Tiene San Juan un balcón
para mirar a Sevilla,
con su baranda de olivos
y sus floreros de pitas.
Al balcón está asomada,
noche y día,
una antigua dama, envuelta
en su túnica amarilla.
¡Qué profundos son los ojos
negros de la vieja ermita!
Desde el alto barandal,
en la noche, se divisan
dos cielos; y el de la tierra
con más resplandores brilla.
Camino de Santiago
es la esplendorosa cinta
del río que, cimbreante,
se pierde en la lejanía.
En los campos de San Juan
no caben más estrellitas.
Alfareras de ojos negros,
aceituneras bonitas,
subid en las noches claras,
al cerro de la capilla,
¡engarzaréis las estrellas
del campo con las de arriba!
Con su baranda de olivos
y sus floreros de pitas,
tiene San Juan un balcón
para mirar a Sevilla.
NOTAS ACLARATORIAS:
-Tanto con la palabra “ermita”, como “capilla”,
este poema se refiere a la iglesia sobre el cerro (la Parroquia de los Sagrados
Corazones) que, en ese año 1929, en el que se recoge este poema, deja de ser
templo parroquial de la localidad de San Juan de Aznalfarache, para que lo sea
el que se inaugura por ese año, entre el Barrio Bajo y el Barrio Alto, la
actual Parroquia de San Juan Bautista.
-Ciertamente, entonces, el río
Guadalquivir era “cimbreante”, con la curva de Tablada que, antes de llegar al
término municipal de San Juan de Aznalfarache, lo hacía que girara desde el
este, en dirección sur, donde, después de Gelves, volvía a formar una gran
curva hacia Coria del Río.
Fuente:
RODRÍGUEZ MATEO, J. (1929): “Cancionero de
la ribera”. Sevilla, Tipografía Moderna.
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