Sobre la talla original del Cristo de Valparaíso en San Juan de Aznalfarache 1600

Año 2025.

La talla original del Cristo de Valparaíso es un tema muy especial dentro de la historia de esta finca situada en San Juan de Aznalfarache. Datada como del siglo XVII, esta piadosa imagen de un crucificado, de bulto redondo, en cartón piedra policrimado, no tiene un autor conocido.

Por tanto, del mismo siglo mencionado sería el primer hecho peculiar, milagroso o legendario que se asocia con la misma. El XVII conde Peñaflor y Argamasilla, Luis Manuel Halcón y de la Lastra contaba que, según la leyenda familiar, esta imagen iba en un barco para Iberoamérica y que se paró a la altura de la finca y, hasta que no descargaron la imagen, no puso seguir su singladura.

En general, aunque hay varias versiones la leyenda es así:

Cierta carabela había partido del puerto de Sevilla con destino al Nuevo Mundo recién descubierto. Entre la tripulación, iba un grupo de misioneros franciscanos, que iban a las nuevas tierras para evangelizarlas y fundar tres misiones, pues llevaban en la bodega, entre las mercancías, tres imágenes de Crucificados como titulares de las fundaciones.

A la hora de partir la carabela, aún con viento y corriente favorable, no navegaba, por lo que el capitán ordenó aliviar la carga, pensando que se encontraba varada, y entre los bagajes, desembarcó uno de los Crucificados, momento en que el barco comenzó a moverse, por lo que pensaron que se trataba de un milagro, que significaba el deseo de que permaneciese allí, quedándose dicha imagen en Sevilla.

Poco después, al pasar el barco frente a la Hacienda de Valparaíso, término de San Juan de Aznalfarache, esté se paró de nuevo, por lo que se volvió a dar órdenes de aliviar la carga, dándose la circunstancia de que en el instante en que se bajó el segundo de los Crucificados, la nao se puso, otra vez a navegar, lo que les llevó a dejar dicha imagen en la capilla de la indicada Hacienda.

Continuando su curso hacía la mar, la nao volvió, por tercera vez a pararse; esta vez, frente a Coria, al pie del Cerro de San Juan, por lo que dado lo sucedido en las dos ocasiones anteriores, comenzaron a aliviar nuevamente la carga, hasta que, bajado el tercero de los Crucificados, el barco reinició sus movimientos, razón por la que decidieron depositar esta tercera imagen en la ermita de San Juan Bautista. Desde el puerto coriano, siguió la flota rumbo hacía a la mar, llevando al Nuevo Continente el Evangelio, y en donde fundaron la ciudad de Vera-Cruz, en Nueva España.

Las otras dos imágenes de Cristo crucificado, que relata esta narración, están datadas como del siglo anterior a la que protagoniza este texto. Esta leyenda sería un cuento que propone una respuesta al desconocido origen de estos tres magníficos cristos, de los cuales se desconoce su verdadera historia.

En 1849, el político Pascual Madoz, en su “Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España...”, menciona que en la hacienda de Valparaíso existe “un oratorio público, con una efigie de Cristo Crucificado, muy venerada en los pueblos inmediatos”.

Pero la leyenda de esta talla denominada como el Cristo de Valparaíso continuará aumentando y, aunque no se mencione en la siguiente noticia el nombre de la finca, por su contenido queda claro que se refiere a la misma. En 1854, aparece en el periódico “El Heraldo”, el siguiente texto:

Cuenta un periódico de Sevilla que, en una hacienda próxima al pueblo de San Juan de Aznalfarache, ha tenido lugar un suceso que trae asombradas a las gentes de los alrededores.

No hace mucho que, en una capilla de dicha hacienda, se da culto a dos imágenes, a quienes ya se atribuyen multitud de milagros y, hace pocos días que, al anochecer, observaron el capataz de la hacienda y su hija que la capilla estaba iluminada… “¡Horror!”, corrieron hacia ella y vieron, con asombro, encendidas las velas del altar, sin que pueda comprenderse quién hubo de encenderlas, pues tanto el capataz y su hija, como el guarda, que son los únicos habitantes de la hacienda, juran y perjuran que ellos no lo verificaron.

En las haciendas comarcanas y en los vecinos pueblos de San Juan y Tomares se considera este hecho como un nuevo milagro, por medio del cual manifiestan las imágenes que desean luz.

¡Quién sabe lo que habrá en esto!

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Para la siguiente historia que cuenta como protagonista con el Cristo de Valparaíso, seguimos lo que registra, en su libro de la historia local, Daniel Pineda Novo, frente a las indicaciones posteriores sobre estos mismos hechos de Juan José Antequera Luengo, ya que la sequía de finales del siglo XIX fue mucho mayor que la de 1905 y que, al ir hacia el pasado, hay mucha menos información veraz que pueda sustentar lo descrito a continuación:

Calificada como “sequía extrema” o “megasequía” de varios años, en febrero de 1892, los vecinos de San Juan recurrieron al Cristo de Valparaíso, junto con las poblaciones vecinas, que acudían a esta imagen en rogativas públicas, pidiendo la lluvia. Nuestra localidad incluso llevó a la finca de Valparaíso a la Virgen de los Dolores, a través de unos campos áridos y sedientos. En el interior de la capilla de la casa palacio, esta imagen de la Virgen se depositó a los pies de su Hijo y los fieles prorrumpieron en profundo llanto, mientras rezaban el rosario y entonaban “Perdón, Dios mío”.

Concluidos los rezos previstos y los llantos, salieron de la capilla y el cielo se cubrió de nubes y, antes de llegar la procesión a la carretera, comenzó a caer una llovizna que, rápidamente, se hizo torrencial, teniéndose que refugiar la imagen de la Virgen en la Capilla del Rosario (pues aún no existía el templo parroquial de San Juan Bautista, en el Barrio Bajo, sino que continuaba siéndolo el del cerro). En la capital hispalense y en Rociana quedaron registrados hechos parecidos.

En 1947, el escritor cigarrero Salvador Fernández Álvarez, en su recopilatorio “Prosas de la vega y las marismas”, rememora cómo, desde principios del siglo XX, tras aquel prodigio, los ganaderos que conducían sus toradas a las marismas, se destocaban en señal de respeto y agradecimiento ante las puertas de la finca, “no sin antes haber revoleado el ancho sombrero en saludo al Cristo de Valparaíso”.

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Aquellos hechos de finales del siglo XX se pueden calificar como milagro, como leyenda, como casualidad o como invención; en cualquier caso, suponen una bonita narración para la historia de San Juan de Aznalfarache, que dejó registrada Daniel Pineda Novo.

Es este mismo autor quien también señala que todos aquellos extraordinarios acontecimientos (y muchos más, presuntamente) eran conocidos por los vecinos de Gelves, San Juan de Aznalfarache, Coria del Río y Mairena del Aljarafe, y esta imagen de Cristo tuvo una ingente devoción entre estas poblaciones; prueba de ello, la daban las paredes de la capilla oratorio de la finca, que se hallaban cubiertas de exvotos: muletas, trenzas, mortajas, figurillas de plata o cera, representando partes del cuerpo humano, y una multitud de pequeños cuadros pintados, asemejando escenas milagrosas obradas por la devoción hacia esta talla.

Según las diversas informaciones recopiladas, la marcha de la talla original del Cristo de Valparaíso, desde San Juan de Aznalfarache, hasta su actual emplazamiento en la ciudad de Sevilla se desarrolló así:

Cuando el padre de Rafael Halcón García del Cid, es decir, Rafael Halcón y Halcón, III Marqués de Montana, vendió la finca de Valparaíso, en la carretera de Coria del Río, se llevaron el Cristo de la capilla y lo regalaron al colegio jesuita del Inmaculado Corazón de María, que se creó en la propia casa de los Villasís, para que estuviera en la misma Compañía que su hijo. De allí pasaría a la capilla del colegio Portaceli, donde el propio Rafael pudo volver a encontrarse con esta talla, en las distintas etapas que pasó allí.

Para conocer sobre los viacrucis realizados en Valparaíso, con la talla que lo replica desde mediados del siglo XX, haga clic aquí.

Para saber más sobre la finca de Valparaíso, haga clic aquí.

Capilla del Colegio Portaceli, año 2024.

La imagen del crucificado Cristo de Valparaíso preside el presbiterio de la capilla del Colegio Portaceli. Fotografía de la celebración del sacramento de la Confirmación en 2025.

Bibliografía:

-ANTEQUERA LUEGO, J. A. (2011): “Valparaíso, un Cristo para los Mares del Sur”. Sevilla, Facediciones.

-PINEDA NOVO, D. (1980): “Historia de San Juan de Aznalfarache”. Sevilla, Ayuntamiento de San Juan de Aznalfarache.

-SÁNCHEZ NÚÑEZ, P. (2018): “Las haciendas agrícolas del entorno de Sevilla y su valor histórico y artístico”. Texto de la Conferencia pronunciada en el Salón Carlos III de la Real Academia de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría el 13 de febrero.


Hemeroteca:

-“ABC de Sevilla”: “Rafael y el Cristo de Valparaíso”. Miércoles, 28 de mayo de 2014. Sevilla.

-“El Heraldo”. 7 de marzo de 1854. Madrid.

 

Otras fuentes:

-cofradesutrera.com/2020/09/el-destino-de-los-tres-crucificados.html

-cofradiastv.com/la-fascinante-leyenda-de-los-tres-cristos-el-prodigio-que-marco-la-devocion-en-sevilla-y-su-provincia

-diccionariomadoz.com

-elforocofrade.es/foros/index.php?threads/la-leyenda-de-los-tres-cristos.6190/

-fundacionloyola.com/portaceli/pastoral/

-lluviasypantanos.es/historia-climatica/sevilla

-sanjuandeaznalfarache.net/patrimonio/valparaiso.htm#

-sedecatastro.gob.es

-valparaisosevilla.com 

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