Algunos datos para el contraste entre las historias de las fábricas de cerámica de La Cartuja (Sevilla) y San Juan de Aznalfarache (localidad hispalense vecina de la capital).
MARCAS COMERCIALES:
*LA CARTUJA: Pickman y Cía (1841-1899);
Pickman S.A. (1899, hasta mediados del siglo XX); La Cartuja de Sevilla.
*SAN JUAN: Jorge Brander y Cía. (1854-1859); Ramón Rodríguez y Cía (1859); Rodríguez y Cía. (1860-1872); Sandeman, Macdougall y Cía. (1890-1919); La Cerámica de San Juan (1919-1954).
PROPIETARIOS/GESTORES:
*LC: Charles “Carlos” Pickman (1838-1883);
seis herederos Pickman tras la muerte del fundador (1883-1899); la familia
Pickman convirtió en sociedad anónima la empresa creada por Charles Pickman y
la presidencia de la sociedad fue ostentada por los marqueses de Santo Domingo
de Guzmán, de San José de Serra (padre e hijo) y de Salobral, yernos y nieto
del Marqués de Pickman (1899 – mediados del siglo XX); diversos propietarios
desde mediados del siglo XX, personas ajenas a la familia Pickman.
*SJ: John “Juan” Cunningham, William “Guillermo” MacAndrew y George “Jorge” Brander (1854-1859); Ramón Rodríguez y Toledo, Francisco Cassá y Fábregas y Antonio Peralta (1859-1872); Sociedad de Crédito Comercial del Banco de Sevilla (1872-1890), alquilando las instalaciones a dos empresarios en años distintos: José Rodríguez Rivero (1875), y Cayetano Carees Losada; Ernest Albert Sandeman, John Samson Macdougall y Walter John Buck y Kemp (1890); transformación en sociedad anónima, con herederos de los Buck y Macdougall, a los que se añadirán la familia Wallace y Gilbert Pitcairn (1919-1954).
CAMBIO DE MODELO DE EMPRESA (de compañía
en comandita a sociedad anónima):
*LC: 21 de febrero de 1899.
*SJ: 28 de agosto de 1919.
TIEMPO DE FUNCIONAMIENTO:
*LC: entre 1838 y 1840, hasta la actualidad.
*SJ: 1854 - 1954 (cerrada o casi sin producción, entre 1868 y 1890).
UBICACIÓN:
*LC: Junto al río Guadalquivir, en el
término municipal de Sevilla. Desde 1979 hasta la actualidad, en la localidad
hispalense de Salteras.
*SJ: Junto al río Guadalquivir, en el término
municipal de San Juan de Aznalfarache, localidad vecina de Sevilla.
En este apartado, hay que destacar que la distancia entre ambas fábricas era, aproximadamente, de unos siete kilómetros.
INSTALACIONES en el terreno, previas a la
fábrica:
*LC: Se asienta sobre un monasterio cartujo
abandonado.
*SJ: Se edifica sobre una hacienda hortofrutícola con cortijo de la familia Cotiella.
DIMENSIÓN:
*LC: 11 hectáreas (delimitadas por su
cerca histórica de tapial).
*SJ: 18.000 varas (1854); varias hectáreas (1903).
EMPLEADOS, operarios, trabajadores (en la
prensa del cambio de siglo se menciona expresamente que las plantillas estaban
compuestas, tanto por hombres, como por mujeres):
*LC: 1100 (año 1870); 500 (1871); 1100
(1899); 1000 (1905); 800 (1908); 400 (1920); 523 (1921); 800 (1926); 600
(1932).
*SJ: más de 400 (años 1900 y 1903); 400 (1915); 1000 (1936).
Nº DE HORNOS
*LC: Doce, la mayor capacidad de
producción de España.
*SJ: Ocho.
INSTALACIONES de las fábricas:
*LC:
-Un salón
que se utilizó como muestrario de la producción.
-Instalación
de viviendas de los operarios en el entorno de la fábrica
-Finales del siglo XIX: 12 hornos, con
grúas y malacate en el muelle del río Guadalquivir
-1906-1912: se demolieron viejos hornos de
bizcocho de ocho metros para levantar otros más pequeños de seis metros.
-Década de 1920: se utilizaron pequeños
hornos de barniz para bizcochar.
-Década de 1930: se clausuraron algunos
hornos por antieconómicos.
-1936: la capacidad productiva había
quedado reducida a tres hornos de bizcocho y cinco de barniz; los restantes
seguían en pie, aunque estaban “dados de baja”.
*SJ:
-1855: 8 hornos-botella; 11 talleres; 8
almacenes; 7 balsas; 4 molinos; 6 prensas.
-1870, ya hay constancia del muelle
fluvial de la factoría, para la carga y descarga, aunque lo más probable es que
existiese desde los primeros tiempos de la misma; 1884, habilitación oficial
del muelle. Será renovado, ampliado y mejorado por los nuevos dueños de la
fábrica en 1890.
-1890: gran remodelación de la fábrica,
con nuevas máquinas automáticas.
-1890-1918: la oficina y sede social de la
fábrica de loza estuvo en el exterior, en el Patio de Banderas del Real Alcázar
sevillano.
-1903: salón de máquinas (generadores);
departamento de modelos; grandes balsas o molinos; taller de confección;
secadores a vapor; almacén amplio; talleres para los ladrillos refractarios;
salas de baño y estampación; talleres de grabado y pintado; sala de reparación
de loza; talleres de calderas; hornos muflas; almacenes generales y de empaque;
y un frontón, para los ratos de ocio.
La relación entre las empresas y las fábricas, durante el tiempo común de la existencia de ambas (1854-1954):
Una de las primeras coincidencias entre la factoría hispalense La Cartuja y la sanjuanera está en que, a iniciativa de John Cunningham, uno de los primeros propietarios de la industria cerámica en San Juan de Aznalfarache, en terrenos pertenecientes al antiguo Monasterio de San Jerónimo de Buenavista, se creó el cementerio inglés, a mediados del siglo XIX, en tiempos en los que no estaba permitido enterrar en el camposanto a fieles de iglesias reformadas, contando con la ayuda económica de Charles Pickman, el fundador de la fábrica junto a la urbe sevillana, quien también cedió los terrenos de su propiedad para la creación de este cementerio.
En los primeros años de funcionamiento de la factoría sanjuanera, según cuentan las crónicas, esta poseía una gran ventaja sobre La Cartuja, pues había construido una cierta cantidad de instalaciones nuevas y adecuadas para la fabricación, mientras que la hispalense se había proyectado y puesto en marcha con el condicionamiento de adaptarse a la enorme y vieja edificación conventual preexistente.
En septiembre de 1862, en una visita de
los Reyes de España, Isabel II de Borbón y su esposo, Francisco de Asís de
Borbón, a la fábrica de La Cartuja, el periódico “El Reino”, se refiere con las
siguientes palabras a su rivalidad con la factoría sanjuanera:
“Hoy
tiene La Cartuja una activa y temible rival en la fábrica de San Juan de
Aznalfarache, provocando el concurso de ambas especulaciones sus naturales
efectos en el estímulo de la fabricación y en la ventaja de los consumidores
que ha de ser consiguiente y, en rigor, provechosa a los mismos fabricantes”.
De hecho, la Reina Isabel II, durante la visita a la factoría sevillana, sería informada de la existencia de otra fábrica de loza en los alrededores, de no menos importancia que la propia hispalense y, por la admiración que sentía hacia los objetos fabricados con estos materiales, expresó su deseo de conocer también la otra que estaba asentada en esta pequeña villa, administrativamente aún como aldea de Tomares.
Desde sus inicios, la competencia por el
mercado de la cerámica y la loza, entre las fábricas de La Cartuja y de San
Juan de Aznalfarache, fue en los niveles nacional e internacional. Prueba de
ello es que la fábrica de San Juan trata de expandirse, desde sus primeros
tiempos, presentando sus artículos de loza fina en la Exposición Internacional
en Londres, en noviembre de 1862, donde acudió Ramón Rodríguez. Curiosamente,
otra empresa sanjuanera también acudió a este certamen: la fábrica
de perfumes de Court e Hijo. También se presentó a esta
muestra la factoría de cerámica de La Cartuja, en su rivalidad con la industria
sanjuanera.
Sin embargo, en 1867, la empresa radicada en San Juan de Aznalfarache ya no es capaz de presentarse a la Exposición Universal, que se celebra en ese año en París, pero sí lo hace su cercana rival de La Cartuja.
Entre 1869 y 1891, los aranceles impuestos a la entrada de loza extranjera, favorecen la creación de media docena de fábricas en España, lo cual provoca una significativa crisis de mercado para las ya existentes. La reducción de esos aranceles, con la profusión de loza extranjera que acude a todos los mercados de la Península, hace que varias fábricas tengan que apagar sus hornos (Sargadelos, San Juan de Aznalfarache y las industrias catalanas), mientras que la mayor y más potente de todas ellas, la sevillana La Cartuja, se encuentre a medio funcionamiento, para ahorrar costes de producción.
Muy interesante el artículo de “La Gaceta
de Industrial”, de enero de 1871, que explica la situación de crisis en aquella
época:
“Estado de nuestra Industria. La fábrica de La Cartuja de Sevilla viene encontrándose a medio trabajo, pues de unos 1.100 operarios que ocupaban sus talleres, sostiene en la actualidad solamente algunos 500, y aun de estos se encuentran parados en el día los dedicados a los talleres de estampación, construcción de platos, de donde sallan diariamente 800 docenas, y el de elaboración de las piezas auxiliares en la cochura de los platos, denominadas ‘patas de arañas’ que, en igual tiempo, producían 2.000 docenas. Esta adversa situación es debida a la profusión de loza extranjera, que acude a todos los mercados de nuestra Península, pues a pesar de no ser de tanta duración como la de La Cartuja, obtiene gran consumo, merced a la lamentable idea de que, en general, existe de que todo lo extranjero es mejor que lo de nuestro país, y a la fuerte reducción que se ha llevado a cabo en las tarifas de derechos de importación de la loza, bajo cuya garantía se estableció La Cartuja, y otras que con peor suerte, como la de San Juan de Aznalfarache, Sargadelos en Galicia, y las de Cataluña, se han arruinado completamente en perjuicio de sus empresarios y de la industria nacional”.
En 1872, la fábrica sanjuanera es adjudicada a su principal acreedor: la Sociedad de Crédito Comercial, dependiente del Banco de Sevilla. La Comisión Liquidadora decidió, en enero de 1875, alquilar la fábrica a José Rodríguez Rivero, un activo empresario sevillano que no llegó a reanudar la producción y tuvo bastantes problemas judiciales, con un pleito que durará hasta 1890. Durante este período de inestabilidad en la industria sanjuanera, la misma Comisión Liquidadora del Banco de Sevilla también alquiló las instalaciones a otro empresario, Cayetano Carees Losada, vinculado a la competencia de La Cartuja y a su fundador, Carlos Pickman. Pero tampoco consta que llegara a poner en marcha la producción de una fábrica que ya estaría padeciendo las consecuencias del abandono. Sí se hizo con la propiedad, para venderla al nuevo grupo interesado en su explotación.
Entre 1899 y 1904, los pocos años en los que la demanda de su loza fue superior a su oferta, la fábrica de La Cartuja no acudió a mecanismos de subcontratación con pequeñas empresas locales, ni hubo con ellas transferencias de conocimientos especializados o de tecnología, pues Pickman ocultó a sus vecinos las técnicas y las pocas innovaciones mecánicas que iba introduciendo. No consta más cooperación que los acuerdos sobre precios con la otra gran empresa local, San Juan, propiedad de los británicos Macdougall y Sandeman.
La falta de cooperación de La Cartuja con otros fabricantes sevillanos podría deberse a las notables diferencias de tamaño entre las distintas empresas, o a la creciente rivalidad en el mercado español, que favorecía más las tendencias disgregadoras que las integradoras, pero, por encima de todo, a la imposibilidad de que una familia de aristócratas como los Pickman, integrada plenamente en la oligarquía agraria y mercantil de Sevilla, pudiera aliarse estratégicamente con el pequeño empresariado, para disputar a aquella su intocable poder político y social.
De las empresas dedicadas a la fabricación de cerámica en España entre finales del siglo XIX y principios del XX, existían: cuatro en el norte, La Asturiana de Gijón, San Claudio de Oviedo, Ibero Tanagra en Santander, y la Cerámica del Nervión en Vizcaya; otras dos en el centro de España, La Segoviana y otra en Valdemorillo (cerrada en 1915); y en el sur, La Cartuja en Sevilla y La Cerámica de San Juan, en San Juan de Aznalfarache, siendo estas dos últimas las consideradas como más importantes.
Debido a cambios legislativos en 1906, relativos al arancel de aduanas, las empresas españolas, dedicadas a la fabricación de cerámica, sufrieron una merma en sus beneficios y comenzaron las propuestas para reducir el número de empleados, lo que supondría un problema para la economía nacional; así se constituyó una comisión de fabricantes de la industria cerámica, con representantes de las principales empresas, incluidas La Cartuja de Sevilla y Sandeman, Macdougall y Compañía, de San Juan de Aznalfarache.
En noviembre de 1911, una comisión de fabricantes de cerámica en España fue a reunirse con el Ministro de Hacienda, para exponerle los daños que sufriría esta industria si, como estaba proyectado, se redujesen los aranceles a la importación de estos productos desde el extranjero. Asistieron a esta entrevista representantes de los consejos de administración y dirección de las fábricas de Oviedo, Madrid, Barcelona, Segovia, Gijón y de las sevillanas La Cartuja, y San Juan de Aznalfarache, concretamente, Charles Macdougall y Gilbert Pitcairn Gibson.
Durante los casi 30 años de la etapa de más prosperidad de la factoría sanjuanera (1890-1919), las pastas se hacían mucho más blancas y puras que en los tiempos precedentes y, además, se cubrían con un barniz que, raramente, se cuarteaba, resultando así el producto de una extraordinaria finura y calidad. Las vajillas reflejaban nuevos modelos formales y se decoraban con relieves que reforzaban la plasticidad de las decoraciones a las que, a veces, servían de base. Estos relieves distinguirían la producción de San Juan, con respecto a la de Pickman.
En distintos análisis sobre la historia de la cerámica en España, se concluye que La Cartuja es la más potente y grande para la producción en la Península, mientras que la de San Juan tiene una mayor calidad en el acabado. Otra diferencia entre estas dos fábricas se hace notable en enero de 1920, por las protestas de los trabajadores de La Cartuja, quienes convocan una huelga para reclamar que su empresa iguale los salarios con sus compañeros y vecinos de San Juan, que perciben alrededor de un 30% más de sueldo.
En 1934, para la fábrica sanjuanera, van apareciendo los problemas con el suministro de carbón desde Polonia (combustible esencial para los grandes hornos de cocción que, en su mayoría, provenía del país europeo, por su calidad calórica y pureza), pues las leyes exigían que se consumiera carbón nacional. Durante este año y como queda registrado en “Gaceta de Madrid”, del 5 de enero del siguiente, se registran una serie de reclamaciones para que la fábrica sólo use un 30% del proveniente de la Península y que, al menos, un 60% pueda seguirse abasteciendo del exterior. Aparentemente, los recursos, aunque de manera indebida, parecen dar la razón a la empresa sanjuanera, pero pronto se pondrá aún más difícil la llegada del suministro de esta materia prima.
Durante muchos años, ambas industrias
hispalenses de la cerámica mantuvieron una lógica competencia y rivalidad en el
mercado interior y exterior, aunque en Marruecos y en Nueva York eran lugares
en los que La Cartuja tenía un mayor reconocimiento por su dedicación a la
producción artística. Sin embargo y a pesar de la mayor potencia de la
industria situada en la urbe sevillana y en contra de la opinión popular, no
sería La Cartuja de Sevilla quien forzara la situación que obligara al cierre
definitivo de la fabricación de productos de loza en San Juan de Aznalfarache.
Al estar ambas dirigidas por personal británico, incluso hubo épocas en las que
ambas se prestaban mutuamente las materias primas que a una de las dos se le
agotara, mientras llegaran nuevos suministros.
En 1936, se da un paralelismo solidario
aún mayor entre ambas sociedades, insistimos, rivales y competidoras en el
mismo mercado de la cerámica, donde no sólo se ayudaban sus respectivos
gestores en caso de necesidad, sino que también se apoyaban sus trabajadores y
operarios. En el mes de enero de este año, la Sociedad de obreros La Cerámica
de San Juan comunica a las organizaciones de los partidos socialista, comunista
y demás obreros y republicanos de izquierda, y a las organizaciones sindicales
de Tomares, Camas, Castilleja de la Cuesta, Mairena del Aljarafe, Palomares del
Río y Gelves que las organizaciones de la localidad han organizado, para los
días 22 y 23 dos funciones de cine en beneficio de los obreros despedidos de la
fábrica La Cartuja y, por tratarse de una obra tan humanitaria, ruegan a las
organizaciones mencionadas se apresuren a hacer pedidos de entradas en el
domicilio social de Ramón y Cajal.
En aquella función de cine que organizaron las Sociedades obreras de San Juan de Aznalfarache, a beneficio de los huelguistas de La Cartuja, se hizo un ingreso total de 317,50 pesetas, cantidad de la cual hubo que deducir 155,80, que importaron los gastos, quedando 162,10, y sumándose a esta cifra 13,15, producto de una colecta en Unión republicana de Gelves, y 24,75 de subvención de La Cerámica de San Juan, quedando, por tanto, un beneficio líquido de 200 pesetas. Los organizadores dieron las gracias a cuantos contribuyeron de alguna forma a aquel acto.
A medida que transcurría el año, la situación se iba complicando más y, en el mes de marzo, el gobernador de Sevilla hará saber a la Dirección de las fábricas de San Juan de Aznalfarache y de La Cartuja que no pueden cerrar las industrias. El ingeniero jefe de Industrias visitó al gobernador y le informó sobre los conflictos sociales planteados en las fábricas de loza de San Juan y de La Cartuja. Como resultado de la entrevista, el gobernador manifestó que, en virtud de las disposiciones vigentes, no se puede disminuir la jornada semanal de trabajo ni cerrar las industrias, sin previo informe de la mencionada Jefatura de Industrias y de la Delegación Provincial de Trabajo. En razón de lo expuesto, anunció que comunicaría a la Dirección de la fábrica de loza de San Juan el resultado de la entrevista y la necesidad que la mencionada Dirección tiene de someterse a las normas legales y a la legislación industrial.
Cuatro meses después, comenzó la terrible Guerra Civil Española, los días 17 y 18 de julio de 1936. En diciembre de 1936, se les permitió llevar a la práctica un acuerdo a las dos fábricas sevillanas, La Cartuja y La Cerámica de San Juan, sobre precios y descuentos a comerciantes y las ventas crecieron también por el hecho de que eran las únicas fábricas de loza que abastecían la zona «nacional», y ese acuerdo es el único que consta por escrito como la cooperación entre las dos empresas. Al ser la ciudad de Sevilla la primera gran capital peninsular en caer bajo el control de los sublevados y extenderse el conflicto hacia otros lugares de la nación, durante los años de la contienda (1936-1939), las fábricas de San Juan y La Cartuja mantuvieron una estrecha colaboración en el control del mercado de la loza en España.
En 1948, se intenta la venta de la fábrica sanjuanera a un consorcio de industrias del sector, entre las que se encuentra la propia rival y vecina, La Cartuja, junto con la de San Claudio de Oviedo y otras empresas. Curiosamente, en aquel año, la de San Juan de Aznalfarache era aún la tercera fábrica de España, en cuanto a su potencialidad de producción, tras las dos otras mencionadas. Así, su compra supondría potenciar a las dos más importantes del sector y monopolizarlo. Sin embargo, La Cartuja se desmarcó de la compra final de la industria sanjuanera.
En diciembre de 1953 se plantea el cierre definitivo de las instalaciones para la producción cerámica y el cierre definitivo de la Cerámica de San Juan S. A. ocurrió en el año 1954: parte de su personal y de su maquinaria pasaron a La Cartuja y a San Claudio, que se repartieron moldes y planchas de estampación.
Para mayor información sobre la historia de la fábrica de loza y conocer la bibliografía para realizar estos artículos, haga clic en el siguiente enlace:
Bibliografía y fuentes específicas de este
artículo:
-ARENAS POSADAS, C. (2007): “La Cartuja de
Pickman: primera fábrica de cerámica artística y loza de España, 1899-1936”, en
“Revista de Historia Industrial” (Nº. 33, año XVI). Barcelona, Universidad de
Barcelona.
-lacartujadesevilla.com/content/59-la-fabrica-de-ceramica
museosdeandalucia.es/web/museodeartesycostumbrespopularesdesevilla/antecedentes
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