El devoto y emocionante viacrucis con el Cristo de Valparaíso 1963-1974

Imagen y texto publicados en 1963.

En el terreno de la finca de Valparaíso, comenzando en su capilla, para terminar nuevamente en esta, facilitando la veneración de la imagen que presidía dicho templo, el Cristo de Valparaíso, durante varios años se realizó un viacrucis en el Viernes de Dolores, el anterior a la Semana Santa, día en el que esta talla era llevada entre las palmeras del acceso a la casa palacio y las huertas de naranjales, se rezaban las estaciones de la Pasión y Muerte de Jesucristo. Como veremos a continuación, hubo variaciones a lo largo de los años y hay que indicar que sólo hemos conseguido información para los años 1963, 1965, 1966, 1971, 1973 y 1974, desconociendo si hubo algún factor (como la lluvia), que impidiera su celebración en los no mencionados o si comenzó o dejó de realizarse antes de lo que aquí indicamos.

En 1963, la imagen del antiguo Cristo de Valparaíso salía de la capilla de la hacienda para recorrer el camino bordeado de palmeras, que servía de acceso a la casa palacio, desde la carretera de Sevilla a Coria del Río.

El escultor Francisco Buiza Fernández realizó, por encargo de Alfonso Palomino, una copia policromada de la talla, de 130 centímetros, en pino de Flandes y tasada en 15.000 pesetas, para realizar esta piadosa costumbre, quedando entronizado en el antiguo templete barroco para transportarlo y en el cual le acompañan sendas pequeñas imágenes dieciochescas y policromadas: la Virgen de los Dolores y San Juan Evangelista.

El 9 de abril de 1965, tuvo también lugar el solemne viacrucis con la imagen del Cristo de Valparaíso. El cortejo penitencial discurrió entre los naranjos de la hacienda, constituyendo el desfile una nota altamente emotiva y piadosa. Las estaciones del viacrucis fueron leídas por el ilustre escritor y académico José María Pemán, traducidas del original francés de Paul Claudel. Al acto religioso asistieron numerosos fieles.

Un nuevo Viernes de Dolores, el de 1965, se celebra este ya famoso viacrucis, con esta imagen de Cristo, como antesala de la Semana Santa, que recorría hasta el anochecer los bosques de naranjos en plena floración. El 9 de abril de este año fueron recitadas, nuevamente, ante el Cristo y el azahar, unas composiciones inéditas que recreaban “Le chemin de la Croix”, de Paul Claudel, las 14 estaciones de la Pasión y Muerte de Nuestro Señor Jesucristo, a base de salmodias y versos libres.

La imagen del Cristo entre los olivos, en 1966.

En 1966, asistió al viacrucis el padre Juan Vargas, de la Compañía de Jesús, y concurrieron medio millar de fieles de Sevilla, de Cádiz y de otras poblaciones aledañas. Sobre andas, hermoseadas con romeros y lirios, cargaban con ellas, a hombros, los operarios de la finca, precedidos por dos hileras de hombres con faroles tras la cruz de guía; y cerrando la procesión, centenares de mujeres. El silencio sólo quedaba roto por el rezo de las catorce estaciones y por cantos penitenciales. Al entrar en la capilla, sonaba el himno nacional por megafonía.

Ese medio millar de personas, que se encontraban en la hacienda, sintieron la emoción, que les llegaba por las calles de naranjos, embalsamada con el suave perfume de los azahares. De la capilla chiquita, construida en 1771, según indica una placa que allí se encuentra, salía el solemne viacrucis, ya por entonces tradicional en el pórtico de la Semana Santa sevillana, para llevar, por esta parcela de tierra aljarafeña, la imagen del Santísimo Cristo de Valparaíso.

Gentes de Sevilla, de Cádiz, de San Juan de Aznalfarache y de Coria del Río, formaron el cortejo penitencial que llevó al crucificado por las sendas aromadas de la naranjera plantación.

Cortejo de hombres, entre las palmeras de la finca, tras la cruz de guía.

Iba el Cristo de Valparaíso sobre unas andas tapizadas de romero y festoneadas de lirios, portándolas obreros de la finca. Precedía al cortejo una cruz de guía, a la que seguían dos largas hileras de hombres con faroles; cerrando la comitiva, en masa piadosa, un número superior a las 200 mujeres.

Tras el rezo de la estación y el canto penitencial, se producía un impresionante silencio; lo había pedido el padre Juan Vargas, S. J., al iniciarse el viacrucis, expresando que así sería mayor el homenaje que se le podía rendir al Hijo y al dolor de la Madre. Vieron bajar la procesión desde la casa palacio, hasta un valle jugoso, donde croaban las ranas. Luego, les cautivó la belleza de una estampa donde el Cristo, por larga calle bordeada de palmeras, subía a la capilla. Anochecía ya y un rosario de luces vacilantes se iba recortando entre las sombras del arbolado.

Mujeres y niños, portando velas, tras el Cristo de Valparaíso.

En la catorceava estación, al pie mismo de la capilla chiquita, se rompieron las hileras y el cortejo penitente volvió a hacerse masa y luces. Unos altavoces instalados en la finca, difundieron los sones del Himno Nacional.

Sólo entonces pudo romperse a hablar. Y la emoción, largo tiempo contenida, marchó a otra parte, sin dejar cerrado el pomo del perfume del azahar.

El presbiterio de la capilla, con la réplica del crucificado.

En 1971 tenía lugar una conmemoración especial, pues hacía 200 años hace que se bendijo la capilla de la ajardinada hacienda de San Juan de Aznalfarache, donde se venera el Cristo de Valparaíso que, igual que lleva el nombre de la finca, pudo ser denominado Santísimo Cristo de la Plantación de los Naranjos, de las Palmeras, de las Fontanas, de las Flores… Dos siglos, según una lápida que figura en la pequeña capilla de la hacienda Valparaíso y cien días de indulgencia (se lee en otra), concedidos por el cardenal De Solís, a quien rece un padrenuestro o credo ante el Santo Cristo o una salve a Nuestra Señora de los Dolores, rogando por la paz.

Asientos y coro de la capilla de la finca.

Mañana, a las siete de la tarde, el Santísimo Cristo de Valparaíso será llevado en devoto viacrucis, por caminos bordeados de naranjas y palmeras; abiertos a la música del agua en las fuentes y surtidores. En cada olorosa y verde estación, un pregón lírico de mediación y arrepentimiento. Catorce versos de un soneto penitencial para Cristo en la cruz, transportado por una vía dolorosa impregnada de esencia de azahares.

Alfonso Palomino, propietario de Valparaíso, habló del piadoso ejercicio, indicando que, cada año, asiste más gente y no sólo de San Juan de Aznalfarache y de Sevilla, sino también de Cádiz. Y es que venían, y además frecuentemente, numerosos devotos, con velas. Incluso tenía que permitir la entrada de muchas personas en la finca, para que pudiesen cumplir sus promesas de ir a ver la imagen tras haber mediado en sus dificultades.

Antes, el Cristo de Valparaíso era transportado por devotos, pero desde hacía unos años, lo portaban costaleros con un capataz en un paso.

También el propietario de la hacienda comentó en este año que ya se dejó de hacer las estaciones con el “Vía Crucis”, de Paul Claudet, que leía José María Pemán y que se había cambiado por otro de Miguel Martínez del Cerro, catedrático en Cádiz.

Además del viacrucis, continuaba teniendo muy especial relevancia la estación doceava, donde se ora por Cristo muerto en la cruz; en aquel momento, se oficiaba una misa concelebrada al aire libre y de comunión general. Al terminar, proseguía el viacrucis, con sus estaciones trece y catorce.

Desde la puerta de la hacienda Valparaíso a la capilla había un camino ascendente y perfumado, para el penitente que va a venerar al Santísimo Cristo. Camino al que nadie sabría arrancar el acervo de emocionante y piadosa historia que encierra, en un secreto aún más callado que no los de archivo.

Aquel viernes 2 de abril de 1971, a las siete de la tarde, el Cristo de Valparaíso abandonaría su diminuta y airosa capilla. Jesús, clavado en la cruz, se ofrecería entre naranjos y palmeras, rodeado de devotos, que irían a conmemorar los pasos del Calvario y a cantar salmos penitenciales, en un lugar que puso Dios en el Aljarafe, con derroche de belleza, de verdor y de galanura.

En los avisos de los años 1973 y 1974, se comunicaba que en aquellos Viernes de Dolores respectivos, a las siete de la tarde, en la hacienda Valparaíso, del término de San Juan de Aznalfarache, se celebraría el ya tradicional y emotivo viacrucis con la imagen del Santísimo Cristo de Valparaíso, entre calles de naranjos y palmeras. La invitación a la asistencia a tan piadoso acto era pública, para todas las personas que deseasen asistir.

El tradicional viacrucis en la hacienda Valparaíso aún se celebraba con mucho fervor y gran asistencia de fieles. La imagen del Santísimo Cristo, que venerado en la capilla de la citada finca, era llevada en penitencial procesión por las alamedas y calles de naranjos, acompañada de un largo cortejo de devotos. Eran numerosos los sevillanos que se desplazaron a Valparaíso para asistir al piadoso acto, que finalizaba ya entrada la noche.

Para saber más sobre la finca de Valparaíso, haga clic aquí.

Más información sobre las leyendas y la actualidad de la talla original del Cristo de Valparaíso, haga clic aquí.

Bibliografía:

-ANTEQUERA LUEGO, J. A. (2011): “Valparaíso, un Cristo para los Mares del Sur”. Sevilla, Facediciones.

-PINEDA NOVO, D. (1980): “Historia de San Juan de Aznalfarache”. Sevilla, Ayuntamiento de San Juan de Aznalfarache.

Hemeroteca:

-“Sevilla, diario de la tarde”. Sábado, 6 de abril de 1963.

-“ABC de Sevilla”. Sábado, 10 de abril de 1965.

-“ABC de Sevilla”. Sábado, 2 de abril de 1966.

-“ABC de Sevilla”. Jueves, 1 de abril de 1971.

-“ABC de Sevilla”. Miércoles, 11 de abril de 1973.

-“ABC de Sevilla”. Jueves, 4 de abril de 1974.

-“ABC de Sevilla”. Jueves, 6 de abril de 1974.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

La riqueza histórico-cultural de la finca de Valparaíso y su casa palacio en San Juan de Aznalfarache

La mansión entre la vegetación. Hay un lugar muy especial en el término municipal de San Juan de Aznalfarache, una finca o quinta, con una e...