Continuamos hablando en este blog, sobre la historia de San Juan de Aznalfarache, del pacifista republicano, ingeniero y diplomático Otto Engelhardt, que vivió en nuestro pueblo, en Villa Chaboya, entre los años 1913 (incluso quizá desde antes) y 1936, hasta que fue detenido y ejecutado. Varias decenas de artículos escribió para ser publicados por periódicos, en las fechas en las que vivió en nuestra localidad.
A continuación, compartimos completo el interesantísimo artículo publicado el 25 de noviembre de 1927, en “El Liberal” (periódico de edición sevillana), titulado: “Un mariscal inglés contra la guerra”.
En Inglaterra, Francia y Alemania existen varios
generales que han escrito y hablado públicamente contra la guerra, señores
militares que han aprendido algo, como ellos mismos dice, de la conflagración
más grande que conoce la historia.
El general Foch mismo, el vencedor de la guerra, ha
señalado varias veces el gran peligro que corre el mundo, para perder el resto
de su hacienda y bienestar, si la vanidad humana llegase otra vez a un estado
de salvajismo como esta generación lo ha pasado.
Ahora, el mariscal Sir William Robertson, Jefe del Estado
Mayor inglés, durante los años 1915-1918, ha leído un gran discurso, en el cual
exige de sus compatriotas el acatamiento a un convenio general, que resuelva
todas las diferencias internacionales de una manera pacífica. Sir William
criticó el hecho de que Inglaterra gasta hoy, nueve años después de la guerra
mundial, 116 millones de libras esterlinas para su armamento, 40 millones más que
en el último año antes de la guerra. No
se debiera olvidar –dice– que el mundo ha llegado ya a un estado del desarrollo
democrático, que impide que la vanidad de algún gobernante pueda empujar a una
nueva aventura.
Para dar ejemplos sobre la locura con la que se ha
destrozado, además de las vidas preciosas de los soldados, la fortuna de los
pueblos, el general presentó un material estadístico muy voluminoso, y entre
este, los siguientes datos:
La preparación de la artillería en la batalla de Arrás
costó trece millones de libras; la de la batalla de Messines, 17 y medio
millones; y la de la batalla de Ipern, 22 millones (en suma, 1500 millones de
pesetas). Por este dinero, se ha tirado contra las posiciones alemanas 480.000
toneladas de granadas. Para todos los hombres –dijo el mariscal– cualquier guerra
debe ser abominable, porque ella será una desgracia para los vencidos y para
los vencedores.
A pesar de la opinión autorizada de tantas capacidades del oficio militar, algunos héroes retirados y sus secuaces están levantando sus voces, para estigmatizar a los pacifistas como cobardes, afeminados o locos. ¿No será ellos los criminales?


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