El Pacto Kellogg por Otto Engelhardt desde San Juan de Aznalfarache 1928

Villa Chaboya, San Juan de Aznalfarache.

Continuamos en este blog, sobre la historia de San Juan de Aznalfarache, con la vida del pacifista de origen alemán, ingeniero y diplomático Otto Engelhardt, que vivió en nuestro pueblo, en la finca Villa Chaboya, entre los años 1913 y 1936, hasta que fue detenido y ejecutado en Sevilla. Varias decenas de artículos escribió para ser publicados por periódicos, estando asentado en nuestra localidad.

A continuación, compartimos completo el artículo publicado el día 28 de septiembre de 1928, en la primera página del tabloide “El Liberal” (de edición sevillana), titulado: “El Pacto Kellogg”.

Un pergamino, adornado con cintas purpúreas y encuadernado en cuero, con un texto corto, en términos generales, proscribiendo la guerra, dejando sólo en el pie el derecho de la guerra de defensa. Esto es el Pacto Kellogg.

Todas las naciones, que han sostenido guerras, juran y perjuran cada una que la guerra suya ha sido una guerra de defensa. Será por eso muy difícil, en cada caso, el determinar si se trata de una guerra de defensa o no. Pero hoy ya no es cada pueblo, en este sentido, su propio juez, sino que ha de escuchar el juicio de la Sociedad de Naciones. Si se quiere prescindir de este juicio, peor para él; entonces ya habrá perdido la guerra al principio, porque tendrá en contra a toda la humanidad.

No es tan sencillo como algunos opinan burlarse de este pacto; no es solamente un papel mojado, como ellos dicen. Con el Pacto Kellogg se ha creado un instrumento de un valor altamente moral, que han firmado los representantes de las naciones con toda solemnidad, y cuyo sentido se ha asimilado con el espíritu de muchos millones de seres humanos en todos los países.

Hoy sería muy peligroso para una nación si sus gobernantes quisieran descuidarse, en un caso dado, de este espíritu, manifestado por tantos en el Pacto Kellogg. La atención de muchos millones de habitantes de esta tierra está aguzada por este pacto. La diplomacia secreta ya no está tan libre como antes. El que quisiera hoy, desde un sitio oficial, llamar este pacto, firmado por el representante de su nación, un “papel mojado”, quedaría como un criminal ante los ojos del mundo.

Ya no es tan fácil como antes faltar a la moral y a la palabra empeñada y, con esto, se reduce grandemente el peligro de la guerra. La palabra, solemnemente empeñada en la prohibición de la guerra, el reconocimiento de la moral humana, la publicidad de esto en toda la tierra, es el valor y la fuerza del Pacto Kellogg.

Naturalmente y desgraciadamente, el pacto no es el seguro absoluto contra nuevos acontecimientos guerreros, pero es un paso más en el camino de la humanidad sufrida, que tiene por meta: “¡Nunca más guerra!”.

La firma de este pacto en París ha dado origen a demostraciones muy significativas. Desde el año 1871, no ha ondeado ninguna bandera alemana en París; en el recibimiento del señor Stresemann, han flameado de la República alemana, con los colores negro-rojo-oro. Al señor Stresemann se le ha saludado con gran cordialidad en las calles. Se ve que la amistad entre dos naciones cultas, en el centro de Europa, es más natural que el odio estúpido, el que predicaron antes los que desaparecieron sin honra en la escotilla del teatro mundial, en el último acto del drama de la Gran Guerra, y en el que están predicando todavía algunos trogloditas, que merecen ser almacenados, cuanto antes, en el sótano como trastos viejos.

Información sobre este tratado (Wikipedia):

El Pacto Briand-Kellogg, firmado el 27 de agosto de 1928 en París, fue un tratado internacional en el que los países firmantes renunciaron a la guerra como instrumento de política nacional y se comprometieron a resolver conflictos por medios pacíficos. Impulsado por Francia y EE. UU. tras la Primera Guerra Mundial, el acuerdo fue firmado inicialmente por 15 naciones y, posteriormente, por más de 60, buscando la estabilidad internacional.

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