En el terreno de la finca de Valparaíso,
comenzando en su capilla, para terminar nuevamente en esta, facilitando la
veneración de la imagen que presidía dicho templo, el Cristo de Valparaíso,
durante varios años se realizó un viacrucis
en el Viernes de Dolores, el anterior a la Semana Santa, día en el que esta
talla era llevada entre las palmeras del acceso a la casa palacio y las huertas
de naranjales, se rezaban las estaciones de la Pasión y Muerte de Jesucristo.
Como veremos a continuación, hubo variaciones a lo largo de los años y hay que
indicar que sólo hemos conseguido información para los años 1963, 1965, 1966,
1971, 1973 y 1974, desconociendo si hubo algún factor (como la lluvia), que
impidiera su celebración en los no mencionados o si comenzó o dejó de
realizarse antes de lo que aquí indicamos.
En 1963, la imagen del antiguo Cristo de
Valparaíso salía de la capilla de la hacienda para recorrer el camino bordeado
de palmeras, que servía de acceso a la casa palacio, desde la carretera de
Sevilla a Coria del Río.
El escultor Francisco Buiza Fernández
realizó, por encargo de Alfonso Palomino, una copia policromada de la talla, de
130 centímetros, en pino de Flandes y tasada en 15.000 pesetas, para realizar
esta piadosa costumbre, quedando entronizado en el antiguo templete barroco para
transportarlo y en el cual le acompañan sendas pequeñas imágenes dieciochescas
y policromadas: la Virgen de los Dolores y San Juan Evangelista.
El 9 de abril de 1965, tuvo también lugar
el solemne viacrucis con la imagen del Cristo de Valparaíso. El cortejo
penitencial discurrió entre los naranjos de la hacienda, constituyendo el
desfile una nota altamente emotiva y piadosa. Las estaciones del viacrucis
fueron leídas por el ilustre escritor y académico José María Pemán, traducidas
del original francés de Paul Claudel. Al acto religioso asistieron numerosos
fieles.
Un nuevo Viernes de Dolores, el de 1965, se
celebra este ya famoso viacrucis, con esta imagen de Cristo, como antesala de
la Semana Santa, que recorría hasta el anochecer los bosques de naranjos en
plena floración. El 9 de abril de este año fueron recitadas, nuevamente, ante
el Cristo y el azahar, unas composiciones inéditas que recreaban “Le chemin de
la Croix”, de Paul Claudel, las 14 estaciones de la Pasión y Muerte de Nuestro
Señor Jesucristo, a base de salmodias y versos libres.
En 1966, asistió al viacrucis el padre
Juan Vargas, de la Compañía de Jesús, y concurrieron medio millar de fieles de
Sevilla, de Cádiz y de otras poblaciones aledañas. Sobre andas, hermoseadas con
romeros y lirios, cargaban con ellas, a hombros, los operarios de la finca,
precedidos por dos hileras de hombres con faroles tras la cruz de guía; y
cerrando la procesión, centenares de mujeres. El silencio sólo quedaba roto por
el rezo de las catorce estaciones y por cantos penitenciales. Al entrar en la
capilla, sonaba el himno nacional por megafonía.
Ese medio millar de personas, que se
encontraban en la hacienda, sintieron la emoción, que les llegaba por las
calles de naranjos, embalsamada con el suave perfume de los azahares. De la
capilla chiquita, construida en 1771, según indica una placa que allí se
encuentra, salía el solemne viacrucis, ya por entonces tradicional en el
pórtico de la Semana Santa sevillana, para llevar, por esta parcela de tierra
aljarafeña, la imagen del Santísimo Cristo de Valparaíso.
Gentes de Sevilla, de Cádiz, de San Juan
de Aznalfarache y de Coria del Río, formaron el cortejo penitencial que llevó
al crucificado por las sendas aromadas de la naranjera plantación.
Iba el Cristo de Valparaíso sobre unas
andas tapizadas de romero y festoneadas de lirios, portándolas obreros de la
finca. Precedía al cortejo una cruz de guía, a la que seguían dos largas
hileras de hombres con faroles; cerrando la comitiva, en masa piadosa, un
número superior a las 200 mujeres.
Tras el rezo de la estación y el canto
penitencial, se producía un impresionante silencio; lo había pedido el padre
Juan Vargas, S. J., al iniciarse el viacrucis, expresando que así sería mayor
el homenaje que se le podía rendir al Hijo y al dolor de la Madre. Vieron bajar
la procesión desde la casa palacio, hasta un valle jugoso, donde croaban las
ranas. Luego, les cautivó la belleza de una estampa donde el Cristo, por larga
calle bordeada de palmeras, subía a la capilla. Anochecía ya y un rosario de
luces vacilantes se iba recortando entre las sombras del arbolado.
En la catorceava estación, al pie mismo de
la capilla chiquita, se rompieron las hileras y el cortejo penitente volvió a
hacerse masa y luces. Unos altavoces instalados en la finca, difundieron los
sones del Himno Nacional.
Sólo entonces pudo romperse a hablar. Y la
emoción, largo tiempo contenida, marchó a otra parte, sin dejar cerrado el pomo
del perfume del azahar.
En 1971 tenía lugar una conmemoración
especial, pues hacía 200 años hace que
se bendijo la capilla de la ajardinada hacienda de San Juan de Aznalfarache,
donde se venera el Cristo de Valparaíso que, igual que lleva el nombre de
la finca, pudo ser denominado Santísimo Cristo de la Plantación de los
Naranjos, de las Palmeras, de las Fontanas, de las Flores… Dos siglos, según
una lápida que figura en la pequeña capilla de la hacienda Valparaíso y cien
días de indulgencia (se lee en otra), concedidos por el cardenal De Solís, a quien
rece un padrenuestro o credo ante el Santo Cristo o una salve a Nuestra Señora
de los Dolores, rogando por la paz.
Mañana, a las siete de la tarde, el
Santísimo Cristo de Valparaíso será llevado en devoto viacrucis, por caminos
bordeados de naranjas y palmeras; abiertos a la música del agua en las fuentes
y surtidores. En cada olorosa y verde estación, un pregón lírico de mediación y
arrepentimiento. Catorce versos de un soneto penitencial para Cristo en la
cruz, transportado por una vía dolorosa impregnada de esencia de azahares.
Alfonso Palomino, propietario de
Valparaíso, habló del piadoso ejercicio, indicando que, cada año, asiste más
gente y no sólo de San Juan de Aznalfarache y de Sevilla, sino también de
Cádiz. Y es que venían, y además frecuentemente, numerosos devotos, con velas. Incluso
tenía que permitir la entrada de muchas personas en la finca, para que pudiesen
cumplir sus promesas de ir a ver la imagen tras haber mediado en sus
dificultades.
Antes, el Cristo de Valparaíso era
transportado por devotos, pero desde hacía unos años, lo portaban costaleros
con un capataz en un paso.
También el propietario de la hacienda
comentó en este año que ya se dejó de hacer las estaciones con el “Vía Crucis”,
de Paul Claudet, que leía José María Pemán y que se había cambiado por otro de Miguel
Martínez del Cerro, catedrático en Cádiz.
Además del viacrucis, continuaba teniendo
muy especial relevancia la estación doceava, donde se ora por Cristo muerto en
la cruz; en aquel momento, se oficiaba una misa concelebrada al aire libre y de
comunión general. Al terminar, proseguía el viacrucis, con sus estaciones trece
y catorce.
Desde la puerta de la hacienda Valparaíso
a la capilla había un camino ascendente y perfumado, para el penitente que va a
venerar al Santísimo Cristo. Camino al que nadie sabría arrancar el acervo de
emocionante y piadosa historia que encierra, en un secreto aún más callado que
no los de archivo.
Aquel viernes 2 de abril de 1971, a las siete de la tarde, el Cristo de Valparaíso abandonaría su diminuta y airosa capilla. Jesús, clavado en la cruz, se ofrecería entre naranjos y palmeras, rodeado de devotos, que irían a conmemorar los pasos del Calvario y a cantar salmos penitenciales, en un lugar que puso Dios en el Aljarafe, con derroche de belleza, de verdor y de galanura.
En los avisos de los años 1973 y 1974, se
comunicaba que en aquellos Viernes de Dolores respectivos, a las siete de la
tarde, en la hacienda Valparaíso, del término de San Juan de Aznalfarache, se
celebraría el ya tradicional y emotivo viacrucis con la imagen del Santísimo
Cristo de Valparaíso, entre calles de naranjos y palmeras. La invitación a la
asistencia a tan piadoso acto era pública, para todas las personas que deseasen
asistir.
El tradicional viacrucis en la hacienda Valparaíso aún se celebraba con mucho fervor y gran asistencia de fieles. La imagen del Santísimo Cristo, que venerado en la capilla de la citada finca, era llevada en penitencial procesión por las alamedas y calles de naranjos, acompañada de un largo cortejo de devotos. Eran numerosos los sevillanos que se desplazaron a Valparaíso para asistir al piadoso acto, que finalizaba ya entrada la noche.
Para saber más sobre la finca de Valparaíso, haga clic aquí.
Más información sobre las leyendas y la actualidad de la talla original del Cristo de Valparaíso, haga clic aquí.
Bibliografía:
-ANTEQUERA LUEGO, J. A. (2011):
“Valparaíso, un Cristo para los Mares del Sur”. Sevilla, Facediciones.
-PINEDA NOVO, D. (1980): “Historia de San Juan de Aznalfarache”. Sevilla, Ayuntamiento de San Juan de Aznalfarache.
Hemeroteca:
-“Sevilla, diario de la tarde”. Sábado, 6
de abril de 1963.
-“ABC de Sevilla”. Sábado, 10 de abril de
1965.
-“ABC de Sevilla”. Sábado, 2 de abril de
1966.
-“ABC de Sevilla”. Jueves, 1 de abril de
1971.
-“ABC de Sevilla”. Miércoles, 11 de abril
de 1973.
-“ABC de Sevilla”. Jueves, 4 de abril de
1974.
-“ABC de Sevilla”. Jueves, 6 de abril de 1974.






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