NOTA DE LA
ADMINISTRACIÓN DEL BLOG: Este texto, por las fechas en que se desarrolla, siglo
XVIII, hace alusión al anterior nombre de San Juan de Aznalfarache
(oficialmente, desde su segregación de Tomares, en el año 1890), por lo que,
para ser fiel a la realidad de los textos aquí compartidos, en todo momento,
nuestra localidad será denominada San Juan de Alfarache, como también lo fuera en
los tiempos de Mateo Alemán y su “Guzmán de Alfarache”.
NOTA: También destacamos que hemos obtenido los textos conocidos sobre las gestiones a favor y en contra de la instalación del teatro de comedias, pero que, por su extensión, nos vamos a ceñir sólo a las partes en que se refieren a San Juan de Alfarache. A través de los libros, citados en la bibliografía y en la hemeroteca de este artículo, se pueden encontrar todos.
Introducción sobre lo
que pasó en el siglo XVII.
Con motivo de la peste que, en el año 1679, sufrió gran parte de Andalucía, ciertos predicadores misioneros jesuitas, como Tyrso González, predicaron contra la mundaneidad de las comedias, que hacían que estos males se expandieran en la sociedad, por lo que el gobierno de la Ciudad de Sevilla decidió suspenderlas. Y he aquí el origen de esta controversia, pues en los tiempos venideros, como veremos a continuación, se argumentó si aquello sólo fue una medida temporal (como lo es propiamente una suspensión), o definitiva, es decir, una prohibición.
La ópera, con
actores italianos, se establece en Sevilla en el siglo XVIII.
Aquella
norma restrictiva cambió en la capital hispalense, a mediados del siglo XVIII,
pues el asistente (corregidor, magistrado o alcalde nombrado por el rey)
sevillano don Ramón de Larumbe, ante la solicitud de un empresario llamado don
Antonio Ribaltó, para hacer representaciones en la urbe, se avino a ello y
consintió para que así fuese.
Se
le permitió a una compañía italiana establecerse en la urbe, para ofrecer a los
ciudadanos obras de ópera y zarzuela, las cuales no consideraba perjudiciales
la Iglesia para la población, porque sus argumentos no eran profanos, llegando
incluso a realizarse representaciones en templos y en teatros provisionales. El
pueblo, el vulgo, más llano y menos formado, sin embargo, no se satisfizo con
estos espectáculos tan fuera de su alcance y he aquí que un actor y empresario
llamado don José Chacón vio una oportunidad de negocio.
El asistente fue quien permitió las representaciones, de las cuales se desentendió el Cabildo hispalense que, como veremos más adelante, sin embargo, se opuso al establecimiento de las comedias.
Las circunstancias
administrativas de San Juan de Alfarache, en aquella segunda mitad del siglo
XVIII.
La aldea de San Juan de Alfarache no pertenecía a la jurisdicción del Cabildo sevillano, sino que era de jurisdicción señorial, y esta pertenecía en aquellos momentos (1766-67), al XII Duque de Alba de Tormes, don Fernando de Silva y Álvarez de Toledo, X Marqués de El Carpio, quien nombraba a las justicias y Cabildo municipal de la villa de Tomares, a cuyo Concejo pertenecía San Juan. Ello significaba que, pasado el cauce del Guadalquivir, se abría un espacio sobre el que la jurisdicción del Cabildo civil sevillano se quebraba, lo que puede explicar esa cuña de tolerancia teatral que se introdujo en la Sevilla de esos años. Así se pudo instalar una compañía de comedias en San Juan de Alfarache, pese a la disconformidad del Cabildo hispalense.
24 de septiembre
de 1766, comienzan las comedias en San Juan de Alfarache.
Nos
consta que el empresario don José Chacón, autor de aquella compañía, había
ganado la orden o el permiso, con fecha 28 de mayo de 1766, para establecerse
en las Ciudades, Villas y Lugares de estos Reinos de la Península Ibérica.
Confirmada
por varias fuentes, la primera representación en nuestra localidad tuvo lugar
el 24 de septiembre. Don José Chacón conocía la prohibición para establecerse
en la ciudad hispalense, por lo que lo hizo en el lugar más cercano, una aldea
a “una legua” (en los textos varía esta
distancia, por lo que más bien podríamos decir que lo importante era la
cercanía), que “aún no se compone de cien vecinos”, siendo la mayoría
“pobres trabajadores del campo” (en
palabras del propio empresario), llamada San Juan de Alfarache.
El
18 de noviembre de este año, consta que sobrevino una tempestad de agua y
viento, que derribó gran número de árboles, como los álamos en la Alameda de
Sevilla y en los alrededores de la ciudad. El río se salió de su cauce e inundó
la vega de Triana, impidiendo que pudieran volver a la urbe hispalense, quienes
esa tarde habían ido a la comedia en San Juan de Alfarache.
El interés del empresario no era quedarse en la pequeña villa, sino que, en cuanto contara con el permiso, quería realizar sus funciones en la capital, por lo que envío un memorial al Conde de Aranda, primer ministro de la época, que dirigía el Concejo de Castilla.
12 de febrero de
1767, memorial de José Chacón al Concejo de Castilla, para poder instalarse en
la ciudad de Sevilla.
En
vista del permiso otorgado al señor Ribaltó, don José Chacón, como empresario
de comedias, que ofrecía sus actuaciones en aquel teatrillo en la inmediata
aldea de San Juan de Alfarache, elevó un razonadísimo y bien escrito memorial
al Presidente del Concejo de Castilla, cargo que desempeñaba el primer ministro
del Rey Carlos III, el Conde de Aranda, solicitándole autorización para
construir en Sevilla un teatro de nueva planta y explotarlo durante diez años,
al cabo de los cuales, pasaría a ser propiedad de la ciudad o de quien se
dispusiese.
Entre
los argumentos del señor Chacón, comunicaba que su teatro, al estar situado en
la pequeñísima aldea de San Juan de Alfarache, distante media legua de la
capital, se veía constantemente lleno de público sevillano y por el bien de sus
espectadores, pedía permiso para establecerse en la ciudad, por el bien de sus
espectadores, ya que “es diferencia muy material el que estén establecidas a distancia de una
legua, lo cual sólo sirve para que los vecinos, que van a buscar esta
diversión, tengan que sufrir la incomodidad, de un camino, y con él, lo que
ofrece la variedad de los tiempos: los fríos, y aguas del invierno; y los
rigores del sol en el verano; y lo que es más, el haber de restituirse a sus
casas de noche”.
El suplicante estaba convencido de que, puesto que se había establecido la ópera en la ciudad hispalense, también podrían representarse las comedias.
20 de febrero de
1767, petición de información a Sevilla, por parte del Conde de Aranda, Presidente
del Concejo de Castilla.
El Conde de Aranda, político ilustrado, gran protector del teatro, acogió favorablemente la iniciativa de Chacón y pide informes al Cabildo de Sevilla. Este es el texto íntegro:
“Por Joseph Chacón, Author de la Compañía de Cómicos, actualmente establecida en el Lugar de San Juan de Alfarache, en esa inmediación se me ha hecho la instancia, que reconocerá V. S, por el adjunto memorial, en cuya vista, y con su devolución, me informará V. S. lo que en su asunto se le ofreciere. Nro. Señor prospere a V. S. en la mayor felicidad: Madrid, 20 de Febrero de 1767.—El Conde de Aranda,—Muy Noble y M. S. Ciudad de Sevilla”.
18 de marzo de
1767, contestación de desaprobación al teatro, desde el Cabildo secular de
Sevilla al Concejo de Castilla.
El Cabildo reseñó todas las malas
experiencias previas, como que se incendiara por disturbios y en dos ocasiones,
el teatro que existió en Sevilla, en el siglo XVII, aparte de señalar que estas
distracciones “tanto relajaban las costumbres y tanto daño causaban a la
sociedad”.
También contestaban los argumentos del
señor Chacón, expresando también la negatividad por el desplazamiento de los
vecinos: “la experiencia de lo que pasa
(no sin sentimiento grave de la Ciudad), con las Comedias introducidas en el
lugar de San Juan de Alfarache, a donde van muchos, gastando la mayor parte del
día en la ida, y vista de la Comedia, y volviendo a sus casas muy entrada la
noche, usando de las libertades, que ella oculta”.
En la conclusión del escrito queda clara
la respuesta del cabildo, en atención a las resoluciones reales previas:
“Se retire luego de estas inmediaciones la compañía cómica, establecida en el lugar de S. Juan de Alfarache; sin que jamás pueda, ni en otra alguna de su especie, formar pretensión a venir a Sevilla, o sus cercanías”.
22
de marzo de 1767, contestación de desaprobación al teatro, del Arzobispo de
Sevilla, Mons. D. Francisco de Solís y Folch de Cardona, al Concejo de
Castilla.
El prelado, con un escrito vehemente
contra las comedias y sus repercusiones en la sociedad, volviéndola ociosa, no
hace mención a nuestra localidad, por lo que sólo destacamos este párrafo de su
escrito, por el cual incluye, no sólo a la ciudad, sino a todo el arzobispado
en el ruego de prohibición de las representaciones:
“Imploro
el favor de V. E. para que se digne mandar que no se permitan las Comedias, ni
Óperas Italianas en esta Ciudad, ni en otra cualquiera o Pueblos del
Arzobispado”.
Con estos dos últimos escritos, explicamos que los miembros del gobierno municipal, el Cabildo sevillano, optaron por cerrar filas y buscaron el apoyo del Arzobispo para, entre ambas instituciones, hacer recaer la culpabilidad del establecimiento de la ópera en la ciudad, en el asistente Larumbe, que había contrariado la ya supuesta antigua voluntad contra el teatro de las autoridades locales y de haber impuesto un espectáculo (la ópera), a un pueblo que, según ellos, la detestaba y, más aún, las comedias.
10 de abril de
1767, nuevo memorial de José Chacón, enviado al Concejo de Castilla,
argumentando los textos anteriores del Cabildo y del Arzobispo.
En
este documento hallamos que don José Chacón, definiéndose a sí mismo como “Autor de la Compañía de Cómicos, que
representó en la temporada pasada, en el lugar de San Juan de Alfarache”,
estaba residiendo en la capital y no en la localidad.
Centrándonos
en las indicaciones sobre nuestra villa, explica:
“En las comedias que el suplicante representa en dicho lugar de San Juan de Alfarache, distante poco más de un cuarto de legua de esta ciudad, se vio, asimismo, el ardor con que el pueblo de ella se entregaba a esta diversión, pues fue preciso, para satisfacerlo, representar dos en todos los días festivos y en algunos de trabajo, y hubo muchos en que se volvió más gente que la que asistió a la diversión, por no caber en el teatro”.
Sólo compartimos un párrafo de un extenso
texto que, por el tono con que se escribe, el lenguaje utilizado y la riqueza
de argumentación jurídica y teológica, junto a referencias a acuerdos
municipales que sólo podía conocer alguien que formara parte del gobierno,
parece más de la autoría del asistente Larumbe, que del propio empresario
Chacón, para contrarrestar los dos informes anteriores que le llegaron al Conde
de Aranda, por parte del Cabildo y del Arzobispado.
16 de junio de
1767, resolución definitiva del Concejo de Castilla, con la aprobación para la
instalación del teatro en Sevilla.
Después
de todas las argumentaciones y contraargumentaciones anteriores, llega el
documento que cierra esta etapa, una Real Orden, rubricada por don Ignacio de
Igareda que permite al empresario don José Chacón dar el salto a la ciudad de
Sevilla y hacer sus representaciones como estime conveniente, dentro de la
legislación, permitiendo así la representación de comedias en la capital y en
los demás pueblos.
“Se
había establecido una Compañía de cómicos, que representaban diariamente en el
lugar de San Juan de Alfarache, distante media legua de esa Ciudad: y que,
habiendo dado orden a sus Justicias, para que suspendiesen esta diversión, o
informasen los fundamentos de su admisión, se le había respondido que José
Chacón, autor de aquella Compañía, había ganado orden, con fecha 28 de mayo de
1766, para establecerla allí y en otras Ciudades, Villas y Lugares de estos
Reinos”.
Dirigido al asistente sevillano, el señor
Larumbe:
“Al
mismo tiempo expuso V. S. los reparos que encontraba de continuar representando
la citada Compañía en el expresado lugar de San Juan de Alfarache, como en otra
cualquiera de las inmediaciones de esa capital.
El
Concejo, enterado de todo, y con vista de lo expuesto en el asunto por el Sr.
Fiscal, acordó ponerlo en la Real noticia de S. M., con su parecer: con el que
conformándose su Real Persona, se ha servido mandar:
Que,
sin embargo de las citadas Reales Órdenes, que prohíben la representación de
Comedias en esa Ciudad y demás pueblos de su Arzobispado; y de otras que la
prohíban en cualesquiera Ciudades o Villas de estos Reinos, puedan
representarse generalmente en Sevilla, y en todas ellas, precediendo ante todas
cosas, que las Justicias de la Ciudad, Villa o Lugar donde se hubiere de
establecer esta representación, arregle el orden que en el teatro deban observar
los actores o representantes, y los espectadores, de forma que se evite todo
motivo de escándalo, disturbio o exceso; y que propongan al Consejo, el
Reglamento que formen, para su aprobación y corrección en la parte que lo
necesite, y añadir las demás reglas que estime conducentes al buen uso y
régimen de los teatros públicos”.
El Conde de Aranda, que había reabierto los teatros de Madrid el año anterior, ordenó a los munícipes sevillanos el 16 de junio que aceptasen las representaciones teatrales, dentro de unas normativas específicas que se harían para la apertura y el funcionamiento de los teatros.
1788, existió un teatro que
fue derribado.
En 1779, volvió a surgir una nueva
prohibición desde el Concejo de Castilla en contra de las representaciones,
pero la demanda de diversiones, como en la ciudad de Sevilla, ya se había
consolidado. Y si no podían realizarse en el término municipal de una gran
ciudad, los artistas y los cómicos intentaban repetir el método que, como hemos
narrado, había dado resultados en 1767: establecerse en las cercanías de la
importante urbe.
Como ya indicamos antes, en esta segunda
mitad del siglo XVIII, San Juan de Alfarache, como villa y aldea bajo gestión
del Ayuntamiento de Tomares, junto con este municipio, era parte del señorío
del Duque de Alba, y Martín Valverde, en su tesis de 2025, comunica que,
durante su investigación, encontró una curiosa carta del noble al Arzobispo
Mons. D.
Alonso Marcos de Llanes Argüelles. Está fechada
en enero de 1788 y en ella le contesta a la que denomina “primera noticia” de
que se está construyendo un teatro en su villa de San Juan de Alfarache y que:
“[…] además
de que con esta fecha doy la correspondiente orden a aquellas justicias para su
demolición […] me es indispensable enterar a V.S.I. de la certeza con que a los
mismos que habían promovido la obra, y acaso la especie de tener mi permiso,
les consta por experiencia que jamás podrían obtener de mi éste, pues en al año
de 1779, que solicitó establecerse en la
citada villa una compañía de cómicos, no lo consintió el gobernador de aquel
estado sin embargo de que personas muy condecoradas de Sevilla protegían este
intento, cuyo hecho le aprobé previniéndole continuaré en negarlo y que si
acudían a mi como se creía, sufrirían igual repulsa.
En
el año de 1783, hubo igual pretensión en mi villa de Camas también de mi estado
de Olivares como aquella y contigüa a la propia ciudad y no obstante que el
Autor de la Compañía quiso hacer valer un despacho que llevaba del señor
corregidor de esta corte como Protector de Teatros del Reino también le negué
la entrada en ella para representar y dispuse que el gobernador de todo aquel
estado proveyese autos y dirigiese cartas circulares a todos los pueblos de él,
siendo uno de ellos San Juan de Alfarache para que supiesen que en ninguno de
ellos habían de permitir sus justicias semejantes funciones”.
Situación administrativa de
San Juan de Alfarache a finales del siglo XVIII.
Continuando bajo la administración civil
del Ayuntamiento de Tomares, ahora la jurisdicción de San Juan de Alfarache
y, del conjunto del municipio, de la XI Marquesa del Carpio y XIII Duquesa de
Alba, María del Pilar Teresa Cayetana de Silva y Álvarez de Toledo, que era
además esposa del XV Duque de Medina-Sidonia, José María Álvarez de Toledo y
Gonzaga.
Nuevamente, una compañía de cómicos, en
este caso, de don José Solís, tal y como hizo don José Chacón en su momento,
trata de establecerse en Sevilla, a pesar de una nueva prohibición teatral, que
comenzó en 1779 y que llegaría hasta el año 1795, instalándose previamente en
la cercana aldea de San Juan de Alfarache.
Por los datos que hemos obtenido, esta compañía se estableció con más medios e infraestructuras de los que lo hizo la primera, pero el desarrollo de los acontecimientos fue similar y también, nuevamente, se enfrenta al rechazo del poder civil y del Arzobispado.
Febrero
de 1793, nuevas peticiones al Cabildo sevillano para establecer un teatro de
comedias en la ciudad.
Dª. Antonia Díaz Padros, como autora de
una compañía cómica, con residencia en Madrid, y otro empresario, de nombre don
José Solís, que dirigía una agrupación de cómicos que ya estaban actuando en
San Juan de Alfarache, envían sendas peticiones al Cabildo sevillano para
establecer un teatro permanente de comedias en la urbe. Sin embargo, a ambos se
les denegó el permiso, que sí se le dio al promotor italiano Lázaro Calderi,
para sus representaciones.
Si bien la primera mencionada se conformó
con la negativa, el segundo recurrió contra la decisión municipal, ya que
contaba con una licencia del Concejo de Castilla “para representar
privativamente en los Reinos de Andalucía”. Este permiso era, a su vez, lo que
le autorizaba a instalarse en San Juan de Alfarache, como lo hiciera
anteriormente don José Chacón, construyendo también un teatro provisional y
pactando, con la Justicia municipal, el contribuir, con seis maravedíes por
espectador, para la reedificación de una capilla, cuya construcción y
habilitación era absolutamente necesaria, pues los feligreses carecían de misa
en aquel pueblo por no tener lugar capaz ni cómodo para ello (el convento de
los frailes franciscanos estaba en la parte alta y, a su vez, alejada de la
urbe junto al río). Este acuerdo local para la instalación del empresario de
espectáculos deja claro que se refiere a la construcción o reconstrucción de la
Capilla de Nuestra Señora del Rosario, en la calle Real del Barrio Bajo de San
Juan de Aznalfarache.
El señor don José Chacón lo hizo, según confesó, con la esperanza de poder establecerse después en Sevilla, «fin único que le movió a aproximarse a ella».
1793,
la Compañía Cómica de San Juan de Alfarache.
Una de las diferencias entre la
primera compañía que se estableció en nuestra localidad y esta segunda
agrupación es, que estos últimos, se pusieron nombre, en el que se refleja el
lugar en el que actúan, para una más eficaz y clara promoción de sus eventos:
Compañía Cómica de San Juan de Alfarache.
Si bien antes mencionamos que
la petición para actuar en Sevilla se realizó en febrero, la primera noticia
que nos consta de que estaban actuando con público, nos llega del 21 de mayo,
por la cual, un patrón de barco, llamado Chicuelo, con dos embarcaciones a su
mando, que atracaba en el embarcadero de la Torre del Oro, los ponía a
disposición del público para, partiendo a las cuatro y a las cinco de la tarde,
llevar a los sevillanos por el río, hasta San Juan de Alfarache y así disfrutar
de la diversión que, en este pueblo, hace una Compañía de Cómicos. El precio
fijado era dos reales de vellón por pasajero.
Ofrecemos a continuación las
noticias encontradas sobre esta compañía teatral, de forma textual, indicando
previamente la fecha de aparición de las mismas:
-Sábado, 15 de junio de 1793. Número 165.
Mañana
Domingo, la Compañía Cómica de San Juan de Alfarache ofrece representar una
función teatral, compuesta de dos Saynetes: el primero “El Bruto de Babilonia”,
con dos decoraciones de selva y jardín, y de una elevación de hermosa
perspectiva; y el segundo titulado “El Labrador y el Usía”, y se dará fin con
una buena Tonadilla. A las 7.
-Miércoles, 19 de junio de 1793. Número
169.
Mañana,
20 del corriente, representará la Compañía Cómica de San Juan de Alfarache una
nueva función compuesta de dos particulares Saynetes: el primero, “La Cecilia”,
escrita al estilo moderno, con una famosa Tonadilla. A las 7.
-Domingo, 23 de junio de 1793. Número 173.
Mañana,
lunes 24 representa la Compañía Cómica de San Juan de Alfarache una primorosa
función compuesta de dos famosos Saynetes; el primero, titulado “El mayor contrario
amigo”; y “Diablo Predicador”; la que será adornada de una excelente Tonadilla
, y se bailarán boleras. A las 7.
-Viernes, 28 de junio de 1793. Número 179.
La
Compañía Cómica de San Juan de Alfarache representará, el sábado 29 del
corriente, una función teatral compuesta de dos nuevos Saynetes: el primero,
titulado “El Negro más Prodigioso”; y el segundo, “El Chico y la Chica”. Dicha
función será adornada de una particular decoración, que forme un hermoso
laberinto de arcos, con tres elevaciones, las cuales se elevarán a un mismo
tiempo, y se cantará una excelente Tonadilla. A las 6.
Por estas noticias publicadas en prensa, podemos conocer que esta segunda compañía contó con decorados para sus interpretaciones, por lo que tuvo que construir, aunque
fuese de madera, un teatro más complejo. El que la gente pudiera venir en barco
parece mostrar que debió ser en un lugar del Barrio Bajo, cercano al río.
Otro dato, que desconocemos de la primera compañía que se instaló por aquí, pero sí que podemos afirmar de esta segunda, es que contaba con músicos, como don Dionisio Villanueva y Ochoa, conocido como Dionisio Solís, que nació en Córdoba, en 1772; sus padres eran cómicos de profesión y, a pesar de las dificultades, estudia en Sevilla latín, retórica y poética, con Justino Matute; y música y composición, con el maestro Ripa, maestro de capilla de la catedral. En la temporada 1793-1794, estuvo formando parte, como violinista, de la compañía de José Solís, que estaba representando en San Juan de Alfarache. En 1795-1796, irá a Valencia, con Antonio Solís. Y en 1797, llega a Madrid.
31
de agosto de 1793, carta del Arzobispo hispalense, Mons. D. Alonso de Marcos
Llanes Argüelles, al alcalde D. Juan de Andrade.
Alarmado por la existencia de una Compañía
de Cómicos en la villa y apoyándose en la prohibición aún existente por las
resoluciones reales, el Arzobispo hispalense escribe una carta desde el Palacio
arzobispal de Umbrete (indica además que
le achacaba alguna enfermedad), que era la residencia veraniega de los
prelados sevillanos, de la cual mostramos los datos que nos interesan para la
historia de nuestra localidad:
“Muy señores míos: Desde el momento en que llegó a mí noticia de que en
esa villa se había establecido una Compañía de Cómicos y hacía sus
representaciones libremente y sin el menor reparo, se llenó mi corazón de
disgusto y amargura, sin que hasta ahora haya vuelto, por esta causa a su
natural tranquilidad”.
“Excitado de estas reflexiones iba a tomar la pluma para ponerlo en la
consideración de Vuestra Merced, a fin de que, por ningún motivo, ni pretexto, permitieren en esa villa la permanencia
de dicha Compañía, ni menos sus representaciones, cuando me
acometió la indisposición que no se les oculta y quedaron entonces sin efecto mis
justos deseos; pero convalecido algún tanto y debiendo llevarlos adelante, no
puedo menos de manifestarles que, desde el siglo pasado, han sido reclamadas
las diversiones teatrales en este Arzobispado, por sus sabios, virtuosos y
celosos Prelados”.
“En el año 1779, representó la ciudad de Sevilla los graves daños que se
experimentaban en la continuación de dichas diversiones en ella y en los
lugares en su jurisdicción; y mi antecesor, el Excmo. y Emmo.
Cardenal Delgado (Don Francisco Delgado y Venegas), con su celo
verdaderamente pastoral, esforzó cuanto en el particular expuso la Ciudad y
contribuyó a que, en virtud de este recurso, se mandasen suspender con la
cualidad de por ahora.
Siendo esto cierto y no constando que posterior resolución se haya
levantado dicha suspensión, no puede haber la menor duda en que debe obrar
todos sus efectos, sin permitirse las representaciones teatrales en Sevilla, ni
en ninguno de los pueblos de su Reinado, entre los cuales se cuenta ese”.
“Por otra parte, no
consta cuál sea la persona nombrada por mi jurisdicción para que, con arreglo a
Reales Órdenes, revea, apruebe, corrija o repruebe las piezas que se intenten representar, no pudiendo
ignorarse que este es uno de los puntos más delicados, que más puede influir en
la corrupción de las costumbres y que, por lo mismo, es digno de la mayor
atención y vigilancia.
Son de recelar, justamente, muchos males por la disposición del Teatro,
por no observarse las reglas de Policía que estén prevenidas; y no revisarse
las piezas que se dan al público; pero no
son menos ni menores los que necesariamente se siguen de la ida y vuelta de los
concurrentes de la ciudad de Sevilla y pueblos inmediatos; y es un punto este
que me horroriza y me hace estremecer al mismo tiempo, que me llena de rubor
sólo el considerarlo. No habrá hombre, por limitado que sea de talento, a cuya
imaginación no se presente la idea más abominable de desórdenes, viendo partir
juntos a San Juan de Alfarache, a una multitud de jóvenes de ambos sexos, y
volver de noche por una legua de despoblado. Parece que la malicia humana
ha agotado sus recursos en esta parte, contra la honra y gloria del Señor.
Estos males, siempre graves y siempre dignos del más propio remedio,
exigen la mayor atención, considerándose la lamentable situación de la
provincia. A nadie se le ocultan las calamidades que se han padecido en ella,
se están sufriendo y aún nos aguardan, por la escasez de todas las cosechas
propias de su suelo en el año presente y que, uno de los pueblos a quien ha tocado tan desgraciada suerte es San Juan
de Alfarache; y será posible que, cuando en los semblantes de sus vecinos y
moradores, se ve el retrato de la miseria, haya de haber un Teatro que incite
al infeliz jornalero a la disipación del fruto de su sudor, con abandono de sus
obligaciones y al que tenga modo de subsistir, sin tanta fatiga, a que
defraude a su prójimo de los auxilios que pudiera suministrarle. ¿Cuáles son
pues las proporciones de esta villa para sostener esta diversión, en medio de
tanta calamidad?
Y si es verdad que todos estamos interesados en los sucesos públicos y
de la Nación, ¿por dónde se conocerá en
San Juan que estamos manteniendo una tan larga y justa guerra? ¿Cómo se
comprenderá el dirigir diarias y continuamente nuestros sacrificios y oraciones
al Señor de los Ejércitos y tolerar un Teatro que, fomentando todas las
pasiones, irrite contra nosotros la misericordia del Señor, Dios nuestro?
Verdaderamente, no es fácil de comprender, ni que, mientras unos derraman la
sangre por la Patria, no asisten otros, sino a su diversión y pasatiempo.
Me he detenido más de lo que me había propuesto, pero la materia ofrece
un campo muy dilatado; son muy poderosos los argumentos y razones en favor de
la buena causa y mi obligación a defenderla me hace estremecer.
Por todo ello y por el acreditado celo de Vuestras Señorías Ilmas., por la honra y gloria de Dios Nuestro Señor, y por el bien del pueblo que tienen a su cargo, espero que, sin que les sea necesario otro recurso a que estoy dispuesto, harán que, inmediatamente, salga de ahí la referida Compañía de Cómicos, sin permitirles más representación por ningún título ni pretexto; así se lo ruego muy encarecidamente y, por la sangre que nuestro Señor Jesucristo derramó para salvarnos, a Quien pido guarde a Vuestras Mercedes muchos años en su santo amor y gracia”.
Tras este texto, aprovechamos para comentar que resulta muy llamativo el argumento del arzobispo “por ningún motivo, ni pretexto, permitieren en esa villa la permanencia de dicha Compañía, ni menos sus representaciones”, cuando estaba acordado, entre las autoridades locales y el empresario del teatro que, a cambio de su instalación en el término municipal, parte de la recaudación de las representaciones sería para la reedificación de la capilla en la urbe del pueblo.
24 de septiembre de 1793, respuesta del
Alcalde de Tomares y San Juan de Alfarache al Arzobispo hispalense.
Texto
íntegro:
Excmo. Señor: Habiendo encaminado el 28 del pasado al
Concejo, Justicia y Regimiento del lugar de San Juan de Alfarache, la carta de
Vuestra Excelencia, sobre que cesen las comedias que allí se hacen, han
provisto en su vista que, con los antecedentes que haya, se remitan en asesoría
al Licenciado don José Moreno Vosa, abogado de esta Ciudad con su dictamen,
acordar lo conveniente.
Aunque con la autoridad de Alcalde del Estado Noble,
he solicitado con eficacia se haga la remisión acordada, para que se evacúe el
punto de asesoría, no lo he podido conseguir, cuya resistencia procede de que,
de acordarse el que cesen dichas comedias, pierden las dichas Justicias y
escribano los salarios con que, por la dicha Compañía de Cómicos, se hallan
dotados.
La retardación de no haber hasta ahora dado cuenta a
Vuestra Excelencia de lo ocurrido, ha sido por ver si la podía dar concluyente
y del gusto de Vuestra Excelencia, no dejando de continuar haciendo los
esfuerzos posibles, hasta ver si se puede conseguir lo que se desea.
Dios guarde a Vuestra Excelencia muchos años que le
deseo y sus ovejas necesitan. Sevilla, septiembre 24 de 1793. Excmo. Sr. Don
Juan de Andrade.
Al Excmo. Sr. Arzobispo de Sevilla.
Tras el texto,
comentamos la indicación de don Juan Andrade (nombrado “José” en otros textos)
que hace sobre “que cesen las comedias que allí se hacen”, por la que suponemos
que era el alcalde propiamente de Tomares, por lo que veía esta circunstancia
desde la distancia, aunque bajo su gobierno.
Don Juan (o
José) de Andrade indica que es “Alcalde del Estado Noble”, es decir un cargo
histórico en ciertos municipios españoles, especialmente en el Antiguo Régimen,
cuya alcaldía estaba reservada a miembros de la nobleza o hidalgos. Aunque aún
no tenemos un dato concreto que lo facilite, tendemos a pensar que se trata de
un miembro de la familia Cavaleri quienes, desde el siglo XVII, fueron
hacendados con tierras en los términos de Mairena del Aljarafe, San Juan de
Alfarache y la propia Tomares.
Además, este
gerente local añade otro elemento muy interesante a la trama del teatro, pues
afirma que tanto las Justicias locales, como el escribano de este lugar,
percibían emolumentos de la Compañía de Comedias, y si esta cesaba sus
representaciones, también se acabarían esos salarios. ¿No era sólo el dinero
para la reedificación de la capilla como se indicaba antes? De momento, no
podemos esclarecer más esta situación.
5 de octubre de 1793, las tres cartas del Arzobispo
hispalense.
Aunque los siguientes escritos sean del
mes de octubre, el Arzobispo de Sevilla, las sigue escribiendo desde el Palacio
arzobispal en Umbrete, según parece, con motivo de su dolencia, que le impide
desplazarse o, quizá, porque en aquel lugar reciba mejor tratamiento a sus
males.
Este día es la referencia para tres escritos del prelado, siendo los dos primeros para la autoridad municipal en San Juan de Alfarache, aunque con una diferencia significativa que desarrollamos tras exponerlos íntegramente:
1ª.-
Carta del Arzobispo.
Señores, de la Junta, Consejo y Ayuntamiento de San Juan de Alfarache.
Muy señores míos: Habiendo manifestado a Vuestras Mercedes, con fecha
31 de agosto de este año, los grandísimos daños y ruinas espirituales que se
seguían al permitir en esa villa las representaciones cómicas, excitando de su
celo por la honra y gloria de Dios, y beneficio público, para que dispusiesen
que, inmediatamente, saliese de ella la Compañía que las estaba haciendo, y no
habiendo tenido, a esta fecha, ni aún aviso del recibo de mi carta, no puedo
menos de extrañarlo, ni dejar de repetir mis oficios, porque cada día crecen
los desórdenes que tanto afligen mi corazón y para cuyo remedio, en fuerza de
la obligación que me impone mi ministerio, debo no omitir medio ni recurso
alguno.
Espero que Vuestras Mercedes, para entablar el que corresponda, no difieran por más tiempo la contestación en los términos que tengan por conveniente darla, y ruego a Vuestras Mercedes las guarde Dios muchos años. Umbrete, 5 de octubre de 1793.
2ª.-
Carta del Arzobispo.
Muy señor mío y de toda mi estimación, por la de
Vuestra Merced de 24 del anterior, quedo enterado del acuerdo de las Juntas de
la villa de San Juan de Alfarache, en vista de mi carta para que depusiesen la
pronta salida de la Compañía de Cómicos que se halla allí, por los daños y
ruinas espirituales que se siguen de sus representaciones; en consecuencia, no
puedo menos de extrañar dos cosas, a saber: que a esta fecha no se me haya
acusado siquiera el recibo de la citada carta; y la grande, irreparable
lentitud con que se procede en un asunto tan interesante a la causa de Dios
Nuestro Señor, y digno de toda preferencia. Por lo mismo, les dirijo la
adjunta, repitiendo mi oficio e instando por contestación, esperando que
Vuestra Merced se sirva darle el curso más posible a que tenga el debido efecto
mis justas intenciones, pero recelo de que se espira, con esta dilación, a que
queden ilusorias, dejando pasar la temporada de las representaciones.
Me ofrezco a la disposición de Vuestra Merced y ruego
Nuestro Señor guarde su vida muchos años. Umbrete, octubre 5 de 1793.
Al Señor Don Juan de Andrade.
Podemos comentar que la primera parece un borrador, en el que se manifiesta que no se ha recibido el escrito anterior de 24 de septiembre, algo que sí se expresa en la segunda, que sería la que realmente envió el Arzobispo. En ambas se queja de que no se haya actuado ya para expulsar a la compañía de cómicos de la localidad y de que incluso parece que se les esté consintiendo terminar la temporada de actuaciones.
3ª.-
Carta de Arzobispo.
Muy señor mío: Habiendo manifestado a las Justicias de esa villa, con
fecha 31 de agosto de este año, los daños y ruinas espirituales que se seguían
por que permaneciese en ella la Compañía de Cómicos, que estaba haciendo sus
representaciones, para que se dispusiesen sin dilación, cesasen y se retirase
dicha Compañía, no he merecido ahora que aún se me haya acusado al recibo de mi
carta. Por esta razón y porque, según he llegado a entender, crecen los males,
me veo en la necesidad de repetir hoy mis oficios necesarios por la
contestación, pues me hallo en gravísimo cuidado.
En tales circunstancias, no puedo menos de notificarlo todo a Vuestra
Reverencia, para que procure saber la causa de tanta demora, significar mi
extrañeza por ella y contribuir a que el Ayuntamiento dé la respuesta que
juzgue oportuna para mi gobierno y poder tomar los recursos que convengan.
Al mismo tiempo, encargo a Vuestra Reverencia, mucho y con la mayor
eficacia que, como que ejerce ahí las funciones de párroco, observe
y cele si asisten algunos eclesiásticos a las representaciones y me dé cuenta
si ante la clase y circunstancias que fuesen para los efectos que haya lugar.
Nuestro Señor guarde a Vuestra Reverencia muchos años.
Umbrete, octubre 5 de 1793.
Al Reverendo Padre Maestro del Convento de San Juan de Alfarache.
En este tercer
escrito, con fecha de 5 de octubre, nos llama poderosamente la atención que no
nombre a quien se dirige, pues parece que no lo sabe. Sí lo sabremos con la
respuesta que recibe.
El Arzobispo,
puesto que no recibe contestación de la autoridad civil, recurre a los
eclesiásticos presentes en la localidad, los frailes de la Orden Tercera de San
Francisco, para que vigilen si algún religioso asiste a las representaciones y
le dé parte de otras circunstancias o eventos que haya lugar para tener más
argumentos sobre lo que allí se desarrolla.
11
de octubre de 1793, carta del párroco de San Juan de Alfarache al Arzobispo
hispalense.
Texto íntegro:
Excmo.
Señor: Recibo de Vuestra Excelencia, el nueve del corriente, con fecha del
cinco del mismo, y obedeciendo sus mandatos, pasé sin omisión alguna a saber
del Ayuntamiento de este pueblo cuál era la causa de no haber dado respuesta a
la carta de Vuestra Excelencia.
Me dicen de palabra, y por sujeto de su confianza, le mandaron a decir a Vuestra Excelencia que, en sólo el asesor que ha de dar respuesta a ella, ha estado toda la demora. En lo demás, quedo con el cuidado de observar sus mandatos y dar cuenta de los eclesiásticos que asistan a estas comedias con escándalo y evitando todo el que pueda, como hasta aquí lo he ejecutado y lo sabrá Vuestra Excelencia de palabra, si para ello me concede su licencia, pues tendré a grande honor y complacencia pasar a besar la mano de Vuestra Excelencia, su más afecto capellán Fray Manuel Pérez de San José, ministro y cura. Alfarache, 11 de octubre de 1793.
Ciertamente, fray Manuel de San Josef es un religioso
reconocido en el Convento de San Juan Bautista, de la Orden Tercera de San
Francisco, en esta localidad de San Juan de Alfarache. De hecho, pasó mucho
tiempo en el mismo, pues constan registros suyos en los libros, desde 1751,
hasta el mismo año 1793, en el que no sabemos si falleció o cambió de destino.
En 1751 fue teniente de Cura (o vicario parroquial, como son denominados actualmente), de la Yglesia Parroquial del Sr. San Juan Baptista de Alfarache y de Nuestra Señora de Belén, en Tomares. En 1753, tenía el rol de teniente de Cura sólo en la primera; en 1753, Predicador Conventual, Ministro de la Comunión y teniente de Cura; en 1792 y 1793, figura como Ministro y Cura, en San Juan, solamente, suponemos que, por su avanzada edad, pues ya llevaría al menos 42 años siendo partícipe de la vida en el convento.
16 de octubre de 1793, carta del Alcalde de Tomares y San Juan de
Alfarache al Arzobispo hispalense.
Texto íntegro:
Al Excmo. Sr. Arzobispo de Sevilla:
Señor Excmo.: Traslado a manos de V.C. la adjunta carta que dirigen a
V.C. el Concejo, Justicia y Regimiento del lugar de San Juan de Alfarache, en
respuesta de la de V.C. de 31 de agosto último, sobre la atención a los
perjuicios que, en dicho lugar, está causando el establecimiento de Comedias,
cesasen estas y no se permitiese más representar.
Por ella, verá V.C. que no conceden su justa solicitud;
tampoco la niegan y si han tomado el medio que, de ella se demuestra, para
dilatar el particular, hasta que se le cumpla la licencia concedida o entren
las lluvias de la presente invernada.
Aunque con la personalidad de Alcaide por el Estado
Noble, con que me hallo, he practicado cuantas diligencias han sido
conducentes, a fin de que se lograsen las justas intenciones de V.C., no lo he podido conseguir antes si todos se
han aunado y me han dejado solo, y para haber puesto el asunto en los términos
en que hoy se halla, me ha costado muchos pasos y algunas desavenencias.
Además, que esta resistencia no consiste sólo, como tengo dicho a V.C.,
en que, de acabarse las comedias, pierdan las Justicias con que se hallan
dotadas. Si también por tener a la frente a distintas personas de graduación y
carácter, por quienes se les estimula a que subsista en dicho lugar las
referidas Comedias, por las ningunas diversiones que hay en esta Ciudad.
No se me ha logrado los deseos de que, por mi mano, no hubiesen quedado
victoriosas las justas intenciones de V.C., por no estar en mi arbitrio que, al
estarlos, hubiera quedado desde luego, por lo que quedo con notable sentimiento.
Con este motivo, reitero a V.C. la precisa obligación que tengo de
servirle y de ejecutar cuanto me mande y sea de su superior agrado, quedando en
el entretanto rogando a Dios, Nuestro Señor, guarde la vida de V.C. los muchos
años que le deseo.
Sevilla, octubre 16 de 1793. Siempre humilde y obediente servidor de Vuestra Excelencia, don Juan de Andrade.
En esta segunda carta de don
Juan de Andrade, él deja claro que se desvincula de quienes, más directamente,
en San Juan de Alfarache, aceptaron y mantenían la instalación de la Compañía
de Comedias. Efectivamente, estas autoridades de esta aldea, estaban esperando
a que terminase la temporada de actuaciones, antes de que comenzaran las
lluvias, lo cual hace pensar que el corral de comedias (un teatro que,
recordemos, tenía capacidad para fondos de escenarios y ambientar así más las
interpretaciones de los actores, más el lugar que ocuparan los músicos),
estaría ubicado en la parte baja del término municipal, cercano al río
Guadalquivir, lo cual también era conveniente para quienes se desplazaran a
contemplar las actuaciones a través de barcas desde Sevilla. Además, esta
situación del teatro también permitiría que estuviera cerca de las
edificaciones locales, que en aquella época estaban todas también en la parte
baja.
Don Juan de Andrade manifiesta que no puede enfrentarse a los vecinos de San Juan de Alfarache, porque ya por entonces habría algún caballero o hijodalgo o varios, residentes en esta aldea, que serían capaces de hacerle frente y a quienes les convenía las representaciones del teatro.
9 de noviembre de 1793, carta del Arzobispo
hispalense, Mons. D. Alonso de Marcos Llanes Argüelles a las autoridades del
Reino.
Por la ineficacia y,
claramente, hasta el rechazo de las autoridades municipales a su mandato, el
Arzobispo hispalense decide recurrir al Gobierno central, concretamente, dirige
un escrito al Concejo del Tribunal Supremo de Madrid, por medio del Conde la
Cañada, del cual extraemos este párrafo:
“Manifiesto la resistencia que hace la Justicia del lugar de San Juan de Alfarache, en hacer salir de aquel pueblo una Compañía de Cómicos que se halla en él, haciendo representaciones teatrales en los días en que le parecía, libremente, y sin reparo alguno de los daños espirituales que se padecen, y de hallarse prohibidas por Reales Órdenes la representación de Comedias, así en la Capital como en los pueblos del Arzobispado”.
18 de enero de 1794, el Arzobispo hispalense ordena la suspensión de
las comedias.
Mons.
D. Alonso de Marcos Llanes Argüelles ordenó la suspensión de las comedias que
se realizaban en San Juan de Alfarache, el día 18 de enero. Así, en aquellas
fechas, el empresario don José Solís volvía a solicitar poder representar en
Sevilla, tratando de que se le negara la autorización al italiano Calderi.
Así lo hizo saber al municipio sevillano al presentar nueva súplica para poder actuar durante el carnaval, “de cuya gracia pende la total subsistencia de los infelices que componen la Compañía, pues de lo contrario no les queda otro recurso que perecer”.
31
de enero de 1794, escrito de respuesta al Arzobispo desde el Concejo de Madrid.
Texto íntegro, con dos menciones a San
Juan de Alfarache:
Excmo. Sr.: El Concejo ha visto la representación y documentos que le
dirigió V.C. el 9 de noviembre, por medio del Excmo. Sr. Conde la Cañada,
Gobernador de él, manifestando la resistencia que, hacia la Justicia del lugar
de San Juan de Alfarache, en hacer salir de aquel pueblo a una Compañía de
Cómicos que se hallaba en él, haciendo representaciones teatrales en días que
le parecía, libremente y sin reparo alguno, sin embargo, de los daños
espirituales que se padecían, y de hallarse prohibida por Reales Órdenes la
representación de Comedias, así en la Capital, como en los pueblos del
Arzobispado. Y enterado de todo este Supremo Tribunal, como también de lo que
ha expuesto el señor Fiscal, ha resuelto se comunique Orden al Regente de la
Real Audiencia de esa Ciudad, como lo hago con fecha de hoy, para que disponga
que se suspenda, desde luego, la representación
de Comedias en el lugar de San Juan de Alfarache, dando cuenta al Concejo
por mi mano de haberse ejecutado.
Particípolo a V.C. de orden del Concejo, a fin de que se halle enterado
de esta providencia y de su recibo se servirá darme aviso, para ponerlo en su
superior noticia.
Dios guarde a V.C. muchos años. Madrid, 31 de enero de 1794. Por el Secretario, Escolano, don Vicente Camacho, al Arzobispo de Sevilla.
En febrero de 1794, ya no existe el teatro.
José Francisco López-Caamaño y García Pérez, conocido por su nombre religioso como fray Diego José de Cádiz (Ubrique, 1743 – Ronda, 1801), fue un fraile capuchino, asceta y orador, que le escribe una carta al Arzobispo hispalense Mons. D. Alonso de Marcos Llanes Argüelles, en febrero de 1794, en la que expresa su satisfacción por que se quitaran las comedias de San Juan de Alfarache, felicitando al prelado por su triunfo y dándole la enhorabuena, deseando que también de la capital desaparezcan las representaciones teatrales.
Los últimos datos que tenemos sobre esta segunda compañía de teatro es que, a pesar de la suspensión del 31 de enero, en este tiempo de los ilustrados, el 19 de agosto de ese mismo año, el Concejo de Castilla ordenó que se oyese al señor Solís, al señor Calderi y al Procurador Síndico de la Ciudad, siendo el español beneficiado por la defensa de un abogado local, para poder establecerse en la ciudad de Sevilla, frente a los intereses extranjeros.
Bibliografía:
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Teatro en el siglo XVIII”. Oviedo, Universidad de Oviedo.
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en Sevilla: Una defensa del teatro y su contestación”, en “Archivo Hispalense,
revista histórica, literaria y artística”. Nº. 74. Sevilla, Diputación
Provincial de Sevilla (págs.. 205-214).
-DOMINGUEZ ORTIZ, A. (1984): “La batalla
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(Nº. 3). Alicante, Universidad de Alicante.
-GUICHOT, D.J. (1882): “Historia de la
Ciudad de Sevilla y Pueblos importantes de su Provincia, desde los tiempos más
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-GUICHOT, D.J. (1892): “Historia de la
Ciudad de Sevilla. II parte: documentos, memorias y noticias”. Sevilla,
establecimiento tipográfico El Progreso.
-HERNÁNDEZ PARRALES, A. (1960): “Una carta
autógrafa del beato fray Diego José de Cádiz”, en “Archivo Hispalense, revista
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-HERRERA NAVARRO, J. (2002): “Dionisio
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-MARTÍN VALVERDE, J. M. (2015): Tesis
“Rosario Fernández ‘La Tirana’ (1755-1803): la actriz y su tiempo”. Sevilla,
Universidad de Sevilla.
-MARTÍN VALVERDE, J. M. (2018): “Rosario
Fernández ‘La Tirana’ (1755-1803), una actriz en la época de Carlos III”.
Sevilla, Consejería de Gobernación de la Junta de Andalucía.
-MATUTE Y GAVIRIA, J. (1887): “Anales
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-PINEDA NOVO, D. (1980): “Historia de San
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Otras fuentes:
-“Diario histórico y político de Sevilla”.
Martes, 21 de mayo de 1793. Número 149.
-“Diario histórico y político de Sevilla”.
Sábado, 15 de junio de 1793. Número 165.
-“Diario histórico y político de Sevilla”.
Miércoles, 19 de junio de 1793. Número 169.
-“Diario histórico y político de Sevilla”.
Domingo, 23 de junio de 1793. Número 173.
-“Diario histórico y político de Sevilla”.
Viernes, 28 de junio de 1793. Número 179.
-“Hebdomanario Útil Sevillano”. 26 de
septiembre de 1766. Sevilla.
-“El Liberal”. Domingo, 24 de marzo de 1935. Sevilla.
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