Por las muchas visitas que recibía San Juan de Aznalfarache, en el siglo XIX y primeros años del siglo XX, por sus vistas de la capital desde el cerro, sus fiestas y su ambiente más floral, como si fuese un gran parque natural, varias ventas se establecieron entre la ciudad y nuestro pueblo.
Riña sangrienta en
San Juan de Aznalfarache.
Anoche
ocurrió un sangriento suceso en el inmediato pueblo de San Juan de
Aznalfarache.
En
la mañana de ayer, salieron para dicho pueblo, con objeto de pasar alegremente
el día y pescar camarones, dos familias vecinas del barrio de Triana, y
domiciliadas en la calle Pagés del Corro, número 180.
Las
personas que marcharon a la gira campestre eran un sujeto apellidado Ragel, con
su esposa, Rosario Martínez Castro y una hija llamada Carmen. Acompañaban a
estos: Joaquín Molina y su mujer, Montserrat Colón.
Durante
todo el día, estuvieron pescando y bebiendo, sin que el menor disgusto viniera
a turbar la alegría que reinaba.
Ya anochecido, penetraron en una venta situada a la salida del pueblo, en donde tuvo lugar la sangrienta riña.
El hecho.
El
sujeto apellido Ragel, al entrar en la venta, pidió al dueño de esta, que lo es
un sujeto conocido por Cortés, un poco de pescado y unas copas de vino. Después
de que hubieran consumido ambas cosas, según parece, se negó Ragel a satisfacer
el importe de lo que habían consumido, entablándose con este motivo una
acelerada discusión, entre el dueño del establecimiento y el aludido sujeto,
que había bebido más de lo necesario.
La
Rosario Martínez, mujer de Ragel, intervino en la cuestión, diciendo que ella
abonaría el gasto hecho, siendo insultada por el amo de la venta, que vino a
las manos con el marido de la Rosario.
Inmediatamente
de ocurrir lo que acabamos de relatar, sacó el dueño de la venta una pistola,
que descargó sobre Ragel.
Apercibidos
de lo que ocurría, los dos amigos que acompañaban a este, salieron prontamente
a su defensa, pero aún no había hecho más que intentarlo, cuando recibían una
verdadera lluvia de palos, que descargaban sobre ellos quince o veinte amigos
del ventero que, a la sazón, se encontraban en el sitio del hecho.
En
estos instantes, la lucha fue terrible. A la escasa luz de la noche, veíanse relumbrar
las navajas y revolverse multitud de criaturas.
En el momento en que más arreciaba la batalla, apareció la guardia civil de aquel puesto, disolviendo el motón instantáneamente.
Los heridos.
En
el acto, fueron conducidos, al local que ocupa el ayuntamiento, tres sujetos
que resultaron heridos; estos son el dueño de la venta, con dos heridas de arma
blanca en un costado; el Ragel, con un tiro en la cabeza y muchas contusiones
en el cuerpo, producidas por los golpes que recibiera; y un vecino del pueblo,
con una puñalada en un hombro.
El
médico titular del pueblo curó a los heridos, siendo trasladados de ellos a sus
domicilios y el Cortés se quedó en la alcaldía.
Después de ocurrir el hecho, regresaron a Sevilla las mujeres que acompañaban a los contendientes y una hija del Cortés, que resultó también herida.
En Sevilla.
En
el momento de llegar a Sevilla, las dos mujeres y la niña, condujeron a esta a
la casa de socorro del barrio de Triana, en donde fue curada por el médico,
señor Pardo, y el practicante, señor Millán, de una herida contusa en la región
frontal, de pronóstico reservado.
Enterado de lo que había ocurrido, el jefe de policía señor Valenzuela, acompañado del inspector señor Cleman, se trasladó a San Juan de Aznalfarache.
Diligencias
practicadas.
El
jefe de policía, en unión de dicho inspector y del juez municipal de aquel
distrito, comenzaron a practicar las oportunas diligencias para el
esclarecimiento de los hechos.
Resulta
que aún no se sabe quiénes sean los autores de las heridas causadas, excepto la
de Ragel, que se la infirió el dueño de la venta.
Hasta ahora, tan sólo están detenidos los sujetos heridos.
Detalles.
El
Ragel está gravísimo, más que por la herida de la cabeza, por los fuertes
golpes que le propinaron. Ha pedido que le lleven a su hija.
Los
dos sujetos que acompañaban a este herido, a poco de iniciarse la pelea,
emprendieron la marcha a Sevilla, en donde aún no han sido vistos.
La
esposa del Ragel y la otra amiga que la acompañaba tenían, cuando las vimos,
los vestidos desgarrados y salpicados de sangre; una de ellas conducía en sus
brazos a una niña de dos meses, que se salvó milagrosamente. La otra mujer fue
atacada de un síncope.
El Ragel, hace pocos días, estuvo trabajando en dicho pueblo.
Texto extraído de:
"El Noticiero Sevillano, diario independiente de noticias, avisos y anuncios". Sábado, 31 de julio de 1897. Sevilla.

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