A finales del mes de febrero de 1898, varios militares del batallón de cazadores de Segorbe (Castellón de la Plana), se hallan, en su tiempo de descanso, aunque uniformados, visitando la venta de Cortés, en San Juan de Aznalfarache.
Por investigación de los periodistas,
saben que los hechos ocurrieron entre las cuatro y las cinco de la tarde del
sábado 26 de febrero. En el establecimiento, próximo a nuestra villa, había
mucho público, consumiendo vino, con gran animación en el local.
Entre los civiles, se hallaban los sargentos
José Barran Castillo y Eduardo Baseras; el cabo Antonio Cabral Varea; y los
soldados José González Becerra y José Mejías Toro.
De pronto, quizá dejándose llevar por el
ambiente distendido o quizá por los efectos del alcohol, uno de los sargentos
decidió gastar una broma al cabo que les acompañaba, dándole un papirotazo en
el ros (prenda del uniforme militar para
cubrir la cabeza), lo cual provocó que cayera al suelo y fuese maltratado,
surgiendo una pendencia entre los militares.
Salieron a relucir sus respectivas
armas, pues a pesar de que encontrarse bebiendo en una venta, estaban
uniformados y resultaron heridos los soldados, José González y José Mejías, además
de dos civiles, José Cortés Romero y José Domínguez Mínguez.
La confusión, en aquellos momentos de
pelea, fue muy grande en el público que animaba el ambiente del local.
Cuando se pudo atender al socorro de los
heridos, uno de ellos, el soldado José González, fue llevado a la casa cuartel de
la guardia civil en la localidad, donde fue curado. Posteriormente, se
presentaría el señor oficial de vigilancia del batallón de cazadores, a quien
se hizo entrega del soldado.
El otro herido, el soldado José Mejías,
fue llevado a las siete y media de aquella noche de sábado, hasta la casa de
socorro de Triana, donde fue atendido. Este se hallaba lacerado por siete
heridas de arma blanca, de navaja y cuchillo, tanto en la cabeza, como en otras
partes del cuerpo: dos en la oreja derecha, con pérdida del pabellón; otra, en
la región temporal; otra, en el lado derecho del cuello; otra, en la barba; otra,
en el labio superior; y la última, en el dorso de la mano derecha, demostrando
que se habían ensañado con él. Además, sufría varias erosiones.
Fue asistido por el médico don Manuel
Vázquez y, después de ser curado en la casa de socorro, fue llevado en camilla,
por una pareja de artilleros de vigilancia, hasta el hospital militar, donde
dio cuenta de lo ocurrido; el soldado, se defendió con su machete, pero lo
perdió en la pelea.
Se hizo cargo de la investigación del
suceso, el oficial de guardia, señor Corral, dando conocimiento al señor gobernador
militar de la plaza de lo que ocurría. Después, llegó al cuartel el otro soldado
herido.
Se dispuso la formación de la correspondiente
sumaria, nombrándose juez instructor al comandante señor Rivera.
En el cuartel continuó el juzgado militar,
recogiendo las declaraciones de algunos soldados que presenciaron el hecho y es
que la pendencia se suscitó, en la venta de Cortés, entre varios paisanos y
soldados. En la pelea entre el sargento y el cabo, acudieron los individuos de
tropa a defender a sus respectivos compañeros de armas. En San Juan de
Aznalfarache, quedaron los dos civiles heridos. Uno de estos era el hijo del dueño
de la indicada venta, herido en el cuello. El digno comandante desplegó gran
actividad en la instrucción de las diligencias, no descansando en toda la
noche.
El soldado José Mejías dijo que perdió
el machete en la refriega.
El día 1 de marzo se encontró, por la benemérita, el ros y el machete que perdió el soldado llevado a Sevilla. El alcalde de San Juan de Aznlfarache y la guardia civil prestaron valiosísimos servicios, según se reconoció en la prensa.
Fuentes:
-“El Noticiero Sevillano”. Domingo, 27
de febrero de 1898. Sevilla.
-“El Noticiero Sevillano”. Lunes, 28 de
febrero de 1898. Sevilla.



