La hacienda o huerta Las Playas de San Juan de Aznalfarache siglo XIX

Matorral del terreno que fue parte de la hacienda Las Playas, con las palmeras del camino de entrada a Valparaíso al fondo, en el año 2000.

¿Dónde se encontraba la hacienda o huerta Las Playas en San Juan de Aznalfarache?

La hacienda o huerta Las Playas estuvo situada al sur del término municipal de San Juan de Aznalfarache, entre la hacienda Valparaíso (límite con Gelves), la margen derecha del río Guadalquivir (al este), los cerros del Aljarafe (al oeste) y los terrenos que ocupó Minas de Cala (al norte). Desde hace siglos, se encontraría dividida por el camino de comunicación entre San Juan de Alfarache (Aznalfarache, oficialmente, desde 1890) y la localidad de Gelves, que luego fue carretera y autovía hasta Coria del Río desde 1982.

Mapa cartográfico de 1880, que sitúa la hacienda Las Playas entre el casco urbano de San Juan de Aznalfarache, los cerros, el río Guadalquivir y la finca de Valparaíso.

A principios del siglo XX, todos los terrenos que correspondían a la hacienda Las Playas, los compraría Amadeo Cros para hacer su fábrica de abonos químicos, aunque sólo construiría sus edificaciones en la parte del terreno más cercano al río.

A continuación, exponemos lo que nos consta sobre este terreno de San Juan de Aznalfarache:

¿Cuál fue el posible origen del nombre de esta parcela de terreno?

En 1706 consta la noticia de un grupo del hospicio sevillano de la Compañía de Jesús que está pasando las vacaciones en San Juan de Alfarache (aunque no se indique el nombre del lugar concreto, hay una gran relación histórica entre la finca Valparaíso y los jesuitas). Y les sucedió una gran tragedia, pues un filósofo de su misión de Filipinas, el padre Egidio, fue a refrescarse con el grupo al río, se apartó de los demás y se ahogó, sin que diera tiempo a rescatarle. Este episodio parece indicar que ya en el siglo XVIII, la zona cercana al término municipal de Gelves, sería una zona para el baño y de ahí podría venir el nombre de Las Playas. Los muelles para el atraque de los barcos, estarían en la zona urbana de San Juan de Alfarache y esta sería una zona tranquila para hacerlo.

El siglo XIX…

La gran fábrica de perfumes, para la creación de esencias aromáticas, aguas de colonia y jabones, ocupaba una gran parte del territorio del municipio de San Juan de Alfarache, en sus zonas ribereñas, incluidas las parcelas del Haza del Diablo (cercana a la linde con Tomares), y Las Playas, a lo largo del tramo Las Pitas del río Guadalquivir, a su paso por el término de nuestra localidad.

Según escribió Daniel Pineda Novo, cuando todavía estaba funcionando esta fábrica de perfumes, en 1860, ya eran famosas las tierras llamadas Las Playas, en el término municipal de San Juan, con plantaciones de hortalizas y frutales (principalmente, mandarinas, como podremos comprobar pronto), con pozo, noria y cuarto del hortelano, con la cercanía del Guadalquivir, que las fertilizaba. Aquí se formaría un núcleo reducido de población, dependiente de la villa sanjuanera que, a su vez, aún dependía administrativamente del Ayuntamiento de Tomares.

Pero la fábrica de perfumes sólo existió entre 1840 y 1869, ya que fue desmantelada por la compra de los hermanos de Luca de Tena, que así eliminaban competencia para su industria instalada en Torreblanca (Sevilla). Pensamos que sería en ese año de la desaparición de esta fábrica en San Juan de Aznalfarache, o poco después, cuando el empresario Manuel Lacambra compró la hacienda o huerta de Las Playas para comerciar la producción de los naranjos que allí se hallaban.

Anuncio de 1881.

Anuncio de 1883.

Desde 1852 nos consta la importancia del apellido Lacambra, vinculado a Sevilla, con una empresa de carruajes con destino a Córdoba, llamada La Cordobesa, además de la posesión de la Fonda de Europa en la calle de las Sierpes, en la capital hispalense y otra edificación, bajo posesión de este linaje en la Calle del Conde de Barajas, en la misma urbe. Formó parte del Ayuntamiento de la Capital y, como sabemos por los anuncios, él mismo o su hijo, con su mismo nombre, fue el poseedor de la Huerta Las Playas.

Una noticia de febrero del año 1878, con el listado de regalos enviados a S. M. la Reina, María de las Mercedes de Orleans y Borbón indica expresamente que don Manuel Lacambra, horticultor y dueño de la célebre huerta de Las Playas, en el término de San Juan de Aznalfarache, provincia de Sevilla, envió un millar de naranjas mandarinas, envueltas en seda, con etiquetas litografiadas, para el enlace con Alfonso XII. Además, el mismo Manuel Lacambra, contaba con el servicio de carruajes que habrían podido servir para el desplazamiento de estas frutas a la capital. Como dato anecdótico, la Reina falleció en este mismo año.

En el plano de 1880 se aprecia un símbolo que trataría de identificar una edificación en parte cercana al río, probablemente, el cuarto para el hortelano que ya se indicó anteriormente. Además, habría una noria, que estaría en la orilla y un pozo que, pensamos, se hallaría más hacia la zona cercana a los cerros del Aljarafe.

El siglo XX...

Plano de 1902, con el cauce Las Pitas y la huerta Las Playas.

En este plano queda claro ese paralelismo entre el cauce Las Pitas del río Guadalquivir y la finca ribereña de Las Playas. Se vuelve a indicar la presencia de una edificación entre el camino a Gelves y la orilla del río.

Plano de 1904.

En este plano hay una gran variación presente pues se indica que estas tierras ribereñas Las Playas pertenecen a D. Manuel Héctor y Abreu, quien fuese alcalde de Sevilla, senador del Reino y presidente del Ateneo hispalense.

Plano de 1905, que incluye la denominación Las Playas.

Los años 1908-1909 representan el fin de la huerta de las Playas, como finca exclusivamente agrícola y de su producción y comercialización de naranjas mandarinas, pues el empresario barcelonés Amadeo Cros Nubiola, la habría comprado a su anterior propietario, que según los datos anteriores sería Manuel Héctor, construyendo una gran fábrica para abonos químicos y fertilizantes.

Delimitación de las dos partes de lo que fue la hacienda Las Playas, a uno y a otro lado de la carretera de Gelves, en esta vista aérea, que fue realizada alrededor del año 1924.

La industria ocupó la parte entre la carretera a Coria del Río y el Guadalquivir, mientras que la zona de la finca más cercana a los cerros aljarafeños tuvo huertas para los trabajadores de Cros, el campo de fútbol de la Asociación Deportiva Cros (que después sería el actual campo de fútbol del Centro Municipal de Deportes San Juan y Polideportivo Primero de Mayo), una plaza de toros portátil y una fábrica de ladrillos.

Hay documentación posterior, sobre el abastecimiento de aguas a nuestro municipio, que incluye, como terrenos de Las Playas, a la arrocería Herba y los de Minas de Cala, pero es algo que, hasta ahora no hemos visto en los mapas (quizá lo podría aclarar, si los hubiese, realizados a mediados del siglo XIX o antes).

Mapa del año 1984, que aún indicaba la denominación Las Playas, diferenciándola entre la parte de la fábrica y la de la hacienda, aunque ambas eran la misma única propiedad.

El siglo XXI...

En el año 2026, los terrenos de la hacienda o huerta Las Playas se corresponden con el parque comercial Alavera y el antiguo vivero de empresas (construidos en los terrenos que ocupó la fábrica de Cros), y la barriada Valdomina, excepto lo edificado ante la finca Valparaíso, que serían terrenos de esta misma hacienda hasta finales del siglo XX.

Enlaces relacionados en este blog:

Sobre la fábrica de perfumes…

https://historiadesanjuandeaznalfarache.blogspot.com/2024/09/la-fabrica-de-perfumes-de-san-juan-de.html

Sobre el tramo Las Pitas del río Guadalquivir…

https://historiadesanjuandeaznalfarache.blogspot.com/2026/03/tramo-las-pistas-del-rio-guadalquivir.html

Bibliografía:

-BARRERA LÓPEZ, J. (2012): “La familia Mensaque y la cerámica de Triana”. Sevilla.

-CALVO, T. (2023): “Peregrinaciones y viajes de un soldado, después jesuita”. Madrid, Casa de Velázquez.

-GÓMEZ ZARZUELA, V. (1909): “Guía oficial de Sevilla y su provincia”. Sevilla, imprenta y encuadernación de Enrique Bergali.

-MADOZ, P. (1849): “Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de España y sus posesiones de ultramar” (tomo XIV) Madrid, Imprenta de Pascual Madoz.

-PINEDA NOVO, D. (1980): “Historia de San Juan de Aznalfarache”. Sevilla, Ayuntamiento de San Juan de Aznalfarache.

-RUIZ PALACIOS, A. (2014, 2ª edic.): “Cuando sopla el viento. Tradiciones, cuentos y leyendas del siglo XX, en San Juan de Aznalfarache”.

Hemeroteca (incluye referencias al apellido Lacambra en Sevilla):

-“Anuario de Comercio, Industria, Magistratura y Administración”. 1881. Madrid.

-“El Constitucional, diario liberal de Alicante”. Sábado, 4 de mayo de 1878. Alicante.

-“Correo Sevillano”. Agosto de 1852. Sevilla.

-“La Correspondencia de España, diario universal de noticias”. Viernes, 1 de febrero de 1878. Madrid.

-“Diario de Avisos. Periódico de intereses materiales, literatura, ciencias y artes”. Agosto de 1852. Sevilla.

-“Diario de Córdoba, de comercio, industria, administración, noticias y avisos”. 1865, 1866, 1867, 1868, 1869. Córdoba.

-“Diario de Sevilla, de comercio, artes y literatura”. Agosto de 1852. Sevilla.

Otras fuentes:

-Plano de Sevilla y alrededores, 1880.

-Plano del fondeadero y de los terrenos inmediatos de la ría. 1902. Sevilla, Junta de Obras de la Ría del Guadalquivir y Puerto de Sevilla.

-Plano de los terrenos propiedad del Ministerio de Obras Públicas, representado por la Junta de Obras de la Ría del Guadalquivir y Puerto de Sevilla, situados en el término de San Juan de Aznalfarache, en la margen derecha del Guadalquivir. 1904. Sevilla.

-Ficha catalográfica del término municipal de San Juan de Aznalfarache. 1905. 

El importante periodista Julio Nombela visitó San Juan de Aznalfarache 1854

Dibujos de Huertas, para "La Ilustración Ibérica" (finales del siglo XIX), mostrando este modo de viajar hacia nuestra localidad, que más de un pequeño muelle, atracadero o amarradero, aparte del que servía a la fábrica de loza, debió tener el término de San Juan de Aznalfarache, sobre el río Guadalquivir, para todas las visitas que recibía, como la que narramos a continuación.

El periodista y novelista Julio Nombela (Madrid, 1-XI-1836 – 6-III-1919), vivió unos años en Morón de la Frontera y tuvo amistad con el gran poeta hispalense Gustavo Adolfo Bécquer. En la capital, fue fundador y dueño de una veintena de semanarios y diarios, además de colaborador en muchos otros.

En su obra más destacada y representativa, sus memorias personales tituladas “Impresiones y recuerdos”, concretamente al final del libro II del tomo I, en el año 1854, narra con las siguientes palabras, su visita a San Juan de Aznalfarache, desde Sevilla, con unos amigos:

Mi buen amigo Serafín Morusi, de cuyo sensible y generoso corazón he conservado siempre un dulce recuerdo, quiso obsequiarme antes de mi partida con un paseo por el Guadalquivir hasta San Juan de Aznalfarache. Fue aquel agasajo una sorpresa agradabilísima, que dejó en mi alma una emoción que siempre evoca mi memoria con el mayor gusto.

[…]

Cuidó Morusi de que no faltase a bordo una guitarra y, cuando en pleno río, entre las filas de árboles que ornaban sus orillas, bajo un cielo sereno, iluminado por la luna, cuyos tibios rayos esmaltaban la espuma que formaban los remos al batir el agua, bogábamos con rumbo al pintoresco pueblecillo, término de la primera parte de la excursión, rogamos a Dolores Valdivia que cantase algunas de aquellas canciones andaluzas que tan bien interpretaba. La esbelta y agraciada joven accedió a nuestro ruego, y al oír aquellas melodías tan sentidas, acompañadas por el ritmo de los remos, bajo aquel cielo y entre aquellos árboles, me parecía que soñaba.

En San Juan de Aznalfarache desembarcamos, se tomó su refrigerio preparado por nuestro obsequioso anfitrión y, al regresar, ya cerca de las doce de la noche, conseguimos que Teresa cantase una canción, letra de Bécquer, con música de un modesto maestro compositor, que era a la vez maestro de baile, cuyo nombre siento no recordar, porque adoraba a Gustavo… 

Fuentes:

-NOMBELA y TABARES, J. (1909): “Impresiones y recuerdos de Julio Nombela” (tomo I, libro II, de 1850 a 1854). Madrid, La Última Moda.

-cancionypoema.blogspot.com/2013/02/becquer-y-el-flamenco.html

-historia-hispanica.rah.es/biografias/32638-julio-nombela-y-tabares

Siete ahogados en el Guadalquivir junto a San Juan de Aznalfarache 1902

Al igual que La Cartuja de Sevilla, la fábrica de loza de San Juan de Aznalfarache, estaba muy cercana al río, con su muelle fluvial y todo.

Ahogados en el río.

Siete jóvenes, operarios de La Cartuja, que salieron a dar un paseo por el Guadalquivir, han perecido ahogados en el término de San Juan de Aznalfarache, por haberse hundido la lancha en la que iban.

Hemeroteca:

“La Correspondencia de España, diario político independiente y de noticias”. Jueves, 26 de junio de 1902. Madrid.

Cuerpo hallado en el río Guadalquivir, cerca de San Juan de Aznalfarache, agosto de 1901

Cuerpo hallado en el Guadalquivir.

Próximo a San Juan de Aznalfarache, apareció flotando sobre las aguas del Guadalquivir, el cadáver del vecino de Sevilla: José Prieto Cuevas.

De las averiguaciones practicadas, resulta que José Prieto se suicidó por no poder sufrir la desgracia de su hija, que ha sido abandonada por su marido, el cual hace vida marital con la hermana de aquella.

Hemeroteca:

“Diario del Comercio, órgano del Partido Liberal Dinástico”. Viernes, 9 de agosto de 1901. Tarragona.

Desgraciado accidente de una anciana en San Juan de Aznalfarache, diciembre de 1900

El antiguo portón en la calle Real.

Desgraciado accidente de una anciana.

Anoche (8 de diciembre), a las ocho y media, ingresó en la casa de socorro de la calle Pureza (Triana, Sevilla), una pobre anciana que, desde San Juan de Aznalfarache, fue conducida en un break (carruaje de cuatro ruedas tipo ómnibus que tiene asiento delantero para dos plazas y dos asientos laterales posteriores para cuatro plazas por lo menos y con bolada sobre cuatro ruedas, puerta trasera y estribo para dos asientos posteriores).

Reconocida por el profesor de guardia, señor Astolfi, resultó que la anciana se había fracturado el tercio inferior de la pierna derecha.

Según ha manifestado un hermano de la lesionada, esta salió anoche de su casa, en la calle Real, y cuando ya había andado un trozo de la misma, se resbaló, cayendo en una de las gavias (zanja para el desagüe), existentes en aquella vía.

Llámase la anciana Rocío Ramos Álvarez y tiene 86 años. Después de practicada la cura, regresó en el coche al pueblo de su procedencia.

Hemeroteca:

“El Noticiero Sevillano, diario independiente de noticias, avisos y anuncios”. Domingo, 9 de diciembre de 1900. Sevilla.

Herido en riña en San Juan de Aznalfarache, noviembre de 1900

La muralla y el río, en el año 1914.

Herido en riña.

En la casa de socorro de Triana, ingresó Antonio Montesino para ser auxiliado de una herida en el lado izquierdo de la cara, que en la inmediata villa de San Juan de Aznalfarache se la causó un individuo para él desconocido.

Hemeroteca:

“El Noticiero Sevillano, diario independiente de noticias, avisos y anuncios”. Domingo, 18 de noviembre de 1900. Sevilla.

Otto Engelhardt y la historia del zepelín desde San Juan de Aznalfarache 1928 y 1929

Recreación de D. Antonio Tirado para "la Memoria de San Juan". La imagen del cerro puede ser de inicios del siglo XX

Publicado en el diario “El Liberal”, el viernes 26 de abril de 1929:

El vuelo del “Zeppelin”.

Lo primero que ha visto el zeppelín en Sevilla ha sido la bandera alemana, que puso nuestro amigo, el ex cónsul don Otto Engelhardt, unida con la bandera española, sobre el techo de su casa en San Juan de Aznalfarache.

En previsión de la visita del zeppelín a Sevilla, ondeaba ya la bandera desde el martes en este lugar.

Qué sorpresa más sentida habrá sido para las gentes del zeppelín quedar saludadas en la entrada de Sevilla por la bandera de su país negro-rojo-oro.

El zeppelín voló precisamente, en su rumbo a Sevilla, sobre la casa de don Otto.

Y continuando con la vida del pacifista de origen alemán, ingeniero y diplomático Otto Engelhardt, que vivió en nuestro pueblo, en la finca Villa Chaboya, entre los años 1913 y 1936, hasta que fue detenido y ejecutado en Sevilla y, en relación con el hecho anterior, compartimos completo su artículo denominado “Suerte de inventores”, con la historia de los dirigibles, publicado en dos días, el 4 y el 9 de noviembre de 1928, en el tabloide “El Liberal” (edición sevillana):

En estos días, ha vuelto a la memoria del mundo la figura de un hombre, el conde Zeppelin (o Zepelín), cuyo recuerdo merece el respeto de todos, porque él no fue solamente un gran inventor, sino un hombre de energías extraordinarias, cuya vida es un alto ejemplo de una lucha titánica contra las contrariedades, las que él pudo vencer con el sacro convencimiento de que estaba luchando por una cosa nueva y grande.

Todos los grandes inventores han tenido siempre sus antecesores en las ideas y, poco a poco, se han desarrollado, por el trabajo intelectual de varios, las construcciones mecánicas y los procedimientos químicos que hubieron de imprimir una aceleración al progreso de la humanidad. De la máquina de fuego, imperfecta, del siglo XVII, de Newcomen, James Watt desarrolló la máquina de vapor que influyó tanto en el desarrollo del siglo XVIII.

El conde Zeppelin ha tenido un digno predecesor en el hebreo húngaro David Schwarz. Este fue comerciante en maderas. Muchas veces, tuvo que pasar semanas enteras en la soledad de un bosque, en una choza. Allí se ocupaba por el estudio de la aviación, naciente entonces, al principio de los años del siglo pasado (siglo XIX). Él ideaba construcciones de aeronaves con esqueleto firme. Como inventor de talento predilecto, él había previsto que sólo una aeronave con esqueleto firme ofrecía condiciones de seguridad para viajes largos. Como material para este esqueleto, le parecía como único empleable el aluminio; para conocer bien esta materia, tan nueva entonces, entró de obrero en una fábrica de aluminio. Después, él ofreció sus ideas al Gobierno austríaco. Este dictaminó muy favorablemente sobre ellas, pero por razones económicas, no quiso ocuparse en la construcción de aeronaves.

El Embajador ruso en Viena, que se había enterado de los proyectos de David Schwarz, procuró que se le llamara a la corte de Rusia. Aquí montó el inventor su aeronave y empezó con gran éxito las pruebas. Dos veces había ya subido la nave con él, cumpliendo todas las condiciones del contrato, cuando Schwarz se enteró de que estaba acusado de espionaje militar y que su arresto estaba ya dictado. Como hebreo, no podía esperar consideración alguna del “papaíto zar” y de sus alguaciles, y antes de efectuar la prevista tercera y definitiva prueba, él destrozó con sus propias manos la obra de ellas y huyó de noche de aquel paraíso.

Schwarz encontró después, en Berlín, buena acogida por parte del Departamento de Aviación Militar, el cual hizo un informe brillante su proyecto. Ahora, pudo montar otra aeronave; en el campo de Tempelhof debía tener lugar la primera ascensión, en presencia del káiser. Pero a última hora, se fue este a encontrarse con su querido hermano y compañero el zar; las pruebas quedaron aplazadas. En enero de 1897, Schwarz recibe en Viena el telegrama tan deseado por el cual todo estaba preparado para las pruebas.

Pero en el momento de emprender el viaje a Berlín, el corazón del inventor falla y aquella vida terminó sin haber encontrado la satisfacción merecida.

La viuda, Melania Schwarz, se ocupó de la iniciación de las pruebas, pero la pobre, sola, con tres pequeñitos, se encontró con un problema demasiado grande para una mujer. A los oficiales de la aviación se les había prohibido oficialmente intervenir en la ascensión. Por su desgracia, la señora encontró a un piloto que se ofreció a guiar la aeronave. El aparato ascendió bien, dio varias vueltas sobre el gran campo de Tempelhof y, súbitamente, vino abajo con precipitación. ¿Qué había ocurrido? Casi nada, la correa que movía las hélices se había deslizado de la polea del motor. El hombre perdió la cabeza, abrió las válvulas y el aparato descendió rápidamente. Se acabó el interés en el Berlín oficial por el problema de los dirigibles.

Pero entre los espectadores se encontraba el general conde de Zeppelin, quien también se había ocupado ya, desde hace algún tiempo, del problema de la aviación.

La señora Schwarz recibió una invitación a Stuttgart, residencia del general, donde se estipularon, entre este y la dama, contratos sobre el aprovechamiento de los inventos del difunto. Ahora empieza el calvario del segundo inventor.

Con una fe sin ejemplo en la importancia de los dirigibles para el porvenir, Zeppelin había aumentado y ampliado, con trabajo incesante, los inventos para su aeronave. Se encontró sólo con sus propias fuerzas; al principio, hasta las Sociedades le negaban ayuda moral y el padre de la patria le llamó loco. Zeppelin construyó naves comprometiendo toda su fortuna y aquellas naves tenían éxito, pero se presentaron también catástrofes, en las cuales sucumbieron, aunque sin víctimas de seres humanos, su obra y su fortuna, no su esperanza. ¡Qué cuadro! El anciano inventor, en un campo, delante de los restos triturados de su obra, devastada por los elementos, dando órdenes con una calma heroica, para recoger los escombros y oye una voz: “No desespere, señor general, detrás de usted está todo el pueblo alemán”.

Efectivamente, en pocas semanas, el pueblo, desde el trabajador hasta el ministro, habían reunido copiosos millones, que puso a disposición del conde de Zeppelin. Fue un gesto sin par de un patriotismo pacífico: todo el mundo quiso dar su óbolo para una obra de paz. Porque entonces nadie pensaba en el uso del dirigible en una guerra. Todo el mundo sabía, además, que el que se llamaba el “Supremo Señor de la Guerra” despreciaba los dirigibles.

Cuando el conde de Zeppelin ya había obtenido éxitos tan grandes y el mundo entero se fijaba en sus excelentes construcciones, empezó a brillar para él también el sol de la gracia del Supremo Señor de la Guerra, que se había dado cuenta de que estos artefactos también se podían utilizar para el conflicto. Dicen que los dirigibles no sirven en la guerra (¡mejor para ellos!). Algunos generales alemanes afirman en sus memorias de la guerra que lo dirigibles no habían servido en la Gran Guerra, porque el supremo mando no los empleó equitativamente y que se equivocó en esta como en otras cosas. Sin entrar en estas discusiones, basta con confirmar la seguridad de que el dirigible, para “objetivos pacíficos”, es un artefacto de importancia imponderable.

Aunque hayan salido algunas críticas sobre el último recorrido Friedrichshafen – Nueva York, no se debe olvidar lo que el dirigible ha realizado. Precisamente, en este último viaje, el dirigible quedó amenazado por una fuerte tempestad. Un vapor inglés, que se encontraba a la par, en los mismos parajes, sufrió daños importantes por ella y treinta personas resultaron lesionadas. El dirigible Conde Zeppelin pudo esquivar el centro de la tempestad y no ocurrió desgracia alguna en él, salvo algunos pasajeros que se marearon.

Los viajes más notables de dirigibles Zeppelin son los siguientes:

-El EZ-104 salió durante la guerra de Bulgaria, cruzó el Mediterráneo y voló, siguiendo la ruta del Nilo, hasta Chartum, donde, sin tomar tierra, volvió a su estación en Bulgaria, recorriendo un total de 6750 kilómetros, en 95 horas.

-El R-34 inglés, copiado del LZ-96, que cayó en manos de los franceses, se levantó el 2 de julio de 1919 en Edimburgo y alcanzó, dos días después, la costa de New Foundland, siguiendo este hasta Nueva York. El día 10 de julio comenzó el viaje de retorno, que duró 65 horas.

-Todo el mundo recuerda el brillante viaje del zeppelin, hoy americano, con el nombre Los Ángeles.

La herencia de las ideas del conde de Zeppelin está en las buenas manos de los señores que hoy construyen los dirigibles en Friedrichshafen, como quedó la herencia intelectual de David Schwarz en las manos fieles y hábiles del general. La viuda de Schwarz estaba entre los invitados a la fiesta de inauguración del dirigible Conde Zeppelin. En el arte de la ingeniería no puede haber pausas; siempre habrá progresos en la construcción de los dirigibles y en su eficacia.

Pronto podremos admirar con nuestros ojos esta obra del genio humano y, pensando en la fe, en los sacrificios y en las energías de sus creadores, hemos de exclamar: “¡Dios mío, qué grandes son los corazones de algunos de tus hijos!”.

Hemeroteca:

-“Diario de la Marina, diario independiente”. Jueves, 25 de abril de 1929. Madrid.

-“Ejército y Armada, órgano de opinión militar”. Jueves, 25 de abril de 1929. Madrid.

-“El Liberal”. Domingo, 4 de noviembre de 1928. Sevilla.

-“El Liberal”. Viernes, 9 de noviembre de 1928. Sevilla.

-“El Liberal”. Viernes, 26 de abril de 1929. Sevilla.

También en este blog, sobre el paso del zepelín por San Juan de Aznalfarache:

https://historiadesanjuandeaznalfarache.blogspot.com/2025/06/zepelin-junto-san-juan-de-aznalfarache.html 

La hacienda o huerta Las Playas de San Juan de Aznalfarache siglo XIX

Matorral del terreno que fue parte de la hacienda Las Playas, con las palmeras del camino de entrada a Valparaíso al fondo, en el año 2000. ...