Juan Mancilla maestro en San Juan de Aznalfarache 1886

Recreación de aula del siglo XIX, creada con inteligencia artificial.

En “El Magisterio Español, periódico de instrucción pública, órgano general de los establecimientos de enseñanza, defensor de los intereses y derechos de los catedráticos y maestros”, con fecha 25 de marzo de 1886, aparece escrito:

Sevilla.- En la sesión celebrada por la Junta Provincial de Instrucción Púnica, el día 18 del corriente, se acordó:

Proponer, por concurso libre, para la sustitución de la Escuela de niños de San Juan de Aznalfarache, a D. Juan Mancilla y Heredia.

Aclarar que, al ser una sustitución, evidentemente, ya hubo otros maestros anteriormente en San Juan de Aznalfarache, que ejercían la labor de instrucción de niños, por un lado, y de las niñas, por otro lado, en los locales respectivos en que impartiesen la formación.

En la publicación “El Magisterio Español”, de 20 de abril de 1886, y como ya hemos transmitido en los dos primeros artículos previos sobre la enseñanza en San Juan de Aznalfarache, el sueldo del maestro titular, tanto para la escuela de niños, como para la escuela de niñas, era de 625 pesetas, según el Boletín Oficial de Sevilla, del 16 de abril.

La escuela de niñas en San Juan de Aznalfarache 1884

La escuela de niñas tenía la plaza de maestra vacante, en San Juan de Aznalfarache, con fecha 25 de octubre de 1884, y se había de proveer, con arreglo a las disposiciones vigentes, con sueldo, casa y retribuciones o equivalentes. Estos datos aparecen en “El Magisterio Español, periódico de instrucción pública, órgano general de los establecimientos de enseñanza, defensor de los intereses y derechos de los catedráticos y maestros”.

Para esta escuela de niñas de San Juan de Aznalfarache se establece un sueldo de 625 pesetas. Y esta comunicación proviene del Boletín Oficial de Sevilla, de 21 de octubre.

Este sueldo es digno de analizar, porque si para la sustitución, comunicada unos meses antes, en la escuela de niños, se remuneraba con 312 pesetas con 50 céntimos, quiere decir que se cobraba la mitad del titular, por lo que, tanto en la plaza de la escuela de niños, como en la escuela de niñas, se percibía la misma cantidad.

Igualmente que lo indicamos para la escuela de niños, sin tener pruebas, podemos suponer que aquel primer local, para la enseñanza reglada de la época en San Juan de Aznalfarache, tuvo que estar situado en el Barrio Bajo, por ser la zona urbana y habitada existente a finales del siglo XIX.

La enseñanza reglada en San Juan de Aznalfarache 1884

La primera noticia que encontramos sobre la enseñanza formal o reglada, en San Juan de Aznalfarache, nos remite al 25 de enero de 1884, en la publicación “El Magisterio Español, periódico de instrucción pública del órgano general de los establecimientos de enseñanza, defensor de los intereses y derechos de los catedráticos y maestros” (con edición en Madrid).

En la sección de escuelas vacantes y, en el apartado de la provincia de Sevilla, explicitando que se han de proveer con arreglo a las disposiciones vigentes, los sueldos marcados, que tienen casa y retribuciones o sus equivalentes, se indica que, por traslación de concurso, para una sustitución en la escuela de niños, se ofrece una plaza remunerada con 312 pesetas y 50 céntimos. Además, este aviso remite al Boletín Oficial de Sevilla del 20 de enero.

El día 27, en el “Diario de Córdoba, de comercio, industria, administración, noticias y avisos”, se comunica que “por concurso, se va a proveer, en Sevilla, la escuela de niños de San Juan de Aznalfarache, con 312 pesetas y 60 céntimos” (la subida de 10 céntimos, con respecto a la noticia original, hay que suponer que es una errata).

Sin tener pruebas, podemos suponer que aquel primer local, para la enseñanza reglada de la época en San Juan de Aznalfarache, tuvo que estar situado en el Barrio Bajo, por ser la zona urbana y habitada existente a finales del siglo XIX.

NOTA: creado el 21 de septiembre de 2024, este artículo ha sido modificado en enero de 2026, al encontrar noticias anteriores sobre la enseñanza en nuestra localidad. Para saber más, puede consultar en la etiqueta "Enseñanza en San Juan de Aznalfarache".

Obra musical Una zambra en Alfarache 1852

NOTA: El día 17 de marzo de 2026 (este texto fue escrito el 20 de septiembre de 2024), encontramos un artículo en "Heraldo de Zamora", de 24 de octubre de 1908, que indica que los Reyes de España visitaron la finca de Alfarache, en Barcelona, a la cual debe referirse este artículo. Tenemos así claro que no se refiere a esta localidad sevillana, aunque el nombre "Alfarache", sí mantiene la vinculación con nuestra localidad, ya sea por ella misma o por la obra de Mateo Alemán.

José Anselmo Clavé Camps. Barcelona, 21.IV.1824 – 24.II.1874. Músico, poeta y político republicano.

Músico célebre por fundar las primeras sociedades corales populares en España. No consta en sus biografías que visitara Andalucía, pero recordamos que Alfarache es nombre previo al de San Juan de Aznalfarache.

Escribió la obra musical: “Una zambra en Alfarache”, un brindis andaluz coreado. Fue compuesto en abril de 1852 y representado por tres voces masculinas, una voz con coros o una coral.

De inmenso júbilo

la embriaguez

acentos báquicos

lance doquier.

El seco estómago

bañe el jerez

o alivie el málaga,

la ardiente sed.

Del dulce mosto,

los jarros llenos,

goces amenos

nos brindan ya.

Y a camelaros,

linda gachonas,

ahí van personas

de caliá.

Sea entre cantos

y eterna risa

nuestra divisa:

¡vino y amor!

Viva la zambra,

pesares fuera

y er que se muera

vaya con Dios.

Menos cháchara,

menos cháchara

y más jarros,

o con un pas de guijarros

hago trizas to el ajar.

Bien jablao,

bien jablao.

¡Venga vino,

venga vino!

Y endosa aquí un brindi

indino con tu jabla

amártela.

¡Si estoy ronco!

¡Si estoy ronco!

¡Bebe un sorbo!

¡Bebe un sorbo!,

y se najará el estorbo

de tu garganta arrastrá.

Sandungueros, sandungueros,

macarenos flor y nata

der sundache que de zambra,

que de zambra, en Alfarache,

derrochamos to er parné.

Sonso niche y celebrando

las palabras de ese mozo,

apuremos, sin reboso,

sendos vasos de jerez.

Por las muchachas,

de ardientes chisos,

cuyos hechizos

jacen tilín.

Sí, nenas dulces,

de tez morena,

que, almas en pena,

llevan tras de sí.

Bebamos curros

que, ante los vasos,

se dan abrazos

Baco y amor.

A naide apure

la pena negra

que el alma alegra

dulce el licor.

Sea entre cantos

y eterna risa

nuestra divisa:

¡vino y amor!

Viva la zambra,

pesares fuera

y er que se muera

vaya con Dios.

Algunos lugares y fechas en las que nos consta que fue representada esta obra:

-Sábado 12 de marzo de 1853, en el Teatro del Odeón (Barcelona), composición de don José Anselmo Clavé, que la desempeña acompañado de un cuerpo de coros y a cuya pieza se intercalará el baile compuesto también por él mismo: “La perla de Sanlúcar”.

-Sábado, 9 de junio de 1855, en el Teatro del Odeón (Barcelona), será el fin de la función extraordinaria y benéfica, con el brindis de la introducción del juguete lírico andaluz, en el que el autor del mismo ejerce la difícil parte de Currillo.

Otras representaciones tras la muerte de su autor:

-Domingo, 30 de abril de 1874, en el Teatro del Odeón (Barcelona), la sociedad coral canta el brindis andaluz.

-Sábado, 10 de noviembre de 1894, en Gran Teatro de Payret, en La Habana, por el coro catalán El Gavilán.

La partitura manuscrita, adaptada para las voces de tres hombres, se encuentra en la Biblioteca de Cataluña, dentro de la colección Josep Anselm Clavé y fue realizada con fecha 1 de septiembre de 1897.

Bibliografía:

CANADELL I RUSIÑOL, R. (2012): Tesis doctoral “José Anselmo Clavé y la escritura: obra poética y periodismo cultural” (ediciones, índices y estudios, volumen II). Barcelona, Universidad de Barcelona.

Publicaciones:

“Diario de Barcelona, de avisos y noticias”, 12 de marzo de 1853.

“Diario de Barcelona, de avisos y noticias”, 9 de junio de 1855.

“Eco de Euterpe, periódico recreativo”, 13 de junio de 1869.

“Diario de Barcelona, de avisos y noticias”, 29 de abril de 1874.

“Eco de Euterpe, periódico recreativo”, 24 de septiembre de 1874.

“Boletín del Ateneo Barcelonés”, Nº. 9, de julio, agosto y septiembre de 1881.

“La Campana de Gracia”, 24 de noviembre de 1888.

“Diario de la Marina”, 8 de noviembre de 1894.

Colección Josep Anselm Clavé, en la sección de inventarios de Música de la Biblioteca de Cataluña, febrero de 2006.

Una historia muy de Halloween en San Juan de Aznalfarache, escrita en 1868

Manuel Fernández y González. Sevilla, 6.XII.1821 – Madrid, 6.XII.1888. Poeta, novelista por entregas, dramaturgo y periodista.

Encontramos en su novela “Crónicas romancescas de España: Don Miguel de Mañara. Memorias del tiempo de Carlos V”.

[…] En el capítulo VIII, tras una sangrienta venganza, D. Miguel de Mañara, huye en góndola de Sevilla, con sus bravos remeros y el doctor Juan…

-¡A San Juan de Aznalfarache!, dijo el doctor Juan, mientras Don Miguel aparecía reclinado y trasfigurado por la terrible situación en que se encontraba. ¡A San Juan de Aznalfarache! Allí hay hermosas gitanas que embriagan con su canto; allí hay ricos vinos y exquisitos manjares; a la hostería del Ciervo de Oro. El amor, el vino, la orgía… Esa es la vida de la juventud.

-¡Y la sangre y las lágrimas!, exclamó Mañara.

-¡Sí, bebed, gozad, matad y aterrad! ¡Eso es ser Dios!, dijo el doctor Juan.

-¡Dios! ¡Dios!, dijo blasfemando Don Miguel. Dios es una mentira, no hay más dios que la fatalidad.

Y calló, y la góndola continuó bogando hacia San Juan de Aznalfarache.

Y el doctor Juan encarnizaba su sombría mirada de triunfo en Don Miguel:

-¡Ah!, exclamó, ya no puede perdonarte Dios, ya eres mío.

Capítulo IX: De la orgía al horror.

Y hubo algunas horas de vergonzosa orgía en San Juan de Aznalfarache.

-¡Oh, sí, sí! Exclamaba fatigado Don Miguel, ebrio de vino y de placeres, rodeado de hermosísimas y descompuestas gitanas, tan ebrias como él, y de gitanos miserables, que le lisonjeaban. Y por cada lisonja, le sacaban un puñado de oro. ¡Sí, esta es la vida, hermosura, vino, placer, sangre!

Se acercaba la medianoche.

Un hastío terrible empezaba a invadir a Don Miguel.

-Idos, dijo de repente, me fatigáis.

Todas aquellas rameras, todos aquellos rufianes de piel cobriza y de trajes abigarrados, salieron llevándose todo el oro y todas las joyas con que Don Miguel de Mañara había entrado en la hostería del Ciervo de Oro.

Don Miguel y el doctor Juan se quedaron solos.

En aquel momento, se oyeron graves, sonoras, lejanas, las campanadas de las doce.

-¡He aquí la hora de las apariciones!, dijo el doctor Juan, la hora en que los muertos en pena se levantan de sus tumbas.

Y apenas había dicho el doctor Juan estas palabras, cuando Don Miguel de Mañara volvió, con sobresalto, la cabeza hacia la puerta del fondo del salón en que se encontraban.

Aquella puerta había rechinado.

Se había abierto…

En ella había aparecido una forma hermosísima, alta, esbelta, gentil, encantadora, pero envuelta en una especie de atmósfera sombría.

El doctor Juan había desaparecido.

La sombra, que permanecía inmóvil en la puerta, estaba vestida de blanco.

Las luces, que habían iluminado vivamente la orgía, se habían amortiguado a la presencia de aquella sombra. Y arrancaban de las joyas que, aquella sombra traía sobre los cabellos, en la garganta, en los brazos y en el talle, con opacos fulgores rojos.

Emanaba de aquella sombra un prestigio irresistible.

Y las luces continuaban amortiguándose, hasta que solo quedó una luz opaca, una luz extraña, que no alumbraba, más propiamente dicho.

Mañara se sentía atraído hacia aquella sombra, que parecía como atraída por él porque, a medida que Don Miguel se adelantaba hacia ella, ella se adelantaba hacia Don Miguel.

Al fin se tocaron.

La que a Don Miguel había parecido una sombra, era un ser vivo y ardiente. Era Estrella, la diosa. Vestía un traje de riquísima tela blanca, superior a la cachemira.

Ceñía su redondo talle, su talle incomparable, un cordón de oro y rubíes, de gruesos y brillantes rubíes, semejantes a los del collar que, en triples y amplias vueltas, hacía resaltar la nítida blancura de su garganta y del nacimiento de su seno.

De encendidos rubíes era la diadema que ceñía sus cabellos, que se prolongaban en gruesas y negras trenzas, a lo largo y por delante de su cuerpo; y los brazaletes de sus admirables brazos, desnudos hasta el hombro.

Un joyel de los mismos ardientes rubíes, sobre cada uno de sus hombros mórbidos, prendía de cada uno de ellos la blanca vestidura.

Estrella aparecía hermosa e incitante, de una manera sobrenatural.

Devoraba, con la hambrienta mirada de sus enormes, hermosísimos y lucientes ojos a negros a Don Miguel.

-¡Te amo!, le dijo Estrella, resumiendo en aquellas palabras, en su mirada, en su alentar, en su actitud, en la dulce presión de sus manos sobre las de Don Miguel, todo un poema. Sígueme.

Don Miguel, más dominado que conmovido, porque para él había pasado el prestigio de Estrella, se dejó conducir.

Ni una sola persona se encontraron en el interior de la hostería. La puerta estaba franca. Ni una sola persona se encontraron en las dos calles que recorrieron hasta llegar al Guadalquivir.

Hacía luna y el cielo estaba despejado, pero el azul del cielo era impuro; lívida y opaca la luz de la luna.

Al pie del muelle adonde habían llegado, estaba atracada la góndola de Don Miguel. Estrella, conduciéndole siempre, entró con él en la góndola; esta se separó del muelle. Los remeros, los bravos de Don Miguel, bogaban en silencio.

Estrella se reclinó sobre los almohadones, indolente y lánguida. Atrajo a Don Miguel, le rodeó con sus brazos, le retuvo y le besó, gimiendo en la boca. Don Miguel sintió correr hielo por sus venas. Luego le envolvió un sonambulismo pesado, sombrío.

El cielo, el reflejo de la luna sobre la corriente, los árboles que orlaban la ribera, sus remeros, Estrella… Todo lo que le rodeaba, todo lo que tocaba, todo lo que sentía, fue tomando para él formas extrañas, sobrenaturales, fantásticas, un caos de sombras rojas, de imágenes terribles, de recuerdos fríos y apenadores, que se revolvían como un torbellino de rededor de él.

Un pavor insoportable comprimía, helaba su corazón. Y Mañara sufría toda esta pesadumbre de sensaciones insoportables, inerte, sin voluntad para lanzarla de sí, como el condenado siente, transido por el terror, la mano del verdugo. Y la góndola se deslizaba sin ruido.

[…]

Bibliografía: 

FERNÁNDEZ Y GONZÁLEZ, M. (1868): “Crónicas romancescas de España: Don Miguel de Mañara. Memorias del tiempo de Carlos V”. París, Librería de Rosa y Bouret.

Publicación “La Paz de Murcia, diario monárquico constitucional”, 13 y 14 de marzo de 1877.

Mención del poeta Gabriel García Tassara a San Juan de Aznalfarache

García Tassara, Gabriel. Sevilla, 19.XII.1817 – Madrid, 14.II.1875. Poeta, periodista, político y diplomático.

La siguiente estrofa aparece en el artículo titulado “Nota sobre García Tassara”, de José María Castro Calvo, en el periódico “El Noticiero Universal, diario de la tarde”, con fecha 6 de abril de 1971:

“Zambra, silencio, calma,

su blanca luna Aznalfarache al lejos

y el aura que recorre las colinas.

Amor, misterio, inspiración”.

La poetisa Amparo López del Baño residió en San Juan de Aznalfarache

Retrato de Amparo López del Baño y Alfaya.

Amparo López del Baño y Alfaya.

Sevillana, nacida en 1827, con padres nobles, ricos e instruidos. Fue muy estudiosa y se formó en materias como Filosofía, Ciencias Sociales, Matemáticas, Astronomía, Historia, Medicina y dominó varios idiomas. También dibujaba y pintaba. Tuvo una educación brillante y fue amiga de Martínez de la Rosa, Quintana, Espronceda, Zorrilla, Ayala, Alarcón… Viajó por Europa, para mitigar la muerte de su amado. Después, se retiraría la finca familiar de San Juan de Aznalfarache, la Hacienda Vistahermosa, dedicándose a escribir, hasta su muerte, en 1891.

La historiadora María del Carmen Simón Palmer situaba en nuestro pueblo su fallecimiento. Quizá ya vivió aquí en un tiempo anterior, antes de sus viajes, pues en sus poemas recuerda felices etapas anteriores de su vida en este espacio.

Publicó varios poemas en la prensa de la época y los que quiso dar a conocer fueron editados póstumamente, porque sabía que no serían valorados en vida. Su trabajo dio para 50 volúmenes, pero sólo se conocen los que ella seleccionó; el resto, es decir, la inmensa mayoría se dieron por perdidos.

En el documento “Comunicación del Gobierno de la Provincia de Sevilla al presidente de la Comisión de Monumentos Históricos y Artísticos de la Provincia de Sevilla, de marzo de 1867”, se informa sobre el lamentable estado que presentaba el lienzo (sección de la muralla almohade), localizado en los terrenos de Amparo López del Baño, según se indica, “por la extracción de materiales, por el encargado de dicha señora, para las obras del río”.

En el periódico “El Luchador, diario republicano”, de 12 de octubre de 1920, se menciona que doña Amparo López del Baño poseía viviendas en Madrid y Sevilla, además de la finca de recreo en San Juan de Aznalfarache. El nombre de esta posesión familiar queda recogido en uno de sus poemas, que lleva el mismo nombre de la mencionada finca:

“Vista-Hermosa, Vista-Hermosa,

antigua y modesta casa,

en que corrieron los años

de mi soñadora infancia;

y a la que buscando ansioso

olvido, descanso y calma.

He vuelto, a morir acaso,

tras ausencia triste y larga”.

También hay otra versión de este poema a la finca, repitiendo la primera estrofa:

“Vista-Hermosa, Vista-Hermosa,

antigua y modesta casa,

en que corrieron los años

de mi soñadora infancia.

No, no hay palacio en el mundo

por el que yo te cambiara;

tan hermosa me pareces,

tan dulces recuerdos guardas,

dulces recuerdos, memorias

que, por doquier, me acompañan,

que en los pueblos más distantes,

en las tierras más lejanas,

han brillado como un faro,

en la revuelta borrasca,

ante los ojos velados,

tantas veces por mis lágrimas.

Y que me han vuelto a traer,

tras ausencia dilatada,

tras largos años de anhelo,

de trabajos y desgracias,

de luchas y de dolores,

a soñar como soñaba,

al despertar a la vida,

cuando ya voy a dejarla”.

Cabe reseñar también que una de las mujeres que más ha hecho por sacar del olvido a esta poetisa, fue la también estudiosa investigadora Amantina Cobos de Villalobos, quien también mostró su preocupación por la historia de nuestra localidad.

Bibliografía:

CARMONA GONZÁLEZ, A. (1999): “Escritoras andaluzas en la prensa del Andalucía del siglo XIX”. Cádiz, Servicio de Publicaciones de la Universidad de Cádiz.

COBOS DE VILLALOBOS, A. (1917): “Mujeres célebres sevillanas”. Sevilla, Imprenta de F. Díaz y Compañía.

DÍAZ GUERRA, A. (2012): Tesis doctoral “Historia del Periodismo femenino sevillano del siglo XIX y su contraste con la época actual”. Sevilla, Universidad de Sevilla”.

LÓPEZ RODRÍGUEZ, R. M. (2010): Tesis doctoral “La Comisión Provincial de Monumentos Histórico-Artísticos de Sevilla”. Sevilla, Universidad de Sevilla.

Periódico “El Luchador, diario republicano”, 12 de octubre de 1920.

SIMÓN PALMER, M.C. (1991): “Escritoras españolas del siglo XIX. Manual bio-biliográfico”. Madrid, Castalia.

SOLER ARTEAGA, M.J. (2022): “Amparo López del Baño, viaje de una poetisa”, en CARMONA BARRERA, J.D. Y TRIBIÑO GARCÍA, M.: “XII Jornadas de Historia de Almendralejo y Tierra de Barros, noviembre de 2021”. Almendralejo, Asociación Histórica de Almendralejo.

El debate sobre los concursos de belleza entre Amantina Cobos y Otto Engelhardt 1929

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