La Parroquia de San Juan de Alfarache, matriz de las Parroquias de las actuales de San Juan Bautista y de los Sagrados Corazones, es la suma de la historia de ambos templos, relacionados entre sí en su historia común, que es la que tratamos aquí, y es que la Parroquia de San Juan de Alfarache o de Aznalfarache, en 2026:
-97 años como Iglesia parroquial de San
Juan Bautista (en el Barrio Bajo).
-94 años de Parroquia para el templo sobre
el monte.
-435 años, en el cerro, como templo del
Convento de San Juan Bautista.
-Y quizá algo más de 100 años previos como
parroquia, también sobre la colina, antes de ser convento.
-Además de que, según las crónicas, ya en
el siglo VI después de Cristo, existía un templo en esta atalaya.
La Iglesia Parroquial de San Juan Bautista
es heredera de todo ello, pero a su vez, el templo en el cerro (actualmente, de los Sagrados Corazones), es testigo de
siglos de presencia religiosa católica en San Juan de Aznalfarache.
Cuentan leyendas antiguas que, en el término de la villa de San Juan de Aznalfarache, en el cerro más cercano a la urbe de Híspalis, ya existía un templo católico en el siglo VI:
-Sobre
el año 548, la leyenda de la Pila bautismal (piscina o baptisterio), de la que manaba agua para la celebración
de la Pascua el Sábado Santo, sin estar conectada a manantial o surtidor
alguno, dentro de una “suntuosa capilla”, con reliquias del mártir San Esteban.
-A mediados de aquel siglo, se ubica por
esta zona a una santa no canonizada,
Verania de Osset, que pudo comenzar una congregación de monjas benedictinas
en este lugar. Sin embargo, ni la existencia de dicha mujer, ni las fechas para
crear congregaciones están demostradas.
-Y por último, a finales del siglo, las
narraciones sobre la conversación entre el
patrono de los conversos, San Hermenegildo, este sí canonizado y reconocido
por la Iglesia, con su hermano Recaredo, antes de que se entregase a
su padre, el rey arriano Leovigildo que, una vez arrestado su vástago, destruyó
todas las instalaciones fortificadas que existían sobre este cerro, lo cual
provocaría la desaparición de aquel templo.
Después, vendría la conquista almohade,
con una nueva mayor fortificación que ha llegado hasta nuestros días, rodeando
este cerro. Los arqueólogos han escrito que, en la parte que ocupa actualmente
el templo católico, se ubicó un alcázar que, quién sabe, pudo ser a su vez
construido sobre la capilla anteriormente indicada.
Con la Reconquista de Sevilla, en el año 1248, tenemos el dato relevante de que
San Juan de Aznalfarache (llamado
Haznalfaraig por entonces), siguiendo la tradición de otros muchos lugares
del país, para conmemorar el regreso a las tradiciones cristianas, se le
asignaría el santo patrón del día, en este caso, Nuestra Señora de la Paz, cuya conmemoración es el 24 de enero (lo cual concuerda con que de Mairena del
Aljarafe lo sea San Ildefonso, el 23 de enero). Esta tradición cultual
llega hasta nuestros días.
Varios años después, en 1253, se le encarga a la Orden hospitalaria de San Juan de Jerusalén
(San Juan de Acre o, sencillamente, de
Malta), que se haga cargo de las tierras de Haznalfaraig, como premio por
su ayuda en la reconquista y aunque sólo están presentes tres décadas, esta
orden religiosa también dejó a su
patrón, San Juan Bautista, como la advocación referente en esta villa, que
pasaría a llamarse San Juan de Alfarache.
Con el abandono de estas tierras por parte
de la orden religiosa, pasan a estar bajo gestión del Arzobispado hispalense y
si aquellos caballeros religiosos no llegaron a construir un nuevo templo (insistimos, sobre los restos del anterior
alcázar), sí que lo harían los eclesiásticos diocesanos, pues hay
constancia de que existía un párroco asignado a esta villa a finales del siglo
XIV.
De hecho, por la constancia de un intento
de instalarse la orden cartuja en este cerro o atalaya, lugar protagonista de
todos los eventos hasta ahora narrados, el Arzobispo hispalense de la época, Mons. D. Gonzalo de Mena, pide a unos frailes franciscanos que residían en las instalaciones arzobispales, pero
que tenían una capilla cuya titular era Santa María de las Cuevas, cambien de
ubicación con los cartujos, para hacerse con la dirección espiritual de
Castilleja de la Cuesta, Tomares y San Juan de Alfarache. Los monjes cartujos
son los que dan nombre a la Isla de Cartuja sevillana.
En el cerro, buscando paz para propiciar
su espiritualidad, más alejados de la urbe y con tres núcleos habitados (aunque muy escasamente), encomendados a
su dirección y las rentas que les pueda proporcionar una fábrica (probablemente, para tratar la aceituna),
comienzan a vivir y a construir o a reedificar un templo que será el lugar
señero de su convento. Eso sí, Mons. D. Gonzalo de Mena les pide que no la
ejerzan hasta que cese en su actividad el párroco diocesano D. Pedro González, que ya estaría en la
villa desde antes de la llegada de los cartujos.
Comenzaron así los 435 años de existencia
del Convento de San Juan Bautista,
sobre el cerro o atalaya más cercano a la ciudad de Sevilla, la casa matriz de
la Orden Tercera de San Francisco
para Andalucía, la primera de todos los conventos en esta región, pues no
consta que llegaran a fundar uno en la Isla de la Cartuja.
Varios cientos de frailes franciscanos
terceros residieron en San Juan de Alfarache, unos religiosos, varias veces
denominados así en su historia en esta villa, como “adeptos a la pobreza”, cuya
vida atrajo vocaciones de otros lugares, e incluso nombres destacados, como el
de fray Diego García de Quijada (quien
sería obispo de Guadix), o el ilustrado clérigo Manuel María del Mármol, un
enamorado de las vistas que había desde la altura de este cerro.
Tras esos 435 años, hay cientos de
frailes, que fueron ordenados sacerdotes para poder ejercer su ministerio en
las villas de Tomares y San Juan de Alfarache, como fray Juan de Ponferrada
(primer ministro o superior franciscano), fray Alonso Ramírez (primer párroco
de Tomares), fray Felipe Mexía (gran predicador, que obtuvo muchos frutos
espirituales), o fray Miguel de San Juan Bautista (erudito, predicador,
escritor y cronista).
Entre 1400 y 1835, la iglesia parroquial
de la villa de San Juan de Alfarache es esta, situada en este cerro, formando
parte del Convento de San Juan Bautista, donde se administran los sacramentos y
se escriben los libros para dejar constancia de aquellos bienes espirituales
realizados.
La iglesia del convento debió tener varias
transformaciones durante estos siglos, pero la mayor, que nos llega hasta los
tiempos presentes, tuvo que ser en la primera mitad del siglo XVIII, con la
incorporación del Retablo de los Santos
Juanes (en el presbiterio) y los
otros que hay en los altares laterales, datados sobre el año 1730, con imágenes
de la Inmaculada, la Virgen de los Dolores, San José con el Niño y San Antonio.
Con la desamortización de Mendizábal, en 1835, los frailes pierden sus
derechos a la posesión de las tierras entorno al convento y a la iglesia, que
explotaban en la fábrica (para los
productos que fabricaran a partir de la recolección de la aceituna), y que
les fueron concedidos desde los tiempos de D. Gonzalo de Mena. Unos pocos de
esta congregación pasaron a ser sacerdotes diocesanos ya sólo de la iglesia
parroquial de San Juan de Alfarache.
Pensamos que el primer sacerdote y
párroco, nuevamente procedente del Arzobispado, como lo fue D. Pedro González,
a finales del siglo XIV e inicios del XV, fue el Rvdo. Sr. D. Antonio Lozano, que estuvo ejerciendo su ministerio
entre 1862 y 1866, en el templo parroquial sobre el cerro, convirtiéndose la
edificación aneja del antiguo convento, en las instalaciones parroquiales, como
vivienda del clérigo y otros actos que se pudieran desarrollar en las mismas.
Eso sí, como en los tiempos del convento, muy alejado de la urbe de la villa,
cuya población no muy numerosa estaba asentada en la parte baja del término
municipal, junto al río, para los trabajos del campo.
Entre 1880 y 1889, este templo parroquial
vivió una gran crisis en su administración, pues estuvo a cargo de seis
párrocos, siendo considerados cuatro de ellos como curas ecónomos del lugar, es
decir, administradores provisionales. Tras estos años, un solo párroco, el Rvdo. Sr. D. Juan de Dios Peña Rada,
ejerció su ministerio entre 1889 y 1937, durante 48 años, quedándose a
vivir en San Juan de Aznalfarache (que se
segregó de Tomares en 1890 y pasó a tener este nombre oficialmente), hasta
su fallecimiento en 1946, según consta en su lápida.
Con este sacerdote, se produce el gran
cambio parroquial de este pueblo: la administración de los sacramentos pasa del
templo en el cerro, al nuevo templo construido en la zona baja del pueblo, en
un lugar intermedio entre la zona antigua (la
más cercana al río), y la nueva expansión de viviendas hacia las tierras de
Mairena del Aljarafe.
Era una necesidad hace tiempo sentida en
este pueblo y villa de San Juan de Aznalfarache, la edificación de un templo
que, ni estuviera tan distante como el antiguo (allá en la altura del cerro), ni fuese tan pequeño como la capillita
que servía de ayuda de parroquia (en
referencia a la Capilla del Rosario, sita en la calle Real), que, si en
tiempos pasados era suficiente para que los fieles cumplieran sus deberes
religiosos, pasó a ser insuficiente, dado el aumento tan considerable de
población.
En aquellas primeras décadas del siglo XX,
el actual Cerro de los Sagrados Corazones (o
Barriada Nuestra Señora de Loreto), seguía deshabitado, pues la población
vivía en la parte baja, además de algunas viviendas en dirección a la vecina localidad
de Mairena del Aljarafe (en la actual
calle 28 de febrero y paralelas), lo que hizo que se promoviera la
construcción de un nuevo templo (el
actual Templo parroquial de San Juan Bautista), justo entre las dos
barriadas ya existentes, la que se encontraba cercana al río y la que se
expandía hacia el oeste del término municipal.
El Templo
parroquial de San Juan Bautista se construyó a expensas de la testamentaría
del difunto mecenas Francisco Recur Solá, que dejó dispuesto que sus bienes se
emplearan para la construcción de nuevas iglesias parroquiales en la Diócesis
de Sevilla. Así se estimó conveniente emplearlo para San Juan de Aznalfarache,
“ya que la obra era imposible de realizar, dada su cuantía y la pobreza de sus
habitantes, en su mayoría obreros, sin más recurso que sus jornales” (según se indica en un documento de 1930).
El 11 de junio de 1928 se publicó que la
construcción fue estipulada en la cantidad de 260.930 pesetas (al cambio, unos 1568 euros, aunque, por
aquella época, la peseta tenía mucho más valor que a principios del siglo XXI).
Así lo acordaron el Emmo. y Rvdmo. Sr.
Cardenal Ilundain y la empresa sevillana Sociedad Anónima de
Construcciones.
Fue proyectado por el arquitecto
castellonense Vicente Traver Tomás (quien
en 1927 es nombrado director de las obras de la Exposición Iberoamericana, en
sustitución de Aníbal González, ejecutando el Casino de la Exposición y el Teatro Lope de Vega, y que
también llevó a cabo la Parroquia sevillana del Corpus Christi),
y tiene forma de cruz latina de 12 por 40 metros de planta, con ábside
semicircular y bóveda dividida en tramos por pilastras y arcos fajones.
Exteriormente, los volúmenes dejan patente su armoniosa planta y buena
proporción.
Cumpliendo a rajatabla lo indicado en el
pliego de condiciones generales y económicas, fue construido en un año; se puso
la primera piedra el 23 de junio de 1928 y se
inauguró el 24 de junio de 1929, en plena Exposición Universal, con
asistencia del cardenal Mons. D. Eustaquio Illundain y Esteban y autoridades de
la época.
Este templo es de una sola nave, con
planta de cruz latina y tres capillas:
-Capilla Bautismal, con la pila bautismal
de jaspe, fechada en el siglo XVII (este
objeto litúrgico no es el del siglo VI, pero continuó aquella leyenda).
-Capilla Sacramental, con el sagrario.
-Capilla del Evangelio, con las imágenes del
Cristo del Amor y Nuestra Señora de los Dolores.
Lógicamente, con la inauguración del nuevo
templo parroquial de San Juan Bautista, en lo que, por entonces, era la zona
intermedia del pueblo, la iglesia que existía en el cerro desde más antiguo,
quedó abandonada, junto con las instalaciones anexas. La pila bautismal y las
imágenes de las principales advocaciones existentes en aquella época (el patrón San Juan Bautista; la patrona
Nuestra Señora de la Paz; Cristo del Amor; Nuestra Señora de los Dolores;
Virgen del Consuelo; Sagrados Corazones de Jesús y de María…), pasaron de
un templo a otro, para continuar así su culto y su cuidado y mantenimiento. También los archivos parroquiales cambiaron de templo, hasta aquel año 1929.
La iglesia en el cerro, después de dejar
de ser convento, había sufrido ya varios robos y expolios, al encontrarse tan
sola y desprotegida en la cima del cerro. Pero aquel lugar volvería al culto
unos años después, ya bajo el mandato obispal de Mons. D. Pedro Segura y Sáenz, quien restauró estas edificaciones para
convertirse en casa de ejercicios espirituales.
Eligió la fecha del 14 de diciembre de 1941, por ser el día de cierre de una asamblea
eucarística que se celebraba en Sevilla.
El cardenal, aquella tarde, dijo: “La casa de ejercicios es la casa de la
gracia de Dios y del milagro, cumpliéndose en este momento, los deseos del Papa
(Pío XII), para propulsar los
ejercicios”. Y es que, desde aquella inauguración, este espacio de paz y
concordia, ha traído a decenas de miles de personas a San Juan de Aznalfarache,
para conseguir plenitud en sus vidas o aprender los pasos para alcanzarla.
Tanta expectación provocó la apertura que el cardenal recibió una carta del
Papa, expresándole su complacencia.
Y alrededor de aquella renovada
edificación de un convento con su iglesia, surgió el complejo monumental
llamado Cerro de los Sagrados Corazones, con la siguiente cronología de
inauguraciones y bendiciones de los respectivos lugares:
-12 de diciembre de 1941: Bendición e
inauguración de la casa diocesana de ejercicios espirituales.
-25 de octubre de 1942: Bendición e
inauguración de la Capilla Votiva.
-15 de diciembre de 1942: Bendición de la
Inmaculada Concepción para la torre-pedestal.
-31 de diciembre de 1942: Bendición del
Monumento diocesano al Corazón de Jesús, es decir, a la torre.
-2 de julio de 1943: Bendición de la
imagen e inauguración solemne de este monumento diocesano, con la imagen del
Corazón de Jesús sobre la torre-pedestal.
-12 de noviembre de 1944: Bendición del
monumento y la imagen del Inmaculado Corazón de María (o Sagrado Corazón de María).
-28 de octubre de 1945: Bendición de las
capillas marianas de la Avenida del Santo Rosario.
-25 de noviembre de 1946: Bendición de la
imagen de la Virgen de los Reyes.
-10 de octubre de 1948: Bendición e
inauguración oficial del Recinto Sagrado al Corazón de Jesús.
-30 de octubre de 1948: Bendición e
inauguración de la Capilla del Santísimo Cristo del Perdón (lugar inicialmente concebido para que los
peregrinos celebraran el sacramento de la reconciliación, el tempo de la actual
Casa diocesana de Cursillos de Cristiandad).
-19 de marzo de 1950: Inauguración de las
Escuelas Salesianas (actual Colegio Santa
Teresa de Jesús).
-15 de abril de 1951: Inauguración del
Monasterio de la Visitación (actual
Casa diocesana de Cursillos de Cristiandad).
-18 de mayo de 1952: Bendición e
inauguración del Carmelo Teresiano.
Desde la inauguración oficial de este
recinto sagrado (o puede que un poco
antes), varios sacerdotes diocesanos estaban al cargo del mismo y de la
dirección espiritual de las órdenes religiosas y los colegios a su cargo, como
don Publio Escudero Herrero, ya que, además, en 1950, estaba construida la
Barriada Nuestra Señora de Loreto, que volvía a propiciar el asentamiento
humano, lo cual no se producía desde tiempos del castillo de Hisn al-Faray y la
Reconquista, en el siglo XIII.
La necesidad de atender a esta población,
vinculada con la base aérea de Tablada y la factoría aeronáutica de la misma,
tanto militares como trabajadores, llevó a Mons.
D. José María Bueno Monreal, a segregar el templo mayor e histórico en el
cerro, el más antiguo de la localidad, de la Parroquia de San Juan Bautista,
pasando a denominarse bajo la advocación de los Sagrados Corazones, por nombre
del conjunto arquitectónico religioso y espiritual realizado por su antecesor.
Oficialmente, el 21 de abril de 1962, la Archidiócesis Hispalense publica el decreto
de erección de la Parroquia de los
Sagrados Corazones, como libre enteramente de su matriz, desmembrándose de
la por entonces única actual en San Juan de Aznalfarache.
Otro hecho muy relevante para la Parroquia
de San Juan Bautista, asentada en el Barrio Bajo, con el templo de 1929, es que
se erigió canónicamente y se desmembró de ella, por decreto del Cardenal
Arzobispo de Sevilla, Mons. D. Bueno Monreal, el día 23 de abril de 1966, la de San
José Obrero, aunque esto no fue efectivo hasta el 3 de febrero del año
siguiente, en que tomó posesión de la misma el Rvdo. Sr. D. Antonio Gutiérrez
Rodríguez.
Es por ello que, desde la década de los
60, San Juan de Aznalfarache tiene tres párrocos, hasta 2023, en que San Juan
Bautista y Sagrados Corazones, manteniendo su independencia como parroquias,
pasan a compartir el mismo director espiritual.
En este 2026, aunque habría que revisarlo
exhaustivamente en su historia, se da el novedoso hecho de que las tres
parroquias comenzarán el curso con nuevo párroco.
Esta es la historia, de forma breve, de un templo parroquial antiguo, que sirvió para la ornamentación de una iglesia de la primera mitad del siglo XX, la cual luego fue Parroquia matriz para la erección de una nueva parroquia en el cenobio primitivo sobre el cerro.































