Gilbert “Gilberto” Pitcairn Gibson, y su hijo Gibert “Gilberto” Pitcairn Saunders, fueron directores de la fábrica de loza e incluso presidentes del consejo de administración. Durante el mandato del primero se desarrollaron los años de mayor apogeo de la gran industria cerámica en San Juan de Aznalfarache; el segundo es clave para explicar qué pasó con los materiales de la empresa a su cierre. Ambos tuvieron su vivienda en la fábrica y, por tanto, fueron vecinos de nuestra localidad y por eso merecen un mayor conocimiento dentro de la historia de esta industria que estuvo afincada en San Juan de Aznalfarache.
Según narra la mejor crónica histórica de la fábrica de loza sanjuanera y, mientras no haya otro dato que demuestre lo contrario, en 1907, llega Gilbert Pitcairn Gibson a Sevilla. Nacido en Lanarkshire (Escocia, Reino Unido), el 4 de noviembre de 1875; y fallecido, también en aquel país, en 1952, tenía enormes conocimientos técnicos de la industria de la loza, a pesar de tener tan sólo 31 años, cuando comenzó a trabajar en nuestro pueblo, por lo que debía ser una persona muy inteligente y habilidosa, incorporándose de inmediato a la empresa, sustituyendo, en la dirección técnica, a uno de los socios propietarios, también inglés, Ernest Albert Sandeman.
Antes de seguir con todo lo que supuso don Gilberto para la fábrica, queremos señalar que su hijo, Gilbert Pitcairn Saunders, hijo de Alice, nació el 27 de noviembre de 1908, en Tunstall (Stafford, Inglaterra), por lo que hay que suponer que su madre, la esposa de Gilbert Pitcairn Gibson, residía aún en las Islas Británicas o habría vuelto a su tierra, fuese por el alumbramiento u otra cuestión.
Desde la llegada de Gilbert Pitcairn Gibson, a la industria cerámica sanjuanera, impone una férrea disciplina en la organización productiva de la empresa y un riguroso control de calidad, que posicionan a esta firma cerámica como una de las más reputadas del país. Se corresponde la dirección de Pitcairn (concretamente, entre los años 1907 y 1936), con la etapa más brillante, en cuanto a negocio, durante las casi tres décadas que se mantuvo, ininterrumpidamente, al frente de la dirección. El nombre de San Juan de Aznalfarache se asoció así con unos productos de un lujo exquisito y de gran calidad, ya que los artículos de loza decorativa sólo estaban al alcance de las familias más pudientes (para la clase media era un elemento casi inexistente).
En noviembre de 1911, el mando de Pitcairn, sobre la dirección, la administración y la gestión de la fábrica de loza, debía ser tan imprescindible que fue a Madrid, con uno de los propietarios, Charles Macdougall, para representar a esta empresa en una comisión de fabricantes de cerámica en España, que fueron a reunirse con el Ministro de Hacienda, para exponerle los daños que sufriría esta industria si, como estaba proyectado, se redujesen los aranceles a la importación de estos productos desde el extranjero. Ya en 1906, se dictó el nuevo impuesto vigente entonces y ocasionó graves perjuicios. Asistieron también a esta entrevista representantes de los consejos de administración y dirección de las fábricas de Oviedo, Madrid, Barcelona, Segovia, Gijón y la hispalense La Cartuja.
El 28 de agosto 1919 se constituyó el nuevo modelo de empresa, denominada La Cerámica de San Juan, con la fórmula de sociedad anónima y un capital inicial de 240.000 pesetas, dividida en tres partes que suman un total de 480 acciones, repartidas equitativamente entre las hijas del antiguo propietario Buck (Dorothy y Violet); Charles Alexander, hijo de John Samson Macdougall, quien será el gerente de la nueva firma; y la familia Wallace, que sustituye a Sandeman. Poco después, se decide hacer una ampliación de capital, para actualizar las instalaciones y mantener el nivel de competitividad en el mercado nacional, manteniéndose a Gilbert Pitcairn Gibson como director técnico, tal y como venía haciendo en la compañía anterior.
Está claro que Pitcairn creía en el potencial de esta fábrica sanjuanera y estaba plenamente involucrado e identificado con la misma. A pesar de los cambios en la gestión de la propiedad, se mantuvo e incluso acabó comprando acciones para ser parte de los socios.
Unos años más tarde, Pitcairn adquiere un mayor control sobre la fábrica, cuando Charles Alexander Macdougall le traspasa sus acciones; se convierte en accionista y llega a ser presidente del consejo de administración. Tanto se nota su influencia dentro de la empresa que, a finales de los años 20, entrarán a formar parte de la compañía algunos familiares de Pitcairn que, eso sí, contaban con experiencias previas profesionales en este sector. Los amplios poderes ejecutivos del escocés en la nueva etapa aportan la continuidad de la trayectoria exitosa de la factoría, avalando el nivel de calidad de sus productos.
A finales de junio de 1925, fallece la que creemos que es la segunda esposa de Gilbert Pitcairn Gibson: la española Dª. Rosario Estrada Navarro; sus restos son sepultados en el cementerio inglés de Sevilla. Y aun habiéndose enterrado en el camposanto anglosajón, el periódico “El Liberal” comunicó que, el martes día 7 de julio, a las nueve de la mañana, se celebraría un solemne funeral por el eterno descanso de la difunta esposa del director de la Cerámica de San Juan S. A., en la Capilla de Nuestra Señora del Rosario, templo católico en la Calle Real, a escasos metros de las instalaciones de la fábrica. El duelo recibiría y despediría en la referida iglesia. Hay que analizar, en el hecho del lugar y de la hora escogidas para la misa funeral, la facilidad que se otorgaba a los trabajadores de la empresa, para expresar su pésame, en un templo tan cercano a la fábrica (la Capilla del Rosario), probablemente antes de la hora de entrar a trabajar (09:00 de la mañana).
El siguiente dato es muy curioso, por el nombre y primer apellido de la prometida que, en septiembre del año siguiente, desposaría Pitcairn, también en San Juan de Aznalfarache: otra española, Rosario Estrada Borrero, aparentemente, familiar de la anterior, probablemente, prima.
En el año 1920, la sociedad de operarios de la fábrica de loza mandó un texto al periódico “El Sol”, reconociendo los méritos de su directiva al recompensar a los obreros; esto lo confirmaría la queja de los trabajadores de La Cartuja que querían sueldos iguales a los de sus compañeros en San Juan de Aznalfarache. Tampoco han quedado registradas huelgas del personal en los últimos años. Además de estas circunstancias, en algunos artículos de prensa, se manifiesta, como otro motivo para este homenaje, que el director llevaba ya más de 20 años al frente de la fábrica (los medios indican “30 años”, lo cual nos parece imposible, pues a finales del siglo XX, ocuparon el puesto Gilbert Paillet, que marchó a La Cartuja; y Francisco Gómez, quien le sucedió).
Con razones así, y vista que la ley de la
época registraba la posibilidad de condecorar a los directivos que así lo
mereciesen, a propuesta de sus empresas y refrendo de la Corporación municipal
respectiva, no se hace extraño que, a pesar de su carácter fuerte, Gilbert
Pitcairn Gibson recibiera la Medalla del Trabajo, cuya distinción era sufragada
por los propios empleados, siendo el material de plata de segunda categoría
(según la propia ley). La propuesta apareció aprobada en “Gaceta de Madrid”, el
22 de enero de 1929.
El encargado de imponer la medalla fue el dictador, general y presidente del Gobierno, Miguel Primo de Rivera y Orbaneja quien, antes de su discurso, recorrió todas las instalaciones de la fábrica. Al concluir la visita, pasaron todos a un salón de las instalaciones y el jurista hispalense Adolfo Rodríguez Jurado, en nombre del consejo de administración, dirigió a los presentes un discurso en el que la Medalla del Trabajo a Pitcairn representaba una recompensa merecida por su perseverante labor, añadiendo todo el tiempo que llevaba en la factoría, en la que comenzó como un modesto empleado. El homenajeado respondió agradeciendo por el honor que se le dispensaba y se disculpaba por no poder expresarse mejor en español, pero sí quería transmitir su amor y afecto a todos los que le honraban con la distinción de esta condecoración. Tras las palabras del dictador para cerrar el acto e imponer la medalla a Pitcairn, en la propia fábrica, se sirvió un aperitivo a las autoridades al que asistieron también los empleados. El patio de la fábrica se encontraba adornado con banderas y gallardetes.
Aunque cuando se le impone la Medalla al Trabajo, en 1929, se comenta que lleva ya 30 años en la misma y que trabajó en ella, comenzando como un operario más, las crónicas históricas de la fábrica, señalan que se incorporó en 1907, que le hicieron venir desde el Reino Unido por su prestigio y para dirigirla. Nos acogemos a estas perspectivas más relevantes para su persona. Esta teoría de que el escocés comenzó en San Juan de Aznalfarache en 1907, la contrasta la información, según la cual, en 1900, el administrador general de la fábrica es el español Francisco Gómez. Otra prueba que podría contrastar la llegada de Pitcairn en estas fechas es que su esposa tuvo a su hijo, en 1908, en el Reino Unido, salvo que estuviera allí de visita para su alumbramiento.
Lucía Velilla Antuñano, una de las hijas de Carlos Velilla Delgado, fundador y propietario de la fábrica de loza de San Claudio, en Asturias, se casó con Gilbert Pitcairn Saunders, el hijo de Gilbert Pitcairn Gibson, en la Iglesia de la Santa Cruz, en Madrid (un claro punto intermedio entre Sevilla y Oviedo), en el año 1933; este claro nexo, entre industrias del mismo tipo de producción, le llegaría a hacer pasar de director de la fábrica de cerámica San Juan de Aznalfarache a la de San Claudio de Oviedo.
Para la industria local, la primera consecuencia del estallido de la Guerra Civil Española fue que Gilbert Pitcairn Gibson, hombre de una rectitud inflexible para la inestabilidad social existente, abandonó la dirección de la fábrica, huyendo a su país de origen, temiendo por su vida. Sin embargo, tendemos a pensar que no estaría tan mal considerado el trabajo que realizó en los anteriores años, ni su familia, cuando fue su propio hijo quien le sustituyó: Gilbert Pitcairn Saunders (Turnstall, Stafford, Reino Unido, 1908 – Zalamea, 1981), también formado en la misma profesión, pero con un carácter más afable, menos autoritario que su progenitor. Fue otro competente gestor y técnico, que hizo lo que pudo para seguir adelante con la empresa, pero las circunstancias se fueron poniendo cada vez más en contra.
Tanto el padre como el hijo, y según los testimonios recogidos por D. Antonio Ruiz Palacios, en su libro de la historia local “Cuando sopla el viento”, fueron vecinos de San Juan de Aznalfarache, residiendo en la torre mirador de la antigua hacienda de San Juan Bautista, desde la cual, en el lado norte, se contemplaba un patio privado, con palmeras y enredaderas, en el que jugaban, cada tarde, sus hijas Alicia y Elisabeth. Además, Gilbert Pitcairn Saunders tendría dos hijos más, llamados William Charles Gilbert y Margarita Inmaculada Francisca.
A finales de la década de los 40, la empresa afincada en San Juan había aumentado notablemente su capital inicial, triplicando el número de acciones hasta 1500: 700 correspondían a las Buck; 350, a los Wallace; y otras 350, al joven Pitcairn, que ejercía de presidente.
En julio de 1949, la fábrica San Claudio de Oviedo se hace con la mitad de las acciones de la empresa e intenta reflotar su actividad comercial. Los esfuerzos del Banco Español de Crédito (BANESTO), que ayudaba financieramente a la compañía ovetense San Claudio, junto a los del técnico inglés Mr. Heat, para solucionar los problemas de las pastas, no obtienen los resultados esperados. Fruto de estas operaciones renovadoras, para poner de nuevo en marcha a la factoría sanjuanera, puede ser el último catálogo conocido, publicado en el año 1951. Es probable que hasta este año permaneciera Gilbert Pitcairn Saunders en la fábrica de San Juan y que entonces, como consta en algunos relatos de la industria ovetense, pasara a trabajar en la industria norteña. Entre 1956 y 1963, en la fábrica San Claudio de Oviedo se le considera como adscrito a la Sección Técnica de Fabricación.
Hoy en día, la mayor colección de piezas de aquella fábrica loza de San Juan de Aznalfarache se encuentra en el Museo de Bellas Artes de Asturias, en Oviedo, claramente por la intervención de Gilbert Pitcairn Saunders, cambiando su trabajo de gestión de Andalucía a Asturias.
Para conocer la historia completa de la fábrica de loza de San Juan de Aznalfarache y la bibliografía, haga clic sobre el siguiente enlace:
NOTA DE LA ADMINISTRACIÓN DEL BLOG: Como todos los textos, este artículo podrá ser modificado si se encuentran nuevos datos.

No hay comentarios:
Publicar un comentario