La talla original del Cristo de Valparaíso
es un tema muy especial dentro de la historia de esta finca situada en San Juan
de Aznalfarache. Datada como del siglo XVII, esta piadosa imagen de un
crucificado, de bulto redondo, en cartón piedra policrimado, no tiene un autor
conocido.
Por tanto, del mismo siglo mencionado
sería el primer hecho peculiar, milagroso o legendario que se asocia con la
misma. El XVII conde Peñaflor y Argamasilla, Luis Manuel Halcón y de la Lastra
contaba que, según la leyenda familiar, esta imagen iba en un barco para
Iberoamérica y que se paró a la altura de la finca y, hasta que no descargaron
la imagen, no puso seguir su singladura.
En general, aunque hay varias versiones la
leyenda es así:
Cierta
carabela había partido del puerto de Sevilla con destino al Nuevo Mundo recién
descubierto. Entre la tripulación, iba un grupo de misioneros franciscanos, que
iban a las nuevas tierras para evangelizarlas y fundar tres misiones, pues
llevaban en la bodega, entre las mercancías, tres imágenes de Crucificados como
titulares de las fundaciones.
A
la hora de partir la carabela, aún con viento y corriente favorable, no
navegaba, por lo que el capitán ordenó aliviar la carga, pensando que se
encontraba varada, y entre los bagajes, desembarcó uno de los Crucificados,
momento en que el barco comenzó a moverse, por lo que pensaron que se trataba
de un milagro, que significaba el deseo de que permaneciese allí, quedándose
dicha imagen en Sevilla.
Poco
después, al pasar el barco frente a la Hacienda de Valparaíso, término de San
Juan de Aznalfarache, esté se paró de nuevo, por lo que se volvió a dar órdenes
de aliviar la carga, dándose la circunstancia de que en el instante en que se
bajó el segundo de los Crucificados, la nao se puso, otra vez a navegar, lo que
les llevó a dejar dicha imagen en la capilla de la indicada Hacienda.
Continuando
su curso hacía la mar, la nao volvió, por tercera vez a pararse; esta vez,
frente a Coria, al pie del Cerro de San Juan, por lo que dado lo sucedido en
las dos ocasiones anteriores, comenzaron a aliviar nuevamente la carga, hasta
que, bajado el tercero de los Crucificados, el barco reinició sus movimientos,
razón por la que decidieron depositar esta tercera imagen en la ermita de San
Juan Bautista. Desde el puerto coriano, siguió la flota rumbo hacía a la mar,
llevando al Nuevo Continente el Evangelio, y en donde fundaron la ciudad de
Vera-Cruz, en Nueva España.
Las otras dos imágenes de Cristo
crucificado, que relata esta narración, están datadas como del siglo anterior a
la que protagoniza este texto. Esta leyenda sería un cuento que propone una
respuesta al desconocido origen de estos tres magníficos cristos, de los cuales
se desconoce su verdadera historia.
En 1849, el político Pascual Madoz, en su
“Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España...”, menciona que
en la hacienda de Valparaíso existe “un oratorio público, con una efigie de Cristo
Crucificado, muy venerada en los pueblos inmediatos”.
Pero la leyenda de esta talla denominada como el Cristo de Valparaíso
continuará aumentando y, aunque no se mencione en la siguiente noticia el
nombre de la finca, por su contenido queda claro que se refiere a la misma. En
1854, aparece en el periódico “El Heraldo”, el siguiente texto:
Cuenta
un periódico de Sevilla que, en una hacienda próxima al pueblo de San Juan de
Aznalfarache, ha tenido lugar un suceso que trae asombradas a las gentes de los
alrededores.
No
hace mucho que, en una capilla de dicha hacienda, se da culto a dos imágenes, a
quienes ya se atribuyen multitud de milagros y, hace pocos días que, al
anochecer, observaron el capataz de la hacienda y su hija que la capilla estaba
iluminada… “¡Horror!”, corrieron hacia ella y vieron, con asombro, encendidas
las velas del altar, sin que pueda comprenderse quién hubo de encenderlas, pues
tanto el capataz y su hija, como el guarda, que son los únicos habitantes de la
hacienda, juran y perjuran que ellos no lo verificaron.
En
las haciendas comarcanas y en los vecinos pueblos de San Juan y Tomares se
considera este hecho como un nuevo milagro, por medio del cual manifiestan las
imágenes que desean luz.
¡Quién
sabe lo que habrá en esto!
Para la siguiente historia que cuenta como
protagonista con el Cristo de Valparaíso, seguimos lo que registra, en su libro
de la historia local, Daniel Pineda Novo, frente a las indicaciones posteriores
sobre estos mismos hechos de Juan José Antequera Luengo, ya que la sequía de
finales del siglo XIX fue mucho mayor que la de 1905 y que, al ir hacia el
pasado, hay mucha menos información veraz que pueda sustentar lo descrito a
continuación:
Calificada
como “sequía extrema” o “megasequía” de varios años, en febrero de 1892, los
vecinos de San Juan recurrieron al Cristo de Valparaíso, junto con las
poblaciones vecinas, que acudían a esta imagen en rogativas públicas, pidiendo
la lluvia. Nuestra localidad incluso llevó a la finca de Valparaíso a la Virgen
de los Dolores, a través de unos campos áridos y sedientos. En el interior de
la capilla de la casa palacio, esta imagen de la Virgen se depositó a los pies
de su Hijo y los fieles prorrumpieron en profundo llanto, mientras rezaban el
rosario y entonaban “Perdón, Dios mío”.
Concluidos
los rezos previstos y los llantos, salieron de la capilla y el cielo se cubrió
de nubes y, antes de llegar la procesión a la carretera, comenzó a caer una
llovizna que, rápidamente, se hizo torrencial, teniéndose que refugiar la
imagen de la Virgen en la Capilla del Rosario (pues aún no existía el templo
parroquial de San Juan Bautista, en el Barrio Bajo, sino que continuaba
siéndolo el del cerro). En la capital hispalense y en Rociana quedaron
registrados hechos parecidos.
En 1947, el escritor cigarrero Salvador
Fernández Álvarez, en su recopilatorio “Prosas de la vega y las marismas”,
rememora cómo, desde principios del siglo XX, tras aquel prodigio, los
ganaderos que conducían sus toradas a las marismas, se destocaban en señal de
respeto y agradecimiento ante las puertas de la finca, “no sin antes haber
revoleado el ancho sombrero en saludo al Cristo de Valparaíso”.
Aquellos hechos de finales del siglo XX se
pueden calificar como milagro, como leyenda, como casualidad o como invención;
en cualquier caso, suponen una bonita narración para la historia de San Juan de
Aznalfarache, que dejó registrada Daniel Pineda Novo.
Es este mismo autor quien también señala
que todos aquellos extraordinarios acontecimientos (y muchos más,
presuntamente) eran conocidos por los vecinos de Gelves, San Juan de
Aznalfarache, Coria del Río y Mairena del Aljarafe, y esta imagen de Cristo
tuvo una ingente devoción entre estas poblaciones; prueba de ello, la daban las
paredes de la capilla oratorio de la finca, que se hallaban cubiertas de
exvotos: muletas, trenzas, mortajas, figurillas de plata o cera, representando
partes del cuerpo humano, y una multitud de pequeños cuadros pintados,
asemejando escenas milagrosas obradas por la devoción hacia esta talla.
Según las diversas informaciones
recopiladas, la marcha de la talla original del Cristo de Valparaíso, desde San
Juan de Aznalfarache, hasta su actual emplazamiento en la ciudad de Sevilla se
desarrolló así:
Cuando el padre de Rafael Halcón García del Cid, es decir, Rafael Halcón y Halcón, III Marqués de Montana, vendió la finca de Valparaíso, en la carretera de Coria del Río, se llevaron el Cristo de la capilla y lo regalaron al colegio jesuita del Inmaculado Corazón de María, que se creó en la propia casa de los Villasís, para que estuviera en la misma Compañía que su hijo. De allí pasaría a la capilla del colegio Portaceli, donde el propio Rafael pudo volver a encontrarse con esta talla, en las distintas etapas que pasó allí.
Para conocer sobre los viacrucis realizados en Valparaíso, con la talla que lo replica desde mediados del siglo XX, haga clic aquí.
Para saber más sobre la finca de Valparaíso, haga clic aquí.
Bibliografía:
-ANTEQUERA LUEGO, J. A. (2011):
“Valparaíso, un Cristo para los Mares del Sur”. Sevilla, Facediciones.
-PINEDA NOVO, D. (1980): “Historia de
San Juan de Aznalfarache”. Sevilla, Ayuntamiento de San Juan de Aznalfarache.
-SÁNCHEZ NÚÑEZ, P. (2018): “Las haciendas agrícolas del entorno de Sevilla y su valor histórico y artístico”. Texto de la Conferencia pronunciada en el Salón Carlos III de la Real Academia de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría el 13 de febrero.
Hemeroteca:
-“ABC de Sevilla”: “Rafael y el Cristo
de Valparaíso”. Miércoles, 28 de mayo de 2014. Sevilla.
-“El Heraldo”. 7 de marzo de 1854.
Madrid.
Otras fuentes:
-cofradesutrera.com/2020/09/el-destino-de-los-tres-crucificados.html
-cofradiastv.com/la-fascinante-leyenda-de-los-tres-cristos-el-prodigio-que-marco-la-devocion-en-sevilla-y-su-provincia
-diccionariomadoz.com
-elforocofrade.es/foros/index.php?threads/la-leyenda-de-los-tres-cristos.6190/
-fundacionloyola.com/portaceli/pastoral/
-lluviasypantanos.es/historia-climatica/sevilla
-sanjuandeaznalfarache.net/patrimonio/valparaiso.htm#
-sedecatastro.gob.es
-valparaisosevilla.com





No hay comentarios:
Publicar un comentario