El
sevillano D. Antonio Gómez Azeves, nació y murió en la misma ciudad hispalense
en la que pasó toda su vida, hasta el año 1881, por su defunción. Arqueólogo e
historiador como vocaciones, este escritor fue uno de los más conocidos a nivel
local, en la segunda mitad del siglo XIX. Su primera obra relevante tiene el
título “Letrillas eróticas”, en 1841, pasando luego a centrarse en las
temáticas que ya hemos señalado como su vocación. En la “Revista de Ciencias,
Literatura y Artes” publicó una colección bastante numerosa de estudios
biográficos.
En
sus textos, demuestra que es gran conocedor de la historia de Sevilla y de las
poblaciones de alrededores como Gelves, Alcalá de Guadaíra, La Algaba,
Marchena, Santiponce y la villa de Itálica, Salteras y San Juan de
Aznalfarache, entre otras, incluyendo además referencias a los montes
Ossethanos, la meseta aljarafeña.
La
primera alusión a nuestra localidad la encontramos en el artículo “Estudios
artísticos. A una señora muy erudita”, de 18 de diciembre de 1854, en la que el
autor confesaba que había recibido una carta de una señora, a la que le
respondió, entre otros asuntos, confesando que recordaba mucho «aquellos años
bonancibles en los cuales nos conocimos»; y le parecía que «estoy viendo ahora,
delante de mis ojos, a los buenos y sabios amigos que nos acompañaban en nuestros
frecuentes viajes a las ruinas de Itálica, o a los castillos sarracenos de
Alcalá de Guadaira y de San Juan de Aznalfarache», este último, el pintoresco
pueblecito que estaba situado a media legua de Sevilla, a los pies de aquella
fortaleza.
En
la tertulia literaria de la Real Academia sevillana de Buenas Letras, que tuvo
lugar el miércoles 30 de abril de 1862, una de las composiciones que se leyó
fue la del señor Gómez Azeves, la cual fue un romance titulado “Al castillo de
San Juan de Aznalfarache”. Por desgracia, no hemos podido encontrar, hasta el
presente momento, que este texto quedase publicado, por lo que lo damos por perdido.
El
1873, Gómez Azeves plantea una curiosa descripción para Itálica, como “la
ciudad de los vicios, la colonia de las desenvolturas, el asilo de los
escándalos”, dentro de la Ossethania, territorio que tendría por capital a
Osset (San Juan de Aznalfarache), algo que ya fue descartado por los estudiosos
en general.
Su
obra titulada “La buena familia”, de 1876, culmina con la siguiente
descripción:
El donadío
rústico, es una rica huerta en las márgenes del Guadalquivir, entre San Juan de
Aznalfarache y Gelves; la ciudad, Sevilla, y la buena familia, los «Villaranes».
En
1878, bajo el título “Un viaje a Gelves”, dedicado al anticuario don Eusebio
Mercadillo, el autor describe nuestra localidad por aquella época, desde su
salida de las tierras de la urbe hispalense.
A
las señoritas que le acompañaban en el carruaje, al pasar por frente del Convento de los Padres terceros franciscanos de
San Juan de Aznalfarache, les hice una ligera y lacónica reseña de su
interesante historia, la cual escucharon con suma atención y agrado. Con tono
lastimero, les recité la castiza oda de Mármol intitulada “Mi situación” leída
en Cádiz, en 1807, a una academia de jóvenes poéticas, en la que, entre otras
bellas estancias, brilla la siguiente:
La triste noche que mi yerta mano,
la lira suspendió de añosa oliva
En los callados montes Ossethanos,
donde a las flores dixe mis canciones,
mi funesto quebranto,
las ninfas condolieron con su llanto.
Mucho gustó, mucho
aplaudieron las tres jóvenes esta linda poesía del Cantor de Tarfira. En
risueña amigable conversación, atravesamos el pintoresco Aznalfarache (la
antigua Osset Bética) y dejando a nuestra derecha las graciosas haciendas de
Valdeparaiso y Simon Verde.
Con
las indicaciones sobre los “montes ossethanos” y la alusión al apodo “Cantor de
Tarfira”, Gómez Azeves deja claro que conoció la obra de Manuel María del
Mármol y quizá también al propio poeta y clérigo, pues falleció en 1840. Es
posible que este intelectual le diera clase al protagonista de este texto.
Manuel María, con los jóvenes a los que impartía clases, proyectaba excursiones
y pasatiempos en el campo, dirigidos habitualmente al convento de San Juan de
Alfarache, distante una legua de Sevilla, y que se asienta sobre aquellos
elevados montes, con el nombre de Ossethanos.
Antonio
Gómez Azeves también dio a conocer un soneto inédito de fray Diego de Quixada,
titulado: “Para el sepulcro de Fernando de Herrera”, con biografía del
religioso franciscano, que vivió en el convento de San Juan de Aznalfarache,
entre 1473 y 1483, y que llegó a ser obispo de la diócesis de Guadix.
Enlaces en este
blog:
Manuel
María del Mármol y su relación con San Juan de Aznalfarache.
Bibliografía:
-AGUDELO HERRERO, J.: “La vida y la
obra del escritor Antonio Gómez y Azeves (1805-1881)”.
-AGUDELO HERRERO, J. (2025): “Recuerdos
sevillanos y otros escritos, por Antonio Gómez Azeves”. Sevilla, Universidad de
Sevilla.
-DOMÍNGUEZ GUZMÁN, A. (1969): “Índice
de la “Revista de Ciencias, Literatura y Artes (Sevilla, 1856-1860), en
“Archivo Hispalense, revista histórica, literaria y artística” (Nº. 153-158,
tomos L-LI). Sevilla, Diputación Provincial de Sevilla.
-GÓMEZ AZEVES, A. (1871): “Obras varias
de don Antonio Gómez Azeves, individuo de número de la Real Academia Sevillana
de Buenas Letras”. Sevilla, Imprenta de Operarios del Arte.
-GÓMEZ AZEVES, A. (1873): “La Marina
Española: Almirantes olvidados o desconocidos”. Sevilla, Imprenta de Operarios
del Arte.
-GÓMEZ AZEVES, A. (1879): “Folletín de
El Universal: Obras varias de don Antonio Gómez Azeves”. Sevilla, Imprenta de
los Ayuntamientos.
Hemeroteca:
-“La Andalucía, órgano de la unión bético-extremeña”. Viernes, 2 de mayo de 1862. Sevilla.

No hay comentarios:
Publicar un comentario