenas y justas” (Conde Coudenhove-Kalergi).
-“El arte de sugestionar a los pueblos y
soldados, la convicción de que ellos están luchando por altos ideales morales
ha alcanzado la cúspide en la última guerra; es de esperar que el sentido
crítico de los hombres acabará pronto y definitivamente con estos métodos. Si
se iniciase el desarme general, entonces sería esto una señal de la vuelta de
la Humanidad al sentido común” (General conde Dr. von Schvenrich).
-“Con la conciencia mundial de la
necesidad de asociación, está progresando la concepción de las masas de que la
guerra ha perdido, hoy en día, completamente su carácter, antiguamente
caballeroso, bajo el régimen de la técnica y de los gases venenosos, y que una
guerra futura, con bombas de incendio y de gases venenosos, tiradas desde
aviones y con cañones de largo alcance, convertiría a Europa en un campo desolado
en ruinas. ‘¡Nunca más guerras!’ es el lema que la juventud ha escrito en su
bandera, con la fe en la verdad eterna y con el amor al prójimo” (General
Berthold von Deimling).
Al público español se le ha refrescado
hace poco la memoria sobre la Gran Guerra, por la publicación recordatoria del
que fue príncipe heredero alemán sobre el sitio de Verdún.
La crítica de estas narraciones va en
estas líneas: “Qué horror cómo fueron sacrificados, con sangre fría, a
millares, tantos padres de familia disfrazados de soldados”.
El público culto y pacifista de corazón en
España, que es, gracias a Dios, numeroso (como el mundo ha visto palpablemente,
por la neutralidad observada durante la Gran Guerra), le agradecerá en el alma
aquella publicación del príncipe heredero, por ser esta la propaganda más
eficaz contra la guerra.
Allí, en Verdún, cementerio gigantesco de
mil millares de bravos hijos de Francia y Alemania, el ex príncipe heredero
empezó a excavar la tumba moral, para él mismo y para su padre. Él dice, revolcando
todos estos recuerdos sangrientos, que él los había escrito para la gloria de
los valientes soldados alemanes. Pero ellos no necesitan la glorificación por
el ex príncipe heredero y los demás directores militares, que pocas veces han
estado a la altura de sus soldados, llamados tan cariñosamente “material” por
el generalísimo Ludendorff. Estos soldados valientes se han levantado ellos
mismos un monumento duradero, que es, a la vez, protesta contra el matonismo
organizado por el espíritu antiguo.
Una Alemania nueva surge de los tristes
escombros que habían dejado como herencia la Casa de Hohenzollern, condes de
Suabia, dinastía imperial alemana entre 1871 y 1918.
¡Gloria a esta patria alemana nueva, la patria de Kant y Goethe!
Otto Engelhardt, ex cónsul alemán.

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