Sobre la talla original del Cristo de Valparaíso en San Juan de Aznalfarache 1600

Año 2025.

La talla original del Cristo de Valparaíso es un tema muy especial dentro de la historia de esta finca situada en San Juan de Aznalfarache. Datada como del siglo XVII, esta piadosa imagen de un crucificado, de bulto redondo, en cartón piedra policrimado, no tiene un autor conocido.

Por tanto, del mismo siglo mencionado sería el primer hecho peculiar, milagroso o legendario que se asocia con la misma. El XVII conde Peñaflor y Argamasilla, Luis Manuel Halcón y de la Lastra contaba que, según la leyenda familiar, esta imagen iba en un barco para Iberoamérica y que se paró a la altura de la finca y, hasta que no descargaron la imagen, no puso seguir su singladura.

En general, aunque hay varias versiones la leyenda es así:

Cierta carabela había partido del puerto de Sevilla con destino al Nuevo Mundo recién descubierto. Entre la tripulación, iba un grupo de misioneros franciscanos, que iban a las nuevas tierras para evangelizarlas y fundar tres misiones, pues llevaban en la bodega, entre las mercancías, tres imágenes de Crucificados como titulares de las fundaciones.

A la hora de partir la carabela, aún con viento y corriente favorable, no navegaba, por lo que el capitán ordenó aliviar la carga, pensando que se encontraba varada, y entre los bagajes, desembarcó uno de los Crucificados, momento en que el barco comenzó a moverse, por lo que pensaron que se trataba de un milagro, que significaba el deseo de que permaneciese allí, quedándose dicha imagen en Sevilla.

Poco después, al pasar el barco frente a la Hacienda de Valparaíso, término de San Juan de Aznalfarache, esté se paró de nuevo, por lo que se volvió a dar órdenes de aliviar la carga, dándose la circunstancia de que en el instante en que se bajó el segundo de los Crucificados, la nao se puso, otra vez a navegar, lo que les llevó a dejar dicha imagen en la capilla de la indicada Hacienda.

Continuando su curso hacía la mar, la nao volvió, por tercera vez a pararse; esta vez, frente a Coria, al pie del Cerro de San Juan, por lo que dado lo sucedido en las dos ocasiones anteriores, comenzaron a aliviar nuevamente la carga, hasta que, bajado el tercero de los Crucificados, el barco reinició sus movimientos, razón por la que decidieron depositar esta tercera imagen en la ermita de San Juan Bautista. Desde el puerto coriano, siguió la flota rumbo hacía a la mar, llevando al Nuevo Continente el Evangelio, y en donde fundaron la ciudad de Vera-Cruz, en Nueva España.

Las otras dos imágenes de Cristo crucificado, que relata esta narración, están datadas como del siglo anterior a la que protagoniza este texto. Esta leyenda sería un cuento que propone una respuesta al desconocido origen de estos tres magníficos cristos, de los cuales se desconoce su verdadera historia.

En 1849, el político Pascual Madoz, en su “Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España...”, menciona que en la hacienda de Valparaíso existe “un oratorio público, con una efigie de Cristo Crucificado, muy venerada en los pueblos inmediatos”.

Pero la leyenda de esta talla denominada como el Cristo de Valparaíso continuará aumentando y, aunque no se mencione en la siguiente noticia el nombre de la finca, por su contenido queda claro que se refiere a la misma. En 1854, aparece en el periódico “El Heraldo”, el siguiente texto:

Cuenta un periódico de Sevilla que, en una hacienda próxima al pueblo de San Juan de Aznalfarache, ha tenido lugar un suceso que trae asombradas a las gentes de los alrededores.

No hace mucho que, en una capilla de dicha hacienda, se da culto a dos imágenes, a quienes ya se atribuyen multitud de milagros y, hace pocos días que, al anochecer, observaron el capataz de la hacienda y su hija que la capilla estaba iluminada… “¡Horror!”, corrieron hacia ella y vieron, con asombro, encendidas las velas del altar, sin que pueda comprenderse quién hubo de encenderlas, pues tanto el capataz y su hija, como el guarda, que son los únicos habitantes de la hacienda, juran y perjuran que ellos no lo verificaron.

En las haciendas comarcanas y en los vecinos pueblos de San Juan y Tomares se considera este hecho como un nuevo milagro, por medio del cual manifiestan las imágenes que desean luz.

¡Quién sabe lo que habrá en esto!

Año 2025.

Para la siguiente historia que cuenta como protagonista con el Cristo de Valparaíso, seguimos lo que registra, en su libro de la historia local, Daniel Pineda Novo, frente a las indicaciones posteriores sobre estos mismos hechos de Juan José Antequera Luengo, ya que la sequía de finales del siglo XIX fue mucho mayor que la de 1905 y que, al ir hacia el pasado, hay mucha menos información veraz que pueda sustentar lo descrito a continuación:

Calificada como “sequía extrema” o “megasequía” de varios años, en febrero de 1892, los vecinos de San Juan recurrieron al Cristo de Valparaíso, junto con las poblaciones vecinas, que acudían a esta imagen en rogativas públicas, pidiendo la lluvia. Nuestra localidad incluso llevó a la finca de Valparaíso a la Virgen de los Dolores, a través de unos campos áridos y sedientos. En el interior de la capilla de la casa palacio, esta imagen de la Virgen se depositó a los pies de su Hijo y los fieles prorrumpieron en profundo llanto, mientras rezaban el rosario y entonaban “Perdón, Dios mío”.

Concluidos los rezos previstos y los llantos, salieron de la capilla y el cielo se cubrió de nubes y, antes de llegar la procesión a la carretera, comenzó a caer una llovizna que, rápidamente, se hizo torrencial, teniéndose que refugiar la imagen de la Virgen en la Capilla del Rosario (pues aún no existía el templo parroquial de San Juan Bautista, en el Barrio Bajo, sino que continuaba siéndolo el del cerro). En la capital hispalense y en Rociana quedaron registrados hechos parecidos.

En 1947, el escritor cigarrero Salvador Fernández Álvarez, en su recopilatorio “Prosas de la vega y las marismas”, rememora cómo, desde principios del siglo XX, tras aquel prodigio, los ganaderos que conducían sus toradas a las marismas, se destocaban en señal de respeto y agradecimiento ante las puertas de la finca, “no sin antes haber revoleado el ancho sombrero en saludo al Cristo de Valparaíso”.

Año 2025.

Aquellos hechos de finales del siglo XX se pueden calificar como milagro, como leyenda, como casualidad o como invención; en cualquier caso, suponen una bonita narración para la historia de San Juan de Aznalfarache, que dejó registrada Daniel Pineda Novo.

Es este mismo autor quien también señala que todos aquellos extraordinarios acontecimientos (y muchos más, presuntamente) eran conocidos por los vecinos de Gelves, San Juan de Aznalfarache, Coria del Río y Mairena del Aljarafe, y esta imagen de Cristo tuvo una ingente devoción entre estas poblaciones; prueba de ello, la daban las paredes de la capilla oratorio de la finca, que se hallaban cubiertas de exvotos: muletas, trenzas, mortajas, figurillas de plata o cera, representando partes del cuerpo humano, y una multitud de pequeños cuadros pintados, asemejando escenas milagrosas obradas por la devoción hacia esta talla.

Según las diversas informaciones recopiladas, la marcha de la talla original del Cristo de Valparaíso, desde San Juan de Aznalfarache, hasta su actual emplazamiento en la ciudad de Sevilla se desarrolló así:

Cuando el padre de Rafael Halcón García del Cid, es decir, Rafael Halcón y Halcón, III Marqués de Montana, vendió la finca de Valparaíso, en la carretera de Coria del Río, se llevaron el Cristo de la capilla y lo regalaron al colegio jesuita del Inmaculado Corazón de María, que se creó en la propia casa de los Villasís, para que estuviera en la misma Compañía que su hijo. De allí pasaría a la capilla del colegio Portaceli, donde el propio Rafael pudo volver a encontrarse con esta talla, en las distintas etapas que pasó allí.

Para conocer sobre los viacrucis realizados en Valparaíso, con la talla que lo replica desde mediados del siglo XX, haga clic aquí.

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Capilla del Colegio Portaceli, año 2024.

La imagen del crucificado Cristo de Valparaíso preside el presbiterio de la capilla del Colegio Portaceli. Fotografía de la celebración del sacramento de la Confirmación en 2025.

Bibliografía:

-ANTEQUERA LUEGO, J. A. (2011): “Valparaíso, un Cristo para los Mares del Sur”. Sevilla, Facediciones.

-PINEDA NOVO, D. (1980): “Historia de San Juan de Aznalfarache”. Sevilla, Ayuntamiento de San Juan de Aznalfarache.

-SÁNCHEZ NÚÑEZ, P. (2018): “Las haciendas agrícolas del entorno de Sevilla y su valor histórico y artístico”. Texto de la Conferencia pronunciada en el Salón Carlos III de la Real Academia de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría el 13 de febrero.


Hemeroteca:

-“ABC de Sevilla”: “Rafael y el Cristo de Valparaíso”. Miércoles, 28 de mayo de 2014. Sevilla.

-“El Heraldo”. 7 de marzo de 1854. Madrid.

 

Otras fuentes:

-cofradesutrera.com/2020/09/el-destino-de-los-tres-crucificados.html

-cofradiastv.com/la-fascinante-leyenda-de-los-tres-cristos-el-prodigio-que-marco-la-devocion-en-sevilla-y-su-provincia

-diccionariomadoz.com

-elforocofrade.es/foros/index.php?threads/la-leyenda-de-los-tres-cristos.6190/

-fundacionloyola.com/portaceli/pastoral/

-lluviasypantanos.es/historia-climatica/sevilla

-sanjuandeaznalfarache.net/patrimonio/valparaiso.htm#

-sedecatastro.gob.es

-valparaisosevilla.com 

El devoto y emocionante viacrucis con el Cristo de Valparaíso 1963-1974

Imagen y texto publicados en 1963.

En el terreno de la finca de Valparaíso, comenzando en su capilla, para terminar nuevamente en esta, facilitando la veneración de la imagen que presidía dicho templo, el Cristo de Valparaíso, durante varios años se realizó un viacrucis en el Viernes de Dolores, el anterior a la Semana Santa, día en el que esta talla era llevada entre las palmeras del acceso a la casa palacio y las huertas de naranjales, se rezaban las estaciones de la Pasión y Muerte de Jesucristo. Como veremos a continuación, hubo variaciones a lo largo de los años y hay que indicar que sólo hemos conseguido información para los años 1963, 1965, 1966, 1971, 1973 y 1974, desconociendo si hubo algún factor (como la lluvia), que impidiera su celebración en los no mencionados o si comenzó o dejó de realizarse antes de lo que aquí indicamos.

En 1963, la imagen del antiguo Cristo de Valparaíso salía de la capilla de la hacienda para recorrer el camino bordeado de palmeras, que servía de acceso a la casa palacio, desde la carretera de Sevilla a Coria del Río.

El escultor Francisco Buiza Fernández realizó, por encargo de Alfonso Palomino, una copia policromada de la talla, de 130 centímetros, en pino de Flandes y tasada en 15.000 pesetas, para realizar esta piadosa costumbre, quedando entronizado en el antiguo templete barroco para transportarlo y en el cual le acompañan sendas pequeñas imágenes dieciochescas y policromadas: la Virgen de los Dolores y San Juan Evangelista.

Viacrucis en la década de los 60, cuando era llevado por devotos.

El 9 de abril de 1965, tuvo también lugar el solemne viacrucis con la imagen del Cristo de Valparaíso. El cortejo penitencial discurrió entre los naranjos de la hacienda, constituyendo el desfile una nota altamente emotiva y piadosa. Las estaciones del viacrucis fueron leídas por el ilustre escritor y académico José María Pemán, traducidas del original francés de Paul Claudel. Al acto religioso asistieron numerosos fieles.

Un nuevo Viernes de Dolores, el de 1965, se celebra este ya famoso viacrucis, con esta imagen de Cristo, como antesala de la Semana Santa, que recorría hasta el anochecer los bosques de naranjos en plena floración. El 9 de abril de este año fueron recitadas, nuevamente, ante el Cristo y el azahar, unas composiciones inéditas que recreaban “Le chemin de la Croix”, de Paul Claudel, las 14 estaciones de la Pasión y Muerte de Nuestro Señor Jesucristo, a base de salmodias y versos libres.

La imagen del Cristo entre los olivos, en 1966.

En 1966, asistió al viacrucis el padre Juan Vargas, de la Compañía de Jesús, y concurrieron medio millar de fieles de Sevilla, de Cádiz y de otras poblaciones aledañas. Sobre andas, hermoseadas con romeros y lirios, cargaban con ellas, a hombros, los operarios de la finca, precedidos por dos hileras de hombres con faroles tras la cruz de guía; y cerrando la procesión, centenares de mujeres. El silencio sólo quedaba roto por el rezo de las catorce estaciones y por cantos penitenciales. Al entrar en la capilla, sonaba el himno nacional por megafonía.

Ese medio millar de personas, que se encontraban en la hacienda, sintieron la emoción, que les llegaba por las calles de naranjos, embalsamada con el suave perfume de los azahares. De la capilla chiquita, construida en 1771, según indica una placa que allí se encuentra, salía el solemne viacrucis, ya por entonces tradicional en el pórtico de la Semana Santa sevillana, para llevar, por esta parcela de tierra aljarafeña, la imagen del Santísimo Cristo de Valparaíso.

Gentes de Sevilla, de Cádiz, de San Juan de Aznalfarache y de Coria del Río, formaron el cortejo penitencial que llevó al crucificado por las sendas aromadas de la naranjera plantación.

Cortejo de hombres, entre las palmeras de la finca, tras la cruz de guía.

Iba el Cristo de Valparaíso sobre unas andas tapizadas de romero y festoneadas de lirios, portándolas obreros de la finca. Precedía al cortejo una cruz de guía, a la que seguían dos largas hileras de hombres con faroles; cerrando la comitiva, en masa piadosa, un número superior a las 200 mujeres.

Tras el rezo de la estación y el canto penitencial, se producía un impresionante silencio; lo había pedido el padre Juan Vargas, S. J., al iniciarse el viacrucis, expresando que así sería mayor el homenaje que se le podía rendir al Hijo y al dolor de la Madre. Vieron bajar la procesión desde la casa palacio, hasta un valle jugoso, donde croaban las ranas. Luego, les cautivó la belleza de una estampa donde el Cristo, por larga calle bordeada de palmeras, subía a la capilla. Anochecía ya y un rosario de luces vacilantes se iba recortando entre las sombras del arbolado.

Mujeres y niños, portando velas, tras el Cristo de Valparaíso.

En la catorceava estación, al pie mismo de la capilla chiquita, se rompieron las hileras y el cortejo penitente volvió a hacerse masa y luces. Unos altavoces instalados en la finca, difundieron los sones del Himno Nacional.

Sólo entonces pudo romperse a hablar. Y la emoción, largo tiempo contenida, marchó a otra parte, sin dejar cerrado el pomo del perfume del azahar.

El presbiterio de la capilla, con la réplica del crucificado.

En 1971 tenía lugar una conmemoración especial, pues hacía 200 años hace que se bendijo la capilla de la ajardinada hacienda de San Juan de Aznalfarache, donde se venera el Cristo de Valparaíso que, igual que lleva el nombre de la finca, pudo ser denominado Santísimo Cristo de la Plantación de los Naranjos, de las Palmeras, de las Fontanas, de las Flores… Dos siglos, según una lápida que figura en la pequeña capilla de la hacienda Valparaíso y cien días de indulgencia (se lee en otra), concedidos por el cardenal De Solís, a quien rece un padrenuestro o credo ante el Santo Cristo o una salve a Nuestra Señora de los Dolores, rogando por la paz.

Asientos y coro de la capilla de la finca.

Mañana, a las siete de la tarde, el Santísimo Cristo de Valparaíso será llevado en devoto viacrucis, por caminos bordeados de naranjas y palmeras; abiertos a la música del agua en las fuentes y surtidores. En cada olorosa y verde estación, un pregón lírico de mediación y arrepentimiento. Catorce versos de un soneto penitencial para Cristo en la cruz, transportado por una vía dolorosa impregnada de esencia de azahares.

Alfonso Palomino, propietario de Valparaíso, habló del piadoso ejercicio, indicando que, cada año, asiste más gente y no sólo de San Juan de Aznalfarache y de Sevilla, sino también de Cádiz. Y es que venían, y además frecuentemente, numerosos devotos, con velas. Incluso tenía que permitir la entrada de muchas personas en la finca, para que pudiesen cumplir sus promesas de ir a ver la imagen tras haber mediado en sus dificultades.

Antes, el Cristo de Valparaíso era transportado por devotos, pero desde hacía unos años, lo portaban costaleros con un capataz en un paso.

También el propietario de la hacienda comentó en este año que ya se dejó de hacer las estaciones con el “Vía Crucis”, de Paul Claudet, que leía José María Pemán y que se había cambiado por otro de Miguel Martínez del Cerro, catedrático en Cádiz.

Además del viacrucis, continuaba teniendo muy especial relevancia la estación doceava, donde se ora por Cristo muerto en la cruz; en aquel momento, se oficiaba una misa concelebrada al aire libre y de comunión general. Al terminar, proseguía el viacrucis, con sus estaciones trece y catorce.

Desde la puerta de la hacienda Valparaíso a la capilla había un camino ascendente y perfumado, para el penitente que va a venerar al Santísimo Cristo. Camino al que nadie sabría arrancar el acervo de emocionante y piadosa historia que encierra, en un secreto aún más callado que no los de archivo.

Aquel viernes 2 de abril de 1971, a las siete de la tarde, el Cristo de Valparaíso abandonaría su diminuta y airosa capilla. Jesús, clavado en la cruz, se ofrecería entre naranjos y palmeras, rodeado de devotos, que irían a conmemorar los pasos del Calvario y a cantar salmos penitenciales, en un lugar que puso Dios en el Aljarafe, con derroche de belleza, de verdor y de galanura.

En los avisos de los años 1973 y 1974, se comunicaba que en aquellos Viernes de Dolores respectivos, a las siete de la tarde, en la hacienda Valparaíso, del término de San Juan de Aznalfarache, se celebraría el ya tradicional y emotivo viacrucis con la imagen del Santísimo Cristo de Valparaíso, entre calles de naranjos y palmeras. La invitación a la asistencia a tan piadoso acto era pública, para todas las personas que deseasen asistir.

El tradicional viacrucis en la hacienda Valparaíso aún se celebraba con mucho fervor y gran asistencia de fieles. La imagen del Santísimo Cristo, que venerado en la capilla de la citada finca, era llevada en penitencial procesión por las alamedas y calles de naranjos, acompañada de un largo cortejo de devotos. Eran numerosos los sevillanos que se desplazaron a Valparaíso para asistir al piadoso acto, que finalizaba ya entrada la noche.

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Más información sobre las leyendas y la actualidad de la talla original del Cristo de Valparaíso, haga clic aquí.

Bibliografía:

-ANTEQUERA LUEGO, J. A. (2011): “Valparaíso, un Cristo para los Mares del Sur”. Sevilla, Facediciones.

-PINEDA NOVO, D. (1980): “Historia de San Juan de Aznalfarache”. Sevilla, Ayuntamiento de San Juan de Aznalfarache.

Hemeroteca:

-“Sevilla, diario de la tarde”. Sábado, 6 de abril de 1963.

-“ABC de Sevilla”. Sábado, 10 de abril de 1965.

-“ABC de Sevilla”. Sábado, 2 de abril de 1966.

-“ABC de Sevilla”. Jueves, 1 de abril de 1971.

-“ABC de Sevilla”. Miércoles, 11 de abril de 1973.

-“ABC de Sevilla”. Jueves, 4 de abril de 1974.

-“ABC de Sevilla”. Jueves, 6 de abril de 1974.

La primera zarzuela escrita por una mujer se desarrolla en San Juan de Aznalfarache 1865

Portada de uno de los libretos sobre esta zarzuela.

La antequerana Natividad de Rojas fue la primera mujer en estrenar una zarzuela en 1865. Bajo el nombre “Una apuesta en la velada de San Juan, en un acto y en verso, con letra y música de la misma autora (lo cual no siempre era así y tenían más de un compositor), fue “representada con extraordinario éxito en el teatro del Circo la noche del 24 de enero de 1865”, en su debut, según las crónicas de la época.

La autora sitúa su obra en San Juan de Aznalfarache (recordemos que es 1865 y que, oficialmente, aún nuestra localidad era una aldea del municipio colindante, denominado como “Tomares y San Juan de Alfarache”), pero no indica la casa o hacienda al que, concretamente se refiere, pues bien pudiera ser Valparaíso (como señala Antequera Luengo), o alguno otro dentro de la urbe y más realmente cercano al río Guadalquivir, como Vista Hermosa o el cortijo San Juan Bautista (o algún otro lugar no existente en la actualidad), los cuales también podrían tener alguna venta o ventorrillos cercanos, tal y como se describe al inicio para el desarrollo de la trama.

Tras la enumeración del reparto de 1865, la mención a nuestra localidad está indicada expresamente.

La cita a nuestra localidad, dentro de la obra, es clara y directa, como se puede leer en la página 9:

En San Juan de Alfarache

tienen las mosas,

cabeyos de asabache,

caras e rosas;

y unos ojuelos,

que pescan á los hombres

mejó que ansuelos.

El escenario de esta obra, en el año 1865, incluía: a la izquierda, un jardín con verja en primer término; en segundo, una casa con un balcón a baja altura; a la derecha, un ventorrillo con un grupo de árboles detrás; al fondo, el Guadalquivir, cuyas riveras estarán cubiertas de árboles y adelfas.

Descripción del lugar en el que se desarrolla la obra.

Quizá la mayor relación de esta obra con la posible localización concreta de la misma en Valparaíso está en que uno de los pretendientes de la misma, un marqués, se define a sí mismo como “Don Juan”, a modo del Tenorio que escribió, 21 años antes, José Zorrilla, del que esta obra parece un homenaje.

En la página 23 se indica que la escena principal se desarrolla en una plaza, por lo que ciertamente, creemos que esta tuvo lugar en un ambiente urbano.

Los periódicos “La Correspondencia de España” y “La Libertad” dieron cobertura mediática a esta obra, emitiendo favorables críticas, indicando que la autora es una “distinguida y conocida señorita de la corte”, bien relacionada, como ya indicamos antes, al ser su padre un general. Se indicaba además que Natividad “abunda en bellezas literarias y musicales”.

El periódico “El Cascabel”, claramente satírico, indica que sobran la mitad del texto y de la música, achacándolo a la inexperiencia de la autora, aunque señala que es mucho mejor que otras obras de la época y que el público, en su entusiasmo, llamaba a la autora a la finalización de la obra, para aplaudirla sobre el escenario.

La publicación “El Correo de la Moda” remarca que “Una apuesta en la velada de San Juan” ha tenido un éxito satisfactorio, por la coincidencia de que letra y música estuvieran compuestas por la misma ilustrada autora.

“La Correspondencia de España”, en el año 1867, vuelve a señalar el éxito de la obra, que sigue obteniendo muchos aplausos.

No se conoce mucho sobre la biografía de Natividad de Rojas, por lo que, probablemente, no sabremos qué llevo a una antequerana, residente en Madrid, escribir un relato situado en San Juan de Aznalfarache, lo cual nos lleva a pensar que no sabemos cuán importante era nuestra localidad en aquellos tiempos para llegar hasta estos extremos de relevancia.

Bibliografía y fuentes:

-ANTEQUERA LUEGO, J. A. (2011): “Valparaíso, un Cristo para los Mares del Sur”. Sevilla, Facediciones.

-“El Cascabel, política poca, pero buena”. Domingo, 29 de enero de 1865. Madrid.

-“El Correo de la Moda”. 31 de enero de 1865. Madrid.

-“La Correspondencia de España, diario universal de noticias”. Jueves, 5 de enero de 1865. Madrid.

-“La Correspondencia de España, diario universal de noticias”. Miércoles, 25 de enero de 1865. Madrid.

-“La Correspondencia de España, diario universal de noticias”. Jueves, 26 de enero de 1865. Madrid.

-“La Correspondencia de España, diario universal de noticias”. Viernes, 3 de mayo de 1865. Madrid.

-“La Correspondencia de España, diario universal de noticias”. Martes, 7 de mayo de 1865. Madrid.

-DE ROJAS, NATIVIDAD (1865): “Una apuesta en la velada de San Juan”. Madrid, imprenta de José Rodríguez.

-DE ROJAS, NATIVIDAD (1865): “Una apuesta en la velada de San Juan”, en “Biblioteca dramática: Colección de comedias representadas con éxito en los teatros de Madrid y provincias”. Madrid, imprenta de José Rodríguez Calvario.

-facebook.com/juancampos.atq.psa/posts/hoy-hace-132-a%C3%B1os-el-7-de-agosto-de-1892-fallece-en-madrid-en-su-residencia-de-l/924551116381256/

-“La Libertad, periódico moderado”. Martes, 24 de enero de 1865. Madrid.

-melomanodigital.com/ellas-las-compositoras-de-zarzuela/ 

Herido por riña en San Juan de Aznalfarache 1900

La cercanía entre San Juan de Aznalfarache y Sevilla hace que muchas noticias comiencen en la primera urbe y finalicen, al menos en su crónica, en la segunda.

Herido en riña.

En la casa de socorro de Triana, ingresó Antonio Montesino, para ser auxiliado de una herida en la cara (lado izquierdo) que, en la inmediata villa de San Juan de Aznalfarache, se la causó un individuo para él desconocido.

“El Noticiero Sevillano, diario independiente de noticias, avisos y anuncios”. Domingo, 18 de noviembre de 1900. Sevilla.

Atracado en San Juan de Aznalfarache 1900

Imagen creada con inteligencia artificial.

Un atraco.

Anoche se presentó. en la puerta del teatro de San Fernando, a un agente de policía, un sujeto con varias erosiones en el cuello, de las que recibió curación, en la casa de socorro de la plaza San Francisco, adonde fue conducido por el citado guardia.

Según los datos que hemos podido recoger (a pesar de que la policía, a quien consultamos esta madrugada en la Academia de Billar, nos manifestó que no tenía conocimiento alguno del suceso y hasta hubo inspector que dijo no iban a Inventar noticias), el hecho ocurrió en el camino o en el pueblo de San Juan de Aznalfarache. donde dos individuos atracaron al denunciante, apretándole fuertemente el cuello. Le robaron unas 50 pesetas.

Después de ser atracado, emprendió su viaje hacia Sevilla, presentándose como queda dicho, a un policía de los que prestaban servicio en el teatro de San Fernando,

El atraco de anoche.

El sujeto, que fue ayer víctima de un atraco en el inmediato pueblo de San Juan de Aznalfarache, se llama Luis Mendoza Gallego, con domicilio en esta ciudad, en la calle San Bernardo, núm. 44.

Recibió curación, como dijimos, en la casa de socorro de la plaza de San Francisco, de contusiones y erosiones en el cuello, y cara, por el médico señor Carrasco. A dicho establecimiento fue conducido por el agente de primera conocido como Reverte y el de segunda, llamado Cofman, ambos de servicio en el teatro de San Fernando.

La cantidad robada asciende a 48,25 pesetas.

Ambos artículos fueron publicados el mismo día (en páginas distintas), en “El Noticiero Sevillano, diario independiente de noticias, avisos y anuncios”. Jueves, 4 de octubre de 1900. Sevilla.

Herido en una venta cercana a San Juan de Aznalfarache 1900

Postal que muestra una de aquellas ventas que existieron en el camino entre Sevilla y San Juan de Aznalfarache, en el siglo XIX y las primeras décadas del XX.

En una venta cercana a San Juan de Aznalfarache, un guarda disparó su escopeta contra otro, hiriéndole de gravedad. El agresor fue detenido.

“La Correspondencia de España”. Viernes, 13 de julio de 1900. Madrid.

Dicen de Sevilla que, en una venta cerca de San Juan de Aznalfarache, un guarda jurado disparó un retaco sobre un vaquero, destrozándole la pierna derecha.

“El Cantábrico, diario de la mañana”. Sábado, 14 de julio de 1900. Santander.

La Orden de San Juan y el nombre de San Juan de Aznalfarache, siglo XIII

Emblema de la Orden de San Juan que aparece en el manuscrito sobre el repartimiento de Argote de Molina.

El siglo XIII es fundamental en la historia de San Juan de Aznalfarache, porque según indican los más antiguos cronistas sobre el Repartimiento de Sevilla y su provincia, tras la Reconquista, fue el propio Rey Alfonso X el Sabio en que le puso el nombre “San Juan”. Por desgracia, no conocemos la explicación para este hecho.

Fernando III de Castilla le prometió tierras y propiedades a la Orden de San Juan, el 15 de febrero de 1248, por su ayuda y apoyo, antes de concluir la toma de Sevilla, y su hijo Alfonso, refrendó por escrito el compromiso de entrega de tierras, incluido el término de San Juan de Aznalfarache de entonces, a dicha orden, el 20 de diciembre de 1253, a cambio de que los sanjuanistas u hospitalarios mantuvieran en la ciudad, de forma permanente, a un hombre armado a caballo, suponemos que con su correspondiente hueste, para que protegiera las propiedades entregadas y los territorios próximos.

La Orden hospitalaria de San Juan de Jerusalén había iniciado su andadura a finales del siglo XI, para cuidar a peregrinos y a enfermos, en su camino de peregrinación desde Europa a Tierra Santa. A mediados del siglo XII, por las necesidades detectadas, se transformó en una institución militar, por la inseguridad de los viajantes para alcanzar su destino. En aquel tiempo, se consideró una obra de caridad proteger a la cristiandad, tan relevante como atender a enfermos o acoger peregrinos.

La orden se extiende por toda Europa y, a mediados del siglo XII, interviene también en la Reconquista, participando activamente en la toma de Sevilla.

El rey Alfonso X, en su Repartimiento de la ciudad de Sevilla y de las tierras de la provincia, entre a la Orden de San Juan, entre otras, la aldea o alquería de “Alhadin”, “Alhadrin” o incluso “Haldrina”, a la que identifica con San Juan, lugar al que él mismo le habría puesto este nombre:

“E do vos la aldea, que disen en tienpo de moros Alhadín, a que yo puse nombre de San Juan, con montes, con fuentes, con ríos, con pastos, con sus entradas e con sus salidas, con todo aquello que pertenece al aldea de los términos adentro”.

Los sanjuanistas vestían hábito negro y manto oscuro, sobre el cual campeaba la cruz blanca de aspas, el distintivo de esta orden.

Cruz de Malta clásica.

Las ocho puntas de la cruz representan las ocho obligaciones o aspiraciones de los Caballeros de la Orden: vivir en la verdad, tener fe, arrepentirse de los pecados, dar prueba de humildad, amar la justicia, ser misericordioso, ser sincero de todo corazón y soportar la persecución. Por otro lado, se relacionan también con ocho virtudes de la caballería: lealtad, piedad, franqueza, coraje, gloria y honor, desprecio a la muerte, ayuda al pobre y al enfermo y respeto a la iglesia.

Muy poco sabemos de lo que ocurrió durante esas poco más de dos décadas (1253-1275), pero junto a la aparición del nombre “San Juan” para nuestra localidad, llega hasta nuestros días el culto al titular de dicha orden, ligado también desde entonces a nuestra localidad como patrón del pueblo: San Juan Bautista. La simbología de la orden también aparece en nuestro escudo oficial:

Escudo de San Juan de Aznalfarache, aprobado en pleno, en 2024, con la Cruz de Malta, de blanco, sobre fondo rojo.

Esta aldea o alquería de Alhadín, tendría unos 10.000 pies de olivos, molino aceitero y otras instalaciones; y el rey se quedaba con la treintava parte de la producción que se obtuviese.

En 1275, tras varios ataques de musulmanes insurgentes, las incursiones meriníes o benimerines, provenientes del Reino de Niebla y que pudieron haber quemado y destruido lo que quedara de la fortaleza Hisn al-Farach, tras su toma por las tropas de Fernando III de Castilla, la Orden de San Juan abandonaría las tierras sevillanas y las devolvería a la Corona. Alfonso X ordenó su reconstrucción, cediéndola al Concejo de Sevilla en 1284; desde entonces, comenzó a surgir una población bajo el castillo a cuyo amparo estaba.

Los nombres de esta congregación son varios: San Juan de Acre, San Juan de Jerusalén, San Juan de Rodas, Caballeros Hospitalarios, Caballeros Sanjuanistas y el actual es Orden de Malta.

La Cruz de Malta, sobre el retablo de la Inmaculada, lleva varios siglos en el templo del cerro, ya que formó parte de la vida religiosa y espiritual del cenobio franciscano, que mantuvo vivo el culto San Juan Bautista, que debió comenzar en el siglo XIII.

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Otras fuentes:

-es.wikipedia.org/wiki/Archivo:Escudo_de_San_Juan_de_Aznalfarache_%28Sevilla%29_2.svg

-gmridiomas.com/es/blog/2016/01/12/el-origen-de-la-cruz-de-malta

-historiadetomares.blogspot.com/2020/02/la-orden-de-san-juan-en-tomares.html

-sanjuandeaznalfarache.es/es/actualidad/noticias/El-Pleno-aprueba-la-modificacion-de-los-simbolos-de-San-Juan-de-Aznalfarache 

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